Ante un nuevo ciclo de desafíos

Renzo Rosal

enero 9, 2026 - Actualizado enero 8, 2026
Renzo Rosal

Todos los inicios de año son desafiantes. Son hileras de puertas y ventanas que se abren y cierran según una variedad de circunstancias. En el devenir de los calendarios, los inicios de año son lineales; sin embargo, en su recorrido van convirtiéndose en pendientes, suaves o demandantes, veredas o grandes avenidas; enormes rectas o rutas sinuosas, caminos asfaltados o vías repletas de rocas y obstáculos.

En ese devenir, el 2026 presenta, de inicio, factores que indudablemente marcarán la ruta de los siguientes meses. Unos episodios son nuevos e incluso, imprevistos, como los escenarios para América Latina tras la captura del expresidente venezolano. Otros, están por verse, como la correlación de fuerzas que se instalará o reproducirá, tras las elecciones de segundo nivel en Guatemala. También se advierte la continuidad de factores de arrastre (que provienen del ciclo anterior) que tendrán continuidad, e incluso pueden presentar mayor protagonismo, como el incremento de la inseguridad y el ascenso de la presencia de las estructuras del crimen organizado en las instituciones y en los espacios de poder protagónicos.

En medio de la diversidad de acontecimientos por ver, subrayo dos hechos relevantes. El primero, el ejercicio de dominación al que está sometido el hemisferio occidental. Lo que ocurre actualmente en Venezuela tiene carácter exponencial; representa solo la vitrina de lo que puede ocurrir a lo largo y ancho del continente. Factores tradicionales, como el derecho internacional y los valores de la democracia, se han ido al traste. Estamos frente a un momento de profundo recambio. Lo que antes era, ahora ha perdido sentido; sin embargo, lo que dominará por delante aún no nace del todo. En semejante transición, el 2026 es un período de reacomodo forzoso. Lo único predecible es la imprevisibilidad.

El segundo factor por considerar, más de índole nacional, son los reajustes que probablemente observemos en ciertos actores de poder, que, en el marco de la lógica dominante, también afrontarán bruscos recambios. Dos escaparates servirán para presenciar esta transición: los procesos de elección que dominarán la agenda pública del nuevo año (desde la elección de los magistrados del TSE, hasta la elección del Contralor de Cuentas) y las elecciones generales del próximo año, que en 2026 tendrán su preámbulo. En ambos observaremos las luchas de poder entre las mafias que pretenden dominar ambas arenas, así como el aparecimiento de oportunidades (reducidas, pero notorias) para los actores interesados en avanzar en sentido contrario. Pero también seremos testigos de la mutación de otros; quienes, interesados en mantenerse vigentes, harán todo tipo de malabares para seguir de pie, incluyendo disimular sus verdaderos intereses. Toda una vorágine de cambios de ropaje, traiciones y actitudes desvergonzadas; pero al final, las ganancias para unos y otros serán mínimas porque se trata de capítulos secundarios que no representan más que pequeños escamoteos a expensas del escenario de dominación que se libra en las grandes ligas.

El fragor del nuevo ciclo ha iniciado su ascenso. Solo queda por verse qué papel nos corresponde (por imposición y no por escogencia) en esta nueva escenificación de la teatralización del poder.

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