Otto Raúl González (1921-2007)
De los escritores guatemaltecos que se exiliaron en México, por el derrocamiento del presidente Jacobo Arbenz Guzmán, tuve amistad con Mario Monteforte Toledo, Enrique Augusto Noriega, Alfonso Enrique Barrientos y Otto Rául González. Antes de ser amigo de González ya le conocía de nombre. Leí con anterioridad, entre las obras de la generación del cuarenta, su poemario “Voz y voto de geranio”. Un libro, escrito en su juventud, que impactó, cuando se publicó, en los medios social, político y literario de Guatemala. Con otros comoTito Monterroso, Carlos Illescas y José Luis Balcarcel, mi relación fue menos constante, aunque nos reunimos en varias ocasiones. A Raúl Leiva y a Luis Cardoza y Aragón no los conocí. De don Luis tuvimos los participantes al Congreso Centroamericano de Escritores, que se celebró en 1988 en el Paraninfo Universitario, ahora Centro Cultural de la Universidad de San Carlos, situado en la segunda avenida del Centro Histórico, un saludo por escrito que nos envió con Eraclio Zepeda. Él encabezó la delegación mexicana que asistió a dicho evento. Tengo también de Cardoza un ejemplar del libro “El Rio, novelas de caballería”, con una dedicatoria que me hizo llegar por medio de un amigo que lo visitó en su casa.
A Otto Raúl González lo traté por primera vez con ocasión del congreso de literatura del que hablé antes, cuando Enrique Augusto Noriega, uno de sus grandes amigos, papá del poeta Quique Noriega, me invitó para que cenara con ellos en su vivienda de la zona 3. Fue la primera visita de Otto Raúl a Guatemala durante su exilio en México. En esa oportunidad me pregunto si yo era pariente del economista Osmundo García Araujo, muy conocido por él. Le respondí que no, pero que sabía que era papá de los propietarios de la imprenta Papiro, en la que se imprimían libros de autores guatemaltecos. Con ocasión del mencionado congreso tuve oportunidad de conversar con él varias veces. Fue el nacimiento de nuestra amistad.
La experiencia cercana, que tuvo unos años antes en tierras guatemaltecas, fue un paso fugaz por el aeropuerto La Aurora en un viaje hacia Nicaragua, después de la revolución sandinista. Fue un tiempo corto. La línea en la que viajó hizo escala en nuestro país. Disfrutó, con nostalgia, una vista aérea de la geografía de Guatemala y de una mirada hacia las montañas que por el oriente custodian a la ciudad capital. Contó que tuvo sentimientos encontrados.
En 1990 sucedieron varios hechos relacionados con Otto Raul. El primero, cuando se le se le otorgó el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias. Con ocasión del acto de entrega les fui a buscar en mi vehículo, a él y su esposa, Aidé Maldonado, y los transporté al lugar de la premiación, de la casa donde se hospedaron en nuestro país; residencia de una familia de apellido Caniz, situada en la avenida Hincapié, zona 13, ciudad de Guatemala, en donde también estuvo la sede de la empresa de transportes que lleva el apellido de sus dueños. La esposa del propietario fue hermana de la de González. En ese año fue Ministra de Cultura y Deportes Marta Regina de Fahsen. Ella, unos años antes, hizo su tesis de graduación como licenciada en letras por la Universidad Rafael Landívar con un estudio sobre la poesía de Otto Raúl.
A Aidé mi familia la recordaba porque de joven fue maestra en San Pedro Sacatepéquez, Guatemala, lo mismo que al papá del expresidente Alfonso Portillo. Ellos, con otros personajes de la vida nacional, fueron maestros de educación primaria, siendo jóvenes, en cabeceras municipales de la región de la que somos los Araujo, algunos Ruiz, Mayorga y García. Apellidos de mis ascendientes.
El acto de entrega del Premio Nacional de Literatura se realizó en una ceremonia, con pocos invitados, en la casa presidencial. Fue el Presidente de la República, Marco Vinicio Cerezo, quien la presidió. Editorial Cultura publicó, como parte del reconocimiento, un libro con memorias del galardonado con el título de “Caminos de ayer”, relacionadas con su vida y con datos y anécdotas de miembros de la generación del 40, en la que incluyó a literatos, pintores y músicos; libro en el que hace, en una segunda parte, una antología de obras de escritores de esa generación.
El segundo hecho cuando González me invitó para que llegara a San Cristobal de las Casas cuando se le otorgó la “Orden Jaime Sabines” por su obra “El conejo de las orejas en reposo”. Viajamos para ese evento con Lourdes Chávez, y su novio, un muchacho de apellido Arce, quién hizo de piloto, en el vehículo de esta amiga. Ella era vicecónsul de México en Guatemala. Fue un memorable viaje por tierra. Ingresamos por Tapachula, lo que me permitió conocer los caminos que desde el sur llevan a los altos de Chiapas. En ese evento conocí a escritores e intelectuales de esa región.
Entre las anécdotas que recuerdo de esa estadía fue que durante una de las noches amanecimos en un bar con Otto Raúl y tres escritores mexicanos. En mi caso fui un oyente de discusiones que entre ellos se dieron sobre la obra literaria de Octavio Paz. Pude comprobar la estima y el casi odio a ese autor por sus ideas políticas más que por su obra literaria. A pesar de las discusiones la sangre no llegó al rio.
Lourdes Chávez estudió la carrera de letras en la Universidad Rafael Landívar, y militó en movimientos culturales y literarios a fines de los años ochenta en Guatemala. Es recordada por quienes compartimos con ella su amistad y sus afanes. Es madrina de uno de los hijos de Paco Morales Santos. Falleció hace dos años.
El tercer hecho fue cuando en nuestro retorno de la Feria del Libro de Guadalajara, con Fernando Cifuentes e Irene Piedrasanta. Ahí montamos un stand con libros de Guatemala, nos hospedamos por tres días en su casa de habitación en la ciudad de México, ubicada en un barrio de la periferia de dicha ciudad. Fuimos atendidos con cariño y fraternidad, por él, su esposa y uno de sus hijos.
Con Cifuentes viajamos a esa feria, en la que nuestro país participó por primera vez, en un vehículo del Ministerio de Cultura y Deportes. Fue nuestro compañero de viaje hasta la ciudad de México el abogado Otto Marroquín, quien años después fue elegido magistrado de la Corte Suprema de Justicia de Guatemala. Antes estuvo exiliado en Chiapas. A nuestra llegada a esa ciudad nos recibió González, quien nos invitó para que a nuestro regreso de Guadalajara nos hospedáramos en su casa. Así lo hicimos. Irene hizo los viajes por avión.
La participación en la Feria del Libro de Guadalajara se dio por la amistad que hicimos con una de las integrantes del Comité Organizador, de apellido Canales, en un taller sobre Derecho de Autor por el uso de fotocopias, que se celebró en Caracas, Venezuela, en ese año, al que asistimos con Irene Piedrasanta. De esta experiencia tengo anécdotas que contar, lo que haré en otra estampa.
En una de las estadías de Otto Raúl en Guatemala; tuvo que ser a mediados de los noventa del siglo pasado, recuerdo el almuerzo que le ofrecimos varios amigos, con comida típica, en la residencia que fue de la crítica literaria Lucrecia Méndez de Penedo y su familia, en la colonia Mariscal, zona 11, muy cercana a la Casa Flavio Herrera, ocasión, en la que ella, por compromisos de trabajo, a pesar de ser excelente cocinera y anfitriona, no pudo hacer la comida, por lo que le pedí a mi madre que nos hiciera un pepián y unos frijoles volteados con manteca de cerdo. Otto Raúl me acompañó a nuestro hogar a recoger la comida. Esta fue un éxito. Se limpiaron los platos literalmente.
De mis encuentros con Otto Raúl recuerdo cuando con William Lemus, en 1998, fuimos invitados para un evento de literatura en Tuxtla Gutiérrez, al que viajamos en avión, de Guatemala a la ciudad de México y de esta a Chiapas y en sentido contrario. Durante nuestra estadía en la capital mexicana, González nos puso en contacto con Carlos Illescas, quien residía en esa ciudad, lo que generó, por nuestras gestiones posteriores, que este escritor viniera a nuestro país, después de su salida en 1954.
En la última visita de González a Guatemala, en 2006, apenas le pude saludar. Lo transportaban en silla de ruedas. Ya se le dificultaba caminar. La Universidad de San Carlos le dio un homenaje que se celebró en el MUSAC. Se llenó el salón principal. Falleció en junio del 2007. Tenía 86 años
Otto Raúl fue consecuente con su forma de pensar. Un escritor de casi todos los géneros literarios. Dejó una extensa obra. La mayoría se publicó en México. Mantuvo columnas en algunos diarios de ese país. Fue merecedor de muchos reconocimientos, órdenes y premios.
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