Rodrigo Rey Rosa: “La realidad es una especie de ficción personal”

El escritor, considerado uno de los más importantes de la actualidad y cuya obra ha sido traducida a varios idiomas, conversa en exclusiva con eP Investiga, entre otros temas, acerca de su nueva novela "Indulgencia plenaria perpetua", en la que la ficción y la realidad se entremezclan en una prisión donde se experimenta con los reos.

Ana Lucía Mendizábal

noviembre 23, 2025 - Actualizado noviembre 23, 2025

Rodrigo Rey Rosa conversa con eP Investiga acerca de su nueva novela. Foto: eP Investiga

Una nueva novela de Rodrigo Rey Rosa (Guatemala, 1958) es siempre una buena noticia para quienes conocen el trabajo del guatemalteco que es una de las voces literarias más destacadas de Latinoamérica. eP Investiga conversó con él acerca de Indulgencia plenaria perpetua (F&G Editores, 2025), su nueva obra que estará en librerías a partir de principios de diciembre y que se adentra en el mundo de las prisiones donde se experimentan maneras de controlar el comportamiento humano con métodos no convencionales.

El autor construye su trama alrededor de la existencia de una cárcel ficticia que se parece mucho a una real, en un país inventado que se asemeja bastante a muchos de verdad. Y aunque los experimentos que describe en el texto florecen en su imaginación, tienen sus semillas en algunos que ya fueron practicados en prisiones, centros psiquiátricos e instalaciones militares en Guatemala y el mundo.

Rey Rosa señala dos hechos que sirvieron como chispas iniciales para esta novela. “Evidentemente, las imágenes que estaban distribuyéndose mucho hace año y medio (del CECOT de El Salvador) y un libro que releí con más atención que se llama Cybernetics, que es como el principio de la cibernética en los años 50. La palabra cibernética viene del vocablo griego Κυβερνήτης (kybernetes) que significa timón y gobernar”, explica el autor.

El escritor añade que en ese libro se habla ya de experimentos en animales. “Es una especie de confesión de crueldad humana, porque hay que matar animales para descubrir ciertas cosas”, ejemplifica Rey Rosa. “Esas dos ideas me hicieron recordar Cárcel de árboles (1992) y pensar en un experimento más amplio como una cárcel modelo que tenemos muy cercana y en la que yo sospecho también estarán haciendo experimentos en humanos como sabemos que se hizo aquí en prisiones, en psiquiátricos y en el ejército. Gente que está bajo control y que el poder aprovecha”, refiere el autor con relación a las inoculaciones de enfermedades practicadas por Estados Unidos en Guatemala entre 1946 y 1948.

Pero Cárcel de árboles no es la única de sus obras en las que encontró referentes, porque, el autor indica que las fichas policiacas que aparecen en Material Humano (2009), en donde se consignaban los supuestos crímenes de los capturados en Guatemala, durante varias décadas, fueron referentes para un listado de prisioneros (la mayoría señalados como mareros) que aparece en este nuevo libro.

En esta nueva pieza literaria, Rey Rosa crea una cárcel que presume parecida al CECOT, apodada por todos como El Infiernón. Rey Rosa sale al paso para aclarar que en su obra toda es ficción. “De hecho, el país es ficticio (Nueva Verapaz)”, acota. “Pero creo que la realidad es una especie de ficción personal que cada uno construye con su propia ficción, y desde luego, los gobiernos también las construyen”.

Indica que, “cada intento de explicar una historia, aunque sea verdadera, implica ficción, tanto por lo que se deja fuera como por cómo se pega una cosa con otra. Hay que inventar, porque la vida es tan compleja y a la nube de datos que tenemos no podemos presentarla como es. Necesitaríamos otra vida para hacerlo”, añade el autor. Señala que cada uno pasa la información por sus propios tamices. “Y esos filtros crean un producto que, aunque sean del mismo modelo, es diferente para cada uno. En ese sentido, creo que todo es ficción”, añade.

Proyecciones al futuro

No es solo lo que se vive en El Salvador lo que sirve como referencia a la obra. Hay hechos, que aparecen consignados en el libro, que inmediatamente pueden ser relacionados con las últimas noticias en territorio guatemalteco.

Además, las conexiones se dan no solo con lo que ya ha sucedido, porque, a veces, como en este caso, Rey Rosa se adelanta a algunos hechos. En el libro, sucede una gran fuga que es aprovechada por rivales políticos del gobierno. Rey Rosa afirma que él escribió estos pasajes antes de que en el país se produjera la fuga de reos de la cárcel de Fraijanes II, que ha llevado al relevo de mandos en el Ministerio de Gobernación. “A veces, la realidad imita a la ficción, porque hay cosas que aparecen antes en la ficción… La ficción coopera con la realidad y viceversa”, explica.

Al plantearle la posibilidad de que una obra distópica como la suya, tan cargada de elementos de realidad pueda convertirse en una advertencia para los países que anhelan regímenes autoritarios, se apresura a decir: “Yo no creo que la ficción afecte la conducta de nadie hoy en día”, luego reflexiona y expresa: (quizás) “muy interiormente, tal vez sí… quizás más de lo que creemos”.

El autor y sus personajes

El libro presenta, entre otros personajes a Esteban, un joven aspirante a cineasta huérfano que es protegido por su tío, un empresario y músico, quien luego de que el muchacho cae en el Infiernón busca sacarlo de ahí a como dé lugar.  “Yo me imaginaba a Esteban como el niño bien, pero rebelde y que se mete en problemas que no necesita, por tonto. Con ese idealismo ingenuo…”, describe Rey Rosa, que reconoce en ese joven hecho prisionero, rasgos de su propia personalidad, aunque aclara que nunca vivió una situación parecida. “No tiene nada de autobiográfico”, acota.

Acerca del científico responsable de los experimentos en la prisión ficticia, Rey Rosa afirma que se inspiró en dos doctores. “Mi primer modelo fue el personaje que describe el libro Cybernetics y mi tío, el doctor (Aldo) Castañeda, a quien yo admiraba mucho… y por quien quise ser médico. Yo sé que él se ganó su beca haciendo experimentos, conectando corazones de perros para hacer funcionar un organismo con un corazón externo. Fue uno de los primeros en hacer un trasplante de corazón en recién nacidos. Eso lo hizo en la Universidad de San Carlos. Entonces, la idea de que aquí puede haber un científico que tenga esas visiones y que pueda llegar a hacerlas realidad me animó a escribir sobre este doctor extraordinario”, detalla.

Para la construcción del personaje que es comisionado por una entidad internacional para investigar lo que sucede dentro de la cárcel, Rey Rosa tiene clara su inspiración. “Hubo dos mujeres que estuvieron aquí haciendo trabajos muy parecidos, muy valientes y astutas”.

Otro de los personajes es la presidenta del país imaginario, a quien todos conocen como la Dama Fuerte, hija de un personaje al que Esteban, se refiere como “genocida” cuando busca ser recluido en una celda de aislamiento. Rodrigo admite que en ella hay una referencia que solo los guatemaltecos comprenderán.

Al hablar del proceso de construcción de la trama e introducción de personajes, expresa: “Esas cosas llegan como regalos y chispazos cuando uno está escribiendo una novela. Al principio no hay nada, para mí solo estaban el doctor, la prisión y esta idea de que ahí pasa algo, que ahí están haciendo experimentos. Una vez con esos dos o tres elementos, van surgiendo…”, abunda.

El libro Indulgencia Plenaria Perpetua cuenta con la ilustración de portada de Martín Díaz y el diseño de la misma es de F&G Editores.

¿Exagera?

La obra literaria de Rodrigo Rey Rosa ha sido analizada por diversos críticos, que destacan su tratamiento de las realidades que acontecen tanto en Guatemala como en diversos países, especialmente de Latinoamérica, de una manera original.

La crítica literaria mexicana Esther Hernández Palacios, escribía en 2024 al analizar El material humano: “Así como las fronteras entre la ficción y el testimonio se diluyen en el texto de Rey Rosa, se deshacen también las fronteras entre la vida y la literatura en momentos críticos como los que estamos viviendo. Escribir sobre la violencia se convierte entonces, más que en una mera elección estética o una consecuencia ‘académica’, en un compromiso ético que replantea cuestiones tales como la utilidad y el sentido de la literatura y, por supuesto, de las investigaciones y la crítica literarias”.

Hernández Palacios añade en su texto que la obra de Rey Rosa pone en entredicho la tradición, los moldes, los géneros, las corrientes y los estilos. «Leer su obra representa un reto no menor ya que habrán de ponerse en entredicho muchos de los supuestos teóricos, sobre todo, aquel que separa la realidad de su representación y la ficción de la verdad”, expone la experta.

Si bien, en los círculos intelectuales guatemaltecos el arte literario de Rey Rosa es apreciado por muchos, hay quienes cuestionan la imagen que sus piezas literarias proyectan del país. “Los comentarios que he oído acerca de lo que he escrito es que exagero, que no está tan mal Guatemala, que por qué quiero presentar ese cuadro… creo que es una actitud un poco absurda decir que aquí las cosas están bien”, asevera el autor.

“Los comentarios que he oído acerca de lo que he escrito es que exagero, que no está tan mal Guatemala», afirma Rodrigo Rey Rosa. Foto: eP Investiga.

“El único momento de optimismo que recuerdo fue la tregua, el alto al fuego y la firma de la paz. Ahí sí había un momento en el que todos creímos que esto iba a mejorar… Mejoró cinco años y creo que ahora estamos peor que durante la guerra porque no hay esperanza”.

“Yo acabo de volver al Petén y creo que el Petén, gracias a la guerra, se conservó casi intacto durante los años 70, 80 y 90. A partir de entonces ha sido una destrucción inclemente y no va a parar”, advierte. Comenta que hay apenas algunas voces de ecologistas que luchan contra la depredación, pero nadie las oye. “Tal vez ahora, la gente cuando empiece a sentir que la sequía llega haya una pequeña reacción, pero un poco tarde”, expone.

El autor no ve motivos de optimismo. “Ganó Arévalo sí, pero yo nunca estuve muy optimista porque pensé que no iba a poder hacer nada, como sabía mucha gente, porque ¿a qué país iba a llegar a gobernar con un aparato que tenía que improvisar sobre la marcha y no les ha ido tan bien. Que sigan ahí ya es un logro, pero no da lugar a mucho optimismo”, asegura. “Por lo menos no ha seguido avanzando esta máquina de corrupción que venía con mucha fuerza, que no ha parado, pero se ha frenado, se ha desacelerado”, dice.

La trayectoria en libros

Al conversar acerca de sus más recientes libros, Rey Rosa anota que los dos anteriores no suceden en Guatemala, sino en Atenas, donde reside desde hace pocos años, luego de haber vivido más de 20 años en Guatemala. El penúltimo de estos títulos es Manuscrito hallado en la calle Sócrates. “Es la historia de una pareja guatemalteca que perdió a un hijo muy pequeñito, a los cuatro años y viaja a Grecia. En un museo, la madre ve una estatua y se obsesiona con que ese es su hijo de una manera extraña. Es una especie de demencia materna”, describe el libro que fue editado por Sophos y que será presentado el 26 de noviembre, a las 19:00 horas en esa librería. En esta presentación, Rodrigo conversará con el también escritor Arnoldo Gálvez Suárez.

El más reciente de sus escritos se titula Metempsicosis, fue editado por Alfaguara, y según la nota de presentación de la editorial, “relata la historia de un escritor que despierta en un hospital psiquiátrico en Grecia y no recuerda nada, pero encuentra un manuscrito que explica que había pasado varios días deambulando por Atenas, empeñado en traducir unos antiguos documentos protegidos por dos hermanos siniestros y conversando sobre la vida después de la muerte con un vagabundo vestido con túnica de filósofo en pleno invierno. Cuando finalmente mejora, su psiquiatra decide mandarles a él y a un viejo conocido a investigar una religión antiquísima que predica la migración de las almas”.

Anterior a estas dos obras, Rodrigo publicó Carta de un ateo guatemalteco al Santo Padre. Acerca de la mezcla de realidad y fantasía en este ejemplar, en el que expone el caso de una expropiación que sufren los miembros de cofradías por parte de la iglesia, Rey Rosa expone: “El caso es cierto. Como yo lo presento es pura ficción. No me fui a jugar a un casino, ni me envenenaron, ni me dio una intoxicación. Pero que yo fui a visitar y conocí a esta gente extraordinaria en esta cofradía eso sí es cierto. Ahí lo anecdótico mío queda fuera, pero la realidad externa de la cofradía, la expropiación ilícita y el recorrido de este caso es comprobable, pueden ir al archivo y lo encontrarán. La carta se la mandé al papa Francisco, que nunca contestó, pero la editora le mandó el libro y a eso sí contestó y nos mandó bendiciones”, relata sonriente.

Rey Rosa sospecha que la misiva nunca le llegó al papa porque quien debía entregarla era su secretario, el cardenal Giovanni Angelo Becciu, quien, casualmente, en 2020 fue destituido de su cargo debido a una controvertida inversión en un edificio de lujo en Londres, utilizando fondos de la Iglesia. “Me cupo la satisfacción de que tuvo que renunciar por un caso de propiedades en Londres”, admite el escritor.

Anterior a este libro, el autor había publicado El país de Toó (2018), en donde expone cómo las comunidades responden y resisten para defender sus tierras, bosques y fuentes de agua, tal como sucede en Guatemala.

En un recuento realizado por Alfaguara, editora de algunos de sus libros se detalla que la bibliografía de Rey Rosa incluye, además de los anteriores libros, El cuchillo del mendigo (1985), El agua quieta (1989), Cárcel de árboles (1991), Lo que soñó Sebastián (1994), Ningún lugar sagrado (1998) y Otro zoo (2005), reunidos, junto a otros relatos inéditos, en el volumen 1986. Cuentos completos (Alfaguara, 2014). Además, sus novelas El cojo bueno (Alfaguara, 1995), Que me maten si… (1996), Piedras encantadas (2001) y Caballeriza (2006) incluidas en Imitación de Guatemala. Cuatro novelas breves (Alfaguara, 2013)-, El material humano (2009), Severina (Alfaguara, 2011) y Los sordos (Alfaguara, 2012), además de La orilla africana (1999) y El tren a Travancore (2002), que conforman con la novela corta Lo que soñó Sebastián el volumen recopilatorio Tres novelas exóticas (Alfaguara, 2015).

Algunas de sus obras ya han sido llevadas al cine, tal es el caso de Lo que soñó Sebastián, que en 2011 fue presentada en festivales como el Sundance Film Festival. Cuenta que Severina, que es descrita como la historia de un librero cuya monótona vida se ve conmocionada por la irrupción de una consumada ladrona de libros”, también ya fue llevada a la gran pantalla por una productora brasileña. El autor afirma que esta misma productora, además, compró los derechos de Los sordos.

Rodrigo Rey Rosa presenta una historia cargada de referencias a la actualidad centroamericana. Foto: eP Investiga.

Premios, reconocimientos y una propuesta

Entre los múltiples reconocimientos que Rodrigo Rey Rosa ha recibido se cuentan el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 2004, el Premio Siglo XXI a la mejor novela extranjera del año, otorgado a Los sordos, por la Asociación China de Literatura Extranjera en el 2013 y el Premio Iberoamericano de las Letras José Donoso, en el 2015.

Este año, el escritor guatemalteco Jaime Barrios Carrillo, quien reside en Suecia, promovió una campaña en favor de que a Rey Rosa se le otorgara el Premio Cervantes. Esta iniciativa fue respaldada también por la Academia Guatemalteca de la Lengua, entre otras entidades. Barrios Carrillo señala: “La candidatura de Rodrigo Rey Rosa, sólidamente fundamentada y ampliamente respaldada, permitió colocar su nombre entre los más destacados del panorama literario en lengua española, confirmando su condición de principal novelista guatemalteco contemporáneo y una de las voces más originales e influyentes de la narrativa latinoamericana actual”

Barrios añade que “el respaldo —desde dos academias de la lengua, universidades y distintos ámbitos culturales— fue decisivo para que esta propuesta alcanzara la proyección y legitimidad que merecía.  Además, Barrios Carrillo asegura que, “la recepción de la crítica española hacia Rodrigo Rey Rosa es unánimemente elogiosa: se valora su estilo depurado y preciso, su profundidad ética y filosófica, así como su habilidad para abordar la realidad con intensidad poética y rigor narrativo. Se lo reconoce como una voz singular que trasciende su contexto nacional y dialoga con grandes tradiciones literarias».

Acerca de la elección del autor mexicano Gonzalo Celorio como Premio Cervantes 2025, Barrios Carrillo reconoce que tiene méritos intelectuales, pero señala que la decisión del jurado parece responder más al interés de estrechar vínculos entre España y México en el marco de la hispanidad, que a una evaluación estrictamente literaria. “De hecho, lo primero que Celorio hizo fue declarar a la prensa la importancia de la hispanidad tomando una dirección diferente a la asumida por el gobierno de México, López Obrador, con ocasión de la conmemoración de los 500 años de la invasión española…”, señala.

Rey Rosa comenta que se siente agradecido por la iniciativa de Barrios Carrillo, y modestamente, anota: “es probablemente producto de un malentendido, pero lo aplaudo. Hay muchísimos candidatos… me sorprendió que la Academia de las Letras Guatemalteca lo apoyara, me hizo bien, fue un masaje al ego”.

Cabe señalar que, en 2023, el legado de Rodrigo Rey Rosa fue depositado en la Caja de las Letras en Madrid, junto con los de Ernesto Cardenal y Claribel Alegría.

Distancias, presencias y concesiones

Rodrigo cuenta, que como sucede con muchas vocaciones artísticas, la suya, al principio, no fue muy bien recibida en el ámbito familiar. “Lo que recuerdo es que cuando decidí escribir representó un conflicto. Mi padre se oponía y yo no cedí. Y ahí la vida se me hizo más fácil. Tan es así, que yo no me imagino de otra manera”. “Lo que me decía mi padre era ‘yo no quiero tener un hijo que ande teniendo que pedir ayuda o borracho. Te voy a hacer daño si te ayudo’. Ahora lo entiendo, en ese momento me dolió, me sentí no comprendido. Pero esa oposición, incluso, me fue favorable”, acepta el escritor.

Apunta que los inicios no fueron fáciles. “Pasé unos momentos de temor. Me fui casi inmediatamente a Nueva York, invitado por un amigo que me dijo ‘vente, tienes un departamento por seis meses’. Yo veía los homeless y pensaba ‘ojalá que no vaya a parar así porque era una posibilidad’”, cuenta.

Después, indica que la suerte también estuvo de su lado. “Lo que yo sacrifiqué fue seguridad económica, física y existencial porque corté con lo anterior y no conocía a ningún escritor vivo. La única persona que sabía de literatura y de la vida literaria era mucho mayor que yo, el doctor Salador Aguado, a quien le tenía cierto temor, porque yo era muy joven, pero él me dijo, ‘hágalo’, me dio ánimo”.

Otro gran impulso lo recibió a los seis meses de haberse propuesto ser escritor. “Tuve la gran suerte de estar en Marruecos y conocer a Paul Bowles, que también me dijo que quería traducir algunas cosas mías para darlas a conocer. Ya con ese par de espaldarazos yo sentía que solo tenía que trabajar”, añade. “Lo que le gustó a Bowles era que eran textos originales, un poco descabellados, pero tenían, como él me dijo, ‘personalidad’”, expresa.

El escritor reconoce que situarse en el mercado internacional se ha transformado de cuando comenzó a la fecha. Aunque sus libros han tenido traducciones a diversos idiomas, cuando se trata de usar el español más apegado al de España, indica: “Me acuerdo de que con mi primer libro ellos luchaban por cambiarle a uno el léxico y si no peleaba uno, se lo cambiaban”. Cita el ejemplo de Miguel Ángel Asturias. “Hay tesis sobre cómo le cambiaron textos en las diferentes ediciones”, enfatiza. Sin embargo, expone que “con la globalización, cuando viaja la literatura latinoamericana hay más presencia y tolerancia. Ya no es un pleito”. A pesar de ello, indica: “Yo, en lo personal, en la prosa descriptiva trato de no meter mucho localismo, pero en los diálogos es lo natural. (Los personajes) hablan como hablamos y ahí cabe, sin que confunda, ni que dé lugar a no entender o a tener que ir al diccionario para saber qué están diciendo… “Creo que es un error hacer concesiones, escribir ‘a la española’ y autocensurarse mucho porque es falsearse también un poco”, apunta.

“La literatura es un ejercicio de libertad, si no es eso, no sé qué es”, sentencia el autor.

Las letras en Guatemala

Rey Rosa comenta que lee todo lo que le recomiendan y de los autores guatemaltecos actuales menciona nombres como el de Arnoldo Gálvez Suárez, de quien destaca el libro Alguien bailará con nuestras momias, del que admite: “me impactó”. También menciona a Julio Prado, Denise Phé Funchal y a Eduardo Halfon.  

Asegura que ha habido un cambio notable a cuando él se inició y atribuye parte de esta transformación a la firma de los Acuerdos de Paz. Señala que en los años 80 pocos se atrevían a publicar y destaca a Marco Antonio “El bolo” Flores como una excepción. También nombra a Enrique Noriega y a Carlos Navarrete.

“Un problema de la literatura guatemalteca y centroamericana es que no hay críticos que son los que deberían abrir las obras para los mismos autores a veces, para que haya un diálogo de obras. Hay reseñas pero no de fondo”, añade. Sin embargo, destaca que un libro de crítica literaria de Javier Payeras es de lo más valioso que ha leído en este género.

Otra falencia que hace notar es la falta de intercambio que se da entre los literatos centroamericanos. “Eso es algo que también me ha llamado la atención. Si uno lee revistas de principios del siglo XX, se da cuenta que había más comunicación. Había una red intelectual mucho más fértil que ahora», concluye el autor.

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