No sé qué tienen los artículos de opinión de Marcos Antil, pero siempre les he huido como a un huevo shuco. No me caen mal del todo, porque algo de razón encuentro en sus palabras, pero es su romantización de la experiencia de los migrantes guatemaltecos en Estados Unidos la que no tolero. Lambiscona, chaquetera, aduladora, no sé todavía cuál es la palabra correcta o el adjetivo que mejor expresa lo que siento por sus ideas. Al menos sus textos son más propositivos que las teorías de conspiración de la experta en etiqueta y maestra de imagen pública -zapatero a tus zapatos dicen-. Traigo esta experiencia personal a colación porque ahora también me están desesperando o los consejos pretensiosos y no solicitados de los intelectuales e “intelectuales” de la derecha nacional o las apologías románticas victimizadoras de los de la izquierda chapina.
Yo lo que siento es que ustedes quieren mostrar, al igual que los demás, que saben de lo que se trata la experiencia y el papel de los migrantes en Guatemala y el mundo, pero les pela en su día a día lo que nos pase o nos deje de pasar a nosotros en los Estados Unidos, o en cualquier otro país. Ustedes no han vivido ni un día en nuestros zapatos, pero quieren controlar la narrativa de nuestras vidas en los medios nacionales. Creen que por saber que los numeritos o las grafiquitas suben o bajan tienen el derecho y la inteligencia para decirnos en que gastarnos nuestro dinero. ¿Es que acaso les debemos algo para que nos digan qué fregados hacer con nuestro dinero o sentirnos con respecto a Guatemala, al país en el que nacimos, pero del que voluntariamente nos fuimos huyendo, por la razón que fuera?
Lástima que con respecto a esta afrenta no salten con preocupación y culpa los padrecitos que escriben en Prensa Libre para recordarnos ese mandamiento tan cristiano que está en los evangelios de Mateo, Lucas y Tomás y que imagino que es un derivado del octavo mandamiento –¡No darás testimonio falso contra tu hermano! -: ¿Por qué ves la mota en el ojo de tu hermano en lugar de ver la viga en tu propio ojo? ¡Saca primero la viga de tu propio ojo para ver claramente la mota en el ojo de tu hermano! Pero ustedes no quieren vernos con claridad, lo que quieren es hablar tonterías que los hagan sentirse más inteligentes o con mayor autoridad moral o menos culpa ante sus pares en Guatemala. Ustedes quieren ganar su batalla allá, pero no he visto a nadie mover un dedo por nosotros acá.
¿Por qué digo esto? -se preguntarán ofendidos-. En parte porque no recuerdo que ninguno de ustedes estuviera directamente trabajando en ningún proyecto relacionado con la OIM en Guatemala mientras yo me encargaba de supervisar algunos de sus proyectos. Ninguno de ustedes es un político, activista o intelectual experto y activo en el tema de los migrantes. Ninguno de ustedes es un migrante y, probablemente, casi ninguno ha tenido la necesidad imperiosa de salir corriendo de Guatemala.
Hablando de política, ninguno de ustedes es parte de los consulados guatemaltecos en Estados Unidos lo cuáles ninguno tiene ¡ADVERTENCIAS!, ni noticias sobre lo que estamos viviendo en este país. Imagino que ninguno de ustedes se ha metido a la página de los consulados para ver que no solo no hay estas cosas que dije, sino que cada consulado tiene su propia página y depende de cada cónsul que tanto se interesa por nosotros o no: va desde el consulado en Los Ángeles, dónde el cónsul grabó un mensaje y nos da un número de teléfono a donde llamar en caso de problemas, pasando por el de Nueva York que tiene un par de números publicados en su portada, hasta el de San Francisco donde válgame el dios cristiano si nos pasa algo porque de ayuda urgente no dice nada. Si el Norte fuera el Sur, como dice Arjona, el gobierno de Guatemala ya debería de estar con alertas rojas para todos los chapines y al menos un sistema de mensajería por teléfono para alertarnos de problemas. Pero nada…nada, nada, nada. Solo los poemas románticos o las recomendaciones estúpidas de gente a la que nunca se le han quebrado los uñas ni les han salido várices en las piernas por pasar ocho horas parados lavando platos, cortando pollo que congela las manos o con un dolor insoportable en la espalda por tener que estar todo el día pintando paredes agachado y esperando que lo mismo se repita el día de mañana y así hasta el fin de los días.
Mi respuesta a ustedes es, desde aquí de los Estado Unidos, donde a veces la tuve fácil y a veces difícil, en donde siempre he tenido la oportunidad de crecer, en donde me han tratado como los guatemaltecos morenos y blancos -¿hijos de hidalgos españoles tal vez?- tratan a los indígenas de Guatemala, en dónde estoy feliz de vivir, en donde no me hace falta ni la comida ni las tradiciones ni mi familia guatemalteca, ni yo a ellos y no por mala fe ni por disgusto, en dónde quise vivir desde que recuerdo y que se ha transformado en otra cosa en tan poco tiempo, es la siguiente: ustedes tienen suficientes problemas en su día a día para preocuparse por los nuestros, ustedes no son nuestros dueños y el dinero que nos ganamos con esfuerzo en este país es para usarlo como nos venga en gana, de todas formas ustedes no nos controlan ni a nuestras familias y el consejo no pedido es una falta de respeto. Nosotros no les debemos nada y Guatemala no nos debe nada, nunca hubo un contrato, tal vez solo esperanzas, nuestros éxitos y fracasos aquí son solo nuestros, ustedes ni se meten ni se quieren meter y si se quieren meter que sea para darnos un espacio en su misma mesa y no para sustituir nuestras voces en la opinión pública. Por favor, mejor dejen de estar hablando babosadas y preocúpense por arreglar las cosas que tienen a la mano y sobre las que tienen una responsabilidad y derecho que nunca tuvieron ni tendrán sobre los que ya no vivimos en la madre patria -bisexual aparentemente-.
P.S. Y para los “liberales” que se llenaban la boca criticando a las tiranías suramericanas cuáles niños que les tiran piedras a los jaguares en el foso del zoológico, pero que ahora curiosamente se han mantenido callados, les recuerdo que con la boca callada no se enseñan ni difunden los principios éticos, jurídicos, ni económicos de una sociedad de personas libres y responsables, sino todo lo contrario. Y aunque por la boca no les entren moscas, su perfidia y cobardía siguen oliendo a podrido.
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