Tras 67 años, la Revolución Cubana, al menos en la forma en la que la conocemos ahora, está llegando a su fin. Contra reloj, tienen lugar contactos y negociaciones de funcionarios de Cuba y Estados Unidos para evitar el colapso total del país caribeño, el cual está a la vuelta de la esquina, porque en pocas semanas, se agotarán las existencias de petróleo, el cual es necesario para la generación de energía eléctrica, el transporte público y privado y las actividades agrícolas, comerciales e industriales de la isla. Veamos el contexto en su cruda realidad.
Desde mediados del 2024, Cuba ha sufrido apagones de luz debido a la falta de mantenimiento de sus plantas generadoras, muchas de ellas operadas con fueloil. El debilitamiento del gobierno de Nicolás Maduro redujo la llegada de petróleo venezolano subsidiado, lo cual produjo mayores cortes de energía, racionamiento en la venta de combustibles a privados y menor transporte público disponible. Inclusive, se redujo la recolección de basura en La Habana, la cual terminó tirada en las calles siendo focos de enfermedades. La caída de Maduro el pasado tres de enero y el control total de las exportaciones petroleras venezolanas por parte de Trump, cerró para Cuba el generoso grifo de petróleo venezolano subsidiado.
Al mismo tiempo, Estados Unidos presionó a México, el otro gran proveedor de petróleo, para que también cesara los envíos, que eran vendidos a precios favorables o enviados por razones humanitarias.
Donald Trump anunció que impondría aranceles al país que le vendiera petróleo a Cuba. En la sociedad de nuestro tiempo, el petróleo es la sangre negra que circula por las venas de los países y permite su funcionamiento. Ninguna nación país puede hoy subsistir sin el petróleo y sus derivados.
Citando a la firma de datos Kpler, el diario británico Financial Times aseguró que Cuba solo tendría suficiente petróleo para operar durante 15 o 20 días. Es decir, hasta el comienzo de la segunda quincena de febrero. Otros analistas lo extienden hasta principios de marzo, en ambos casos considerado un casi total cierre de las ventas de gasolina y diésel a particulares. Hoy no hay ningún barco petrolero camino de Cuba.
Por un momento, imaginémonos qué podría pasar en Cuba, o en cualquier otro país del mundo, sin luz eléctrica, sin combustible, sin capacidad de llevar los alimentos del campo a la ciudad, con la basura tirada en las calles y con todas las actividades agrícolas, comerciales e industriales detenidas por falta de combustible. La historia nos da la respuesta. El levantamiento del pueblo. Lo saben las autoridades cubanas y también Trump.
Los gobernantes cubanos aseguraron que el total estrangulamiento petrolero a Cuba equivaldría a un genocidio.
La situación, pues, es hoy económica, social y políticamente insostenible. La presidenta de México ha dicho que enviará a Cuba alimentos y ayuda humanitaria. Pero, es imposible enviar raciones de comida para cerca de diez millones de habitantes, tres tiempos al día, mientras no se resuelva la crisis.
Trump aseguró que la falta de petróleo obligaría a las autoridades cubanas a negociar con él. Por su parte, los gobernantes cubanos han dicho que están abiertos a negociar todo, menos los principios de la Revolución.
El pasado fin de semana, Trump confirmó que ya se iniciaron las conversaciones con los altos dirigentes del régimen cubano. Veremos qué pasa, agregó.
Sin confirmación, se supo que el general Alejandro Castro Espín habría mantenido en México reuniones con un alto funcionario de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para explorar una salida negociada. También habrían conversado sobre el desbloqueo de 133 millones de dólares depositados en una cuenta bancaria vinculada a las remesas de emigrantes cubanos. (Infobae, 1 de febrero de 2026)
Aunque no se ha dicho nada aún, no hay que ser un mago para saberlo, el gobierno de Trump aflojaría las clavijas solo a condición de la liberación de los presos políticos, del inicio de un proceso libertad de prensa y de poder establecer partidos políticos para una futura elección libre. ¿Cuántas de estas exigencias son incompatibles con los no negociables principios de la Revolución?
Para el gobierno cubano, el mayor problema sin duda es negociar contra reloj, teniendo al cuello la guillotina del agotamiento de fueloil para generar energía eléctrica y de la gasolina y diesel para el transporte público y privado y las actividades agrícolas, comerciales e industriales.
De una manera u otra, los resultados de estas negociaciones y el propio futuro político, económico y social de la isla, tendrá un impacto trascendental en la geopolítica regional y latinoamericana, como también lo tuvo el triunfo de la Revolución en 1959.
Este artículo solo es una voz alerta de lo que, a muy corto plazo, acontecerá el cual, de momento, tiene tres posibles escenarios de desenlace: 1) un acuerdo Trump-Díaz Canel (con o sin violación de los principios de la Revolución); 2) el agotamiento de las reservas petroleras de la isla y el consiguiente e irremediable levantamiento del pueblo con hambre que, como también nos enseña la historia, sería masacrado; 3) finalmente, continuar la negociación permitiendo Trump la llegada de un barco petrolero mexicano a Cuba para evitar la insurrección y la masacre.
Y mientras el reloj sigue su eterno tic-tac, tic-tac las reservas petroleras se siguen agotando en Cuba, tic-tac, tic-tac, y los negociadores buscan una salida aceptable para las partes, tic-tac, tic-tac. Trump negocia desde una posición de fuerza, tic-tac, pues teniendo el control del petróleo que entra a la isla tiene todo el tiempo del mundo; y los cubanos, de debilidad, siempre viendo el reloj y en la mente las imágenes de un levantamiento popular, tic-tac, tic-tac.
El desenlace, que tomará cualquier dirección, ya casi toca el portón de la casa, tic-tac, tic-tac.
Tags: CIA Donald Trump Nicolás Maduro petróleo Revolución Cubana







