Cuando se sustituye el pensamiento

Renzo Rosal

junio 6, 2025 - Actualizado junio 5, 2025
Renzo Rosal

La sociedad guatemalteca se ha embrutecido. Hemos pasado de la generación de las ideas como asunto toral, a la precarización del pensamiento. Después, pasamos a la etapa de la mediocridad, y ahora no sabemos cómo denominar el momento actual donde la estupidez y su consumo se han normalizado y asumido como el pan de todos los días.

Así, de ver deambular a los cortos de ideas, ahora los vemos como actores dominantes en diversos espacios de poder, desde los nacionales hasta los globales. Han pasado a ocupar los asientos de adelante e incluso, ante nuestros ojos, silencios y complicidades, han tomado el timón para “conducirnos” por derroteros de terror y de retrocesos.

El embrutecimiento no es solo propio de los espacios de decisión pública (dirigentes políticos). La corriente dominante ha hecho mella en todo cuanto encuentra a su paso, desde los espacios del mundo empresarial, hasta de las organizaciones sociales y comunitarias. Es una corriente imparable y altamente contagiosa.

En el caso nacional, los impulsores de esa “corriente” actúan con total desvergüenza. Nada les importa, aunque sus actuaciones sean ilegales; incluso contrario a instrumentos internacionales. Sabedores que gozan de la protección de otros iguales (cortos o nulos de ideas), intentan ser bulldozer (ir contra todo). Por delante asumen que la sociedad poco hará al respecto, y que amén de las limitadas posibilidades de incidencia, el escenario poco o nada cambiará y la generación del embrutecimiento reinará por largo tiempo.

No conformes del ritmo que marcan los vacíos de pensamiento, estos también inundan los espacios de las instituciones llamadas, precisamente, a ser la otra cara de la moneda: la universidad pública y la mayoría de los colegios profesionales. Han hecho añicos la USAC, de lo cual pasarán décadas para que pueda recuperar su espacio y aire de marcar el paso de la educación superior. En el caso de los colegios, estos se han convertido en redes orientadas a alcanzar porciones de poder a costa de lo que sea, músculo ganado gracias al empobrecimiento de la educación universitaria en general.  

Este proceso involutivo no es un cambio generacional. Se trata de un acumulado de factores, producto que la generación del pensamiento, de las ideas y propuestas nunca terminaron de madurar. Se le concibió como un asunto marginal, a lo sumo complementario; refugio de una minoría incomprendida. Se les consideró como improductivo, no generadores de ganancias, que vivían en un mundo fantasioso, irreal; el de las ideas. En tanto, otras sociedades asumieron el asunto de forma totalmente contraria. Décadas o siglos después las evidencias son contundentes. Las sociedades que dieron margen al pensamiento y a la creación están mucho por delante de la nuestra.

La oportunidad no está perdida, siempre y cuando las instituciones universitarias (las decentes) y los centros de pensamiento (los pocos que tenemos) refuercen su compromiso en favor de la tarea central por la cual se crearon y la hagan realidad, en un escenario donde reina la confusión, la precariedad de las ideas y el predominio de lo grotesco (por decir poco). De lo contrario, el empobrecimiento (además del material) seguirá haciendo de las suyas, y quienes dominen ese escenario se convertirán en los actores hegemónicos.

Tags:

Todos los derechos reservados © eP Investiga 2024

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?