Trabajadores y trabajadoras con paga en las procesiones de Cuaresma y Semana Santa

Conducir una procesión por las calles y avenidas de una ciudad requiere de muchas personas involucradas, pero es imposible que esto sea solamente por trabajo sin paga.

Mauricio José Chaulón Vélez

abril 5, 2026 - Actualizado abril 4, 2026

Los músicos que acompañan las andas procesionales son algunos de los trabajadores que reciben pago por su trabajo durante la Semana Santa.

Organizar una procesión de Cuaresma y Semana Santa requiere de una estructura logística amplia, sofisticada y bien preparada en todo. Involucra administración, recursos humanos, economía, auditoría, atención al público, relaciones públicas, diplomacia, política, psicología, seguridad, salud, comunicación, estética, arte, música, historia, cultura patrimonial, teología, pedagogía, ingeniería, arquitectura, diseño, fotografía, cinematografía, literatura. No se trata solamente, como pueden pensar algunas personas, de sacar a la calle la imagen del santo o de la santa con fines meramente evangelizadores y del entusiasmo devocional. Las procesiones cuaresmales y de la Semana Mayor integran una gran diversidad de elementos sociales y culturales, al mismo tiempo que razones e intereses en y desde todo ello, como dinámica y reflejo de lo que es esta compleja sociedad de Guatemala. El número de personas que las hacen posible es alto.

A través de las cofradías, hermandades y asociaciones de religiosidad popular se realiza una difícil organización que se materializa en la puesta en escena que ocupa los espacios públicos en distintos días de la Cuaresma y durante toda la Semana Santa. Los cofrades, los hermanos cucuruchos, las hermanas devotas y los asociados cargadores no cobran por el trabajo que realizan. Algunos trabajan más que otros, porque lo hacen casi todo el año en la reparación de la Cuaresma y Semana Santa anterior y en preparar la venidera, mientras que otros solamente llegan en los días cercanos a la procesión o el día en que esta se realiza. Las cofradías, hermandades y asociaciones definen grupos de trabajo a los cuales se integran quienes llegan a dar su tiempo para que las procesiones y actos relativos al culto devocional de las imágenes sagradas se lleven a cabo. Esto se puede hacer por devoción, ofrenda, gratitud, tradición, goce, política y prestigio, o por la combinación de varios de estos elementos. Aunque nadie recibe un pago por esto, no se deja de adquirir aunque sea un poco de capital social, logrando algunos obtener capital político.

Pero están quienes sí trabajan por pago en las procesiones de la pasión, muerte y resurrección de Cristo que se realizan en Guatemala. Conducir una procesión por las calles y avenidas de una ciudad requiere de muchas personas involucradas, pero es imposible que esto sea solamente por trabajo sin paga. Los músicos constituyen uno de los grupos fundamentales en las procesiones, siendo de los trabajadores pagados. En promedio, la mayoría de los maestros cobra 70 quetzales por hora, mientras que tubas, bajos y percusiones tienen una tarifa 10 quetzales más alta. Pero esto depende de la iglesia y de la banda, porque hay algunos templos cuya procesión no es tan grande en participación aunado al hecho de que la banda es pequeña. Ahí los pagos pueden oscilar entre 60 y 65 quetzales por hora, según sea el instrumento. Todas las bandas de música llevan asistentes, llamados archiveros, quienes tienen a su responsabilidad las partituras, repartiéndolas cada cuadra en que debe ejecutarse una marcha nueva. Los archiveros tienen la tarea de conservar los pentagramas que son patrimonio de la banda, o de la hermandad, o de la iglesia respectiva. Por lo general, cobran 10 o 15 quetzales menos por hora que la tarifa de la mayor parte de instrumentos. El director de la banda puede presentar una tarifa doble como tuba, bajo o percusión, por lo que su pago varía entre 130 y 160 quetzales por hora. En la Ciudad de Guatemala, en Antigua Guatemala y en otros lugares aumenta la tarifa de los músicos el Viernes Santo. Esto se debe a varios factores:

  • Varios cortejos procesionales en un solo día.
  • Algunas de las procesiones pueden ser de trayecto más corto, mientras que otras pueden extenderse en tiempo -no en calles recorridas- por la lluvia y la parafernalia que los cortejos de Viernes Santo llevan, con muchos elementos involucrados previos al anda que lleva al Cristo muerto.
  • El paso de los Santos Entierros se puede volver más lento por su sentido de funeral, haciendo que terminen más tarde de lo concertado.
  • El Viernes Santo es uno de los días finales de la Semana Santa, por lo que los músicos ya se encuentran cansados de todo el trabajo durante la Cuaresma y los primeros días de la Semana Mayor.
  • La mayoría de las procesiones del Santo Entierro se extienden hasta la madrugada e incluso al amanecer del Sábado de Gloria o Sábado Santo, lo que determina un mayor gasto de energía para el músico.

La mayor parte de músicos sigue siendo de sexo masculino, aunque la participación femenina ha ido en aumento en las dos últimas décadas, principalmente de instrumentistas y archiveras. En lo que respecta a la dirección, la presencia de mujeres resulta todavía muy baja, pero destaca en la actualidad la maestra Daphne Llamas Oseida de quien haré referencia más amplia en la siguiente columna.  

Otro grupo especial entre los trabajadores de los cortejos procesionales es el de los lireros. Las liras son los artefactos utilizados para levantar los cables de electricidad, con el objetivo de evitar que las imágenes y adornos tengan contacto con ellos, ya que se puede provocar un incendio o una serie de daños al patrimonio y a las personas. El trabajo de los lireros requiere toda una serie de habilidades y conocimientos:

  • Distinción de los tipos de cables para que no se provoque lo que sería un desastroso corto circuito. No se trata solamente de levantar la maraña de alambres que atraviesan la calle, sino de saber cómo colocar la lira, combinarla con otra y cuándo elevarlas y durante cuánto tiempo.
  • Manejo de la lira, artefacto de gran longitud y peso, que necesita de fuerza y técnica para su adecuada conducción y trabajo.
  • Buena condición física para llevar y aplicar la lira durante todo el recorrido, debiendo estar puntualmente en el sitio indicado, esquivando a los cucuruchos y a las cargadoras dentro de la procesión.

Un lirero puede recibir entre 500 y 1200 quetzales por todo su trabajo durante el cortejo procesional. El pago es dependiente a si la hermandad o asociación tiene más o menos recursos y a cuánto dure la procesión. Se trata de un trabajo casi exclusivamente masculino, habiendo muy pocas mujeres, quienes trabajan en cortejos procesionales de corto recorrido.

Dentro de los trabajadores con paga está el denominado personal de apoyo. Por lo general, se trata de un grupo mixto en cuanto a hombres y mujeres. Su trabajo puede variar en lo siguiente:

  • Halar o empujar carretas metálicas que llevan los enseres para la procesión: horquillas, repuestos, herramientas, carbón, incienso, radios para telecomunicaciones, baterías, abastos para comida e hidratación, entre otros.
  • Conducir las plantas eléctricas para la iluminación nocturna de las andas procesionales y de la banda de música con el objetivo de que los músicos puedan leer las partituras.
  • Llevar el lazo que delimita el espacio sagrado del espacio profano, es decir el del anda procesional del público feligrés que la observa, así como el de la banda de música, con el objetivo también de seguridad.
  • Halar o empujar el palio, detrás del anda procesional.
  • Halar instrumentos musicales pesados, como timbales, bombos y campanas tubulares. 

Constituyen un grupo amplio, que por lo regular trabaja en varias procesiones durante la Cuaresma y la Semana Santa. Aunque no se encuentran organizados como gremio y no son siempre las mismas personas; sin embargo, muchos y muchas llevan ya bastantes años en estos trabajos. Una persona, quien trabajará también como personal de apoyo, funciona como el contacto entre las y los trabajadores y la hermandad, cofradía o asociación, llevando a uno o varios grupos el día de la procesión. El pago de estos trabajadores oscila entre los 100 y los 250 quetzales por toda la jornada, según los recursos de cada entidad y la duración del cortejo procesional.

Determinadas procesiones, sobre todo en Antigua Guatemala y en otros lugares que no son la ciudad capital, requieren de un grupo de trabajadores llamados sayones. Sayón es un nombre dado a ciertos cofrades que participan en las procesiones de Semana Santa en España, quienes llevan indumentaria de túnica larga y que cubre el rostro. La denominación deriva de la Edad Media, ya que así eran llamados los subalternos en la aplicación de la justicia, como los verdugos, quienes cubrían sus rostros. En los cortejos procesionales donde van sayones, estos utilizan un capirote completo, es decir que tapa totalmente la cara, consistiendo su trabajo en portar estandartes y pasos del vía crucis. Forman parte de la parafernalia que representa a los verdugos de Jesús, aunque en realidad no hayan tenido esa indumentaria; pero actualmente no realizan ninguna escena de ese tipo, sino que trabajan en la procesión. El pago va entre 100 y 250 quetzales por toda la jornada. Tanto al personal de apoyo como a los sayones se les brinda la indumentaria, la cual debe ser devuelta a la hermandad, cofradía o asociación.

En determinados cortejos procesionales, se requiere el trabajo de los denominados guías de anda, quienes a diferencia de los timoneles, que van en cada una de las cuatro esquinas del anda y pertenecen a la asociación, hacen su labor debajo, haciendo que al anda se mueva a determinada velocidad y ritmo de acuerdo con lo que los timoneles requieren. Algunos guías de anda pueden recibir una paga que fluctúa entre los 100 y los 200 quetzales por toda la jornada. 

Ciertos músicos pagan a una persona para que cargue su instrumento mientras no lo está ejecutando. Esto sucede con tubas y bombos, recibiendo un pago que varía entre los 50 y los 100 quetzales por toda la jornada, cubiertos por el músico.

Cualquier persona que trabaje en un cortejo procesional, a excepción de quienes hacen el trato con un músico para llevar su instrumento, reciben una tarjeta que será su comprobante de haber trabajado en la procesión. Esta será firmada, perforada o sellada cada cierto tiempo durante el cortejo, por un integrante de la hermandad, asociación o cofradía, con el objetivo de supervisar que el tiempo de trabajo sea el requerido. Al final de la procesión, cada trabajador y trabajadora deberá entregar su tarjeta con las comprobaciones requeridas y así recibir el pago en un sobre. Este, por lo general, se realiza en efectivo. Los músicos reciben su paga en cheque, aunque en determinados casos también puede ser con dinero en efectivo.

La hermandad, asociación o cofradía se hace cargo de proporcionar alimentos y bebidas hidratantes a quienes trabajan, los cuales se reparten en horarios establecidos durante el cortejo, así como en la mayoría de los casos se entregan gorros y vísceras protectores contra el sol.

A excepción de los músicos, los trabajadores y las trabajadoras con paga en los cortejos procesionales pertenecen a estratos bajos de la clase trabajadora del país. En su vida cotidiana laboran como obreros de la construcción o fabriles, o en el trabajo informal. Para la gran mayoría, y en esto sí se incluye a los músicos, la época de Cuaresma y Semana Santa constituye una entrada económica importante, estableciéndose una red que les informa si hay oportunidad de trabajo en una procesión. En el caso de los músicos, hay bandas que ya tienen a sus maestros ejecutantes fijos, por lo que el trabajo estará más seguro.

Agradezco a todas las personas, trabajadoras con paga en los cortejos procesionales de los distintos grupos expuestos en este texto y miembros de hermandades y asociaciones encargados de este sector, quienes accedieron a entrevistas para una investigación etnográfica más amplia de la cual deriva esta columna.  

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