De por qué mejorar la educación

Carlos Morales Monzón

julio 2, 2026 - Actualizado julio 1, 2026
Carlos Morales Monzón

Cualquiera dirá que la necesidad de mejorar la educación es algo sabemos todos. Y tiene razón. Pero aquí quiero explicar, con la voz de la experiencia, las causas y efectos que tiene en el desarrollo de los guatemaltecos y guatemaltecas.

Hay quienes sostienen que la guerra interna tuvo mucho que ver en este deterioro. Otros, se niegan a aceptar esta tesis. Yo soy de los que acepta la veracidad de ese planteamiento. Cómo hacerlo si no es ningún secreto que la guerra barrió con toda una generación de intelectuales de primer orden que eran responsables de preparar a quienes se encargarían de mantener vivo el ciclo de la educación, en todos sus niveles.

Una vez desaparecidos, otros debieron asumir sus posiciones, muchos de los cuales aún no culminaban su preparación. Entonces, lo más lógico es que no pudieron cumplir con preparar, como se debía, a quienes tenían bajo su cargo. Estos últimos, mal preparados, debieron continuar con el proceso y así lo único que nos quedó fue una espiral de deterioro educativo notoria a todo nivel.

Por supuesto, no quiero decir que todos los docentes actuales sean malos. Muchos recurrieron a la formación autodidacta para superar ese abismo de conocimiento que sus profesores dejaban en ellos y así lograron recuperar la brecha.

En la universidad, hoy día, si uno de estos últimos profesores quiere profundizar en el conocimiento de la materia que imparte, se topa con que la mayoría de sus educandos carece de la formación adecuada que la cultura general debe facilitar.

Aunque usted, estimado lector, no lo crea, hay muchos estudiantes que ni siquiera conocen el centro histórico. Y el Palacio Nacional de la Cultura sí lo conocen, pero en foto. Son incapaces de movilizarse de un lugar a otro sin la ayuda de alguna app como Waze. Desconocen las reglas básicas de la acentuación y la puntuación. Cuando se leen sus escritos pareciera que hubiesen tomado tildes, puntos y comas dentro de un cuchumbo, lo agiten y lancen contra la pantalla para ver donde caen. Menos aún saben sumar, restar, multiplicar y dividir sin calculadora o teléfono inteligente en mano. Por supuesto carecen del conocimiento necesario para calcular una tasa de interés a través de una regla de tres y mucho menos tienen el conocimiento de causa de por qué sube o baja el tipo de cambio. Todo lo anterior solo para poner algunos ejemplos.

Los resultados de las pruebas de lenguaje y matemáticas que anualmente se les hacen a los graduandos de la educación media son una muestra suficiente para probar todo lo anteriormente planteado.

A los estudiantes no les gusta leer. Y lo peor es que lo poco que leen lo hacen por medio del celular, donde abunda la desinformación y, lejos de ampliar positivamente su conocimiento, degradan su nivel de conocimiento.

Tenemos que hacer algo, pero lo tenemos que hacer ya. Hay que buscar la forma de mejorar el nivel educativo de quienes educan. Conozco muchos maestros de primaria que son incapaces de responder adecuadamente todos los temas que he planteado arriba en materia de cultura general. Y si ellos no lo saben, imaginemos cual es el producto de su enseñanza.

Que conste que esta crítica no busca hacer quedar mal a nadie. Sólo tiene el propósito de generar reflexión y despertar el interés porque, como sociedad, hagamos algo para cambiar hacia lo positivo. En la universidad ya no se debe enseñar algo que los estudiantes deben llevar consigo como un manejo apropiado del lenguaje y la escritura. También un buen nivel de matemática básica, porque para nadie es un secreto que la matemática es la base del pensamiento lógico. Sin este tipo de pensamiento, menos vamos a formar pensamiento crítico en las personas.

El Ministerio de Educación tiene una tarea inmensa e importante. Pero entre más se tarde en reaccionar, más tarde vamos a salir de este abismo educativo en el que nos encontramos. La universidad es para preparar técnica y profesionalmente a las personas, no para proveerles de cultura general. Esa, debieran llevarla bien cimentada con el cúmulo de conocimiento que deben formar desde la primaria, pasando por los básicos y el diversificado.

No será fácil, pero si no comenzamos ahora la reestructuración educativa, nos costará cada vez más cambiar la mentalidad de las generaciones que se acomodan ante el desarrollo tecnológico y se ponen a merced de lo que la internet les provee.

Hablando de tecnología, cambiemos el chip y, como sociedad, enfrentemos nuestros problemas con seriedad y profesionalismo. No recurramos a la politiquería porque allí no se encuentra el beneficio colectivo. Todo se queda en el beneficio individual o sectario.

Reflexionemos y, si de verdad queremos darles un mejor futuro a nuestros hijos, hagamos algo, ¡pero hagámoslo ya!

Periodista y Profesor Universitario

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