¿Hasta cuándo la Casa Blanca abusará de la paciencia del mundo?

Fernando González Davison

enero 22, 2026 - Actualizado enero 21, 2026
Fernando González Davison

Cuando Cicerón hizo su discurso de las Catilinarias se referiría  a un político sagaz e inescrupuloso senador romano Lucio Catilina y que yo traslado como un reclamo del mundo contra el actual inquilino de la Casa Blanca que, en sus locuras, ha dicho que su país ha tenido relaciones con Italia desde hace mil años. Dicha casa, que es un patrimonio nacional, ha sido mancillada y destruida en parte porque quiere hacer un gran salón de baile insulso. Pero son sus arrebatos los que atraen a los mass media y hace cualquier cosa porque los focos de atención de los periodistas siempre estén sobre él para distraerlos de que la gente se olvide de los expedientes Epstein y no los publica pese a las órdenes del Congreso y cuyo plazo ya expiró. Incluso el presidente Clinton se negó a dar su testimonio en dicho foro porque así lo había querido. ¿Y entonces qué fuerza tiene el Congreso? Entre tanto para distraer nuestra atención de ello ha recreado un mundo lleno de sorpresas: la intervención innecesaria en Venezuela pues la clica de Maduro ya estaba plegada y la captura de Maduro fue todo un show que necesitaba su ego para recibir el aplauso de los suyos que había comenzó a criticarlo por no difundir los expedientes Epstein. También se centró luego en su deseo de comprar Groenlandia y ha hecho una alharaca de ello frente a Dinamarca que tiene la soberanía sobre dicho territorio  desde inicios del siglo XX. Pero quizás se deba en el fondo a que su primer ministro ha pedido a la comunidad de naciones, como otras ya lo han hecho, Chile incluido, que Israel sea retirado de los organismos internacionales bajo el paraguas de las Naciones Unidas. Así, es una forma de coerción también para que deje de pedir dicha salida. Chile en algún momento sufrirá las consecuencias.  En el plano doméstico, los sondeos en Estados Unidos han puesto a la Casa Blanca hasta abajo en todos los indicadores. El estadounidense promedio mira que sus vidas empeoran con las políticas de su presidente,un presidente con un historial delictivo pero que siempre ha toreado a la justicia y nunca ha conocido la cárcel. Las acciones delincuenciales de los agentes anti inmigrantes, ICE, y el último asesinado perpetrado por uno de esos desalmados que cobraron la vida de Renée Good  y colmaron la paciencia mundial. La gran mayoría no aguanta más a este personaje enfermo que desde hace tiempo dejó de defender los intereses de su pueblo y menos del exterior. Llegó a la presidencia gracias a la ignorancia que se ha vuelto peste, a los más de cincuenta millones de drogadictos que conforman la demanda mayor de drogas en el mundo. Se debe atender a esos enfermos pues siempre van a buscar la manera de comprar drogas, fentanilo en especial, aunque se detenga su contrabando en el sur, pues las fronteras del norte se va a abrir para llenar la demanda estadounidense de un país enfermo por tantas guerras y las lesiones en el cuerpo y la mente.  Más que luchar contra el contrabando de las mismas más bien se debería atender a sus millones que piden y reclaman esas drogas para atenderse como una necesidad vital. Esa generalizada drogadicción fue originada por las empresas farmacéuticas que a través de los médicos que recetan opioides a los que sufrían algún tipo de depresión o dolor. Así, 45 millones se hicieron adictos y viven en la actualidad con ganas de satisfacer esa necesidad, mientras el problema se ha ido agravando: cuando se detuvo la entrada de cocaína en Estado Unidos vía el Caribe, siguió la demanda del centenar de millones de drogadictos, y el fentanilo vino a sustituirla y ha sido más estremecedor porque mata directamente a sus usuarios.

El problema es la demanda y en el capitalismo siempre se encuentra la forma de brindar la oferta. O sea, los agentes de salud deben empezar por atender en forma a  los narcodependientes domésticos estadounidenses más que atacar la entrada de las drogas, del fentanilo. O sea, que la Casa Blanca plantea algo irracional como sus antecesores ante ese problema. Y utiliza el problema doméstico como un arma internacional para desacreditar gobiernos latinoamericanos sin entender el problema doméstico. Es más, a la actual administración de la casa Blanca le ha servido el asunto de las drogas para distraer la atención de los serios problemas domésticos debido a sus erróneas políticas económicas, entre ella el alza generalizada de los aranceles, salvo para los productos agrícolas que comen sus conciudadanos, que han estimulado la inflación, en lugar de detenerla como prometió en su campaña electoral. Es más, perseguir a sus otrora oponentes políticos como fue el caso del ex director del FBI James Comey ahora va a procesar por corrupción al muy honorable Jerome Powell jefe de la Reserva Federal, el banco del Estado, para ira incluso de los mismo republicanos que ven cómo Trump ha traspasado el límite de su paciencia, y le han lanzado catilinarias como en su momento hiciera el mismo Cicerón contra Catilina.

“¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia? ¿Hasta cuándo ese furor tuyo se burlará de nosotros? ¿Adónde irá a dar consigo esa osadía desenfrenada tuya? ¿Cómo no te mueven, para que desistas de tu locura, la nocturna guarda y vigilante guarnición del palacio? ¿Tampoco, los centinelas de la ciudad? ¿No, el temor del pueblo? ¿No, el consenso y la conformidad de todos los buenos?”, Cicerón.

Marck Carney, primer ministro de Canadá, sin decirlo, dejó muy en claro su hartazgo en Davos, Suiza, con las bravuconadas de Trump, e instó a unirse las naciones para ponerle cara con fuerza: «El mundo se hunde en una espiral de ambiciones imperiales de grandes potencias avasalladoras. Las víctimas actuales y potenciales —la gran mayoría del planeta— buscan angustiosa y afanosamente soluciones». En medio de ese caos y esas tinieblas, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, pronunció el martes en Davos un discurso que confrontó a esa embestida imperialista y al abuso de los fuertes, para animar a resistir y recordar que es posible construir. “El poder de los sin poder empieza con la honestidad”, reflexiona Carney, y que se debe pasar de una “vida en la mentira” en un mundo que avanza hacia un modelo en el cual no hay regla ninguna, solo la fuerza, donde los aliados de Estados Unidos que antaño disfrutaron de protección ahora están expuestos al abuso. Hay que rectificar. Hay que reaccionar de forma cooperativa. Buscar autonomía estratégica es lo normal. “Si la ley no te protege, hay que dotarse de protección (…) a través de una cooperación. “En algunos casos estas coaliciones podrían representar una amplia mayoría del mundo”, precisó.

Entretanto China saca réditos ya que ante las amenazas de la Casa Blanca, Canadá y Europa se le han acercado en tanto que socio responsable, en el juego de ajedrez mundial, mientras los europeos, Alemania en particular, entienden que deberán cooperar con Rusia de nuevo como en tiempos de Angela Merkel, quien hablaba perfecto ruso y Vladimir Putin el alemán. Entretanto, la brasa de Palestina le queda a la Casa Blanca que hará lo que Nentanyahu le pida hacer allí o en Irán, Trump ahora está feliz de hacer negocios con la dictadura militar de Venezuela con la presión de su gran flota naval, “la más grande del mundo”, mientras pronto hará «blow up» la Casa Blanca cuando estallen los Expedientes Epstein.

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