Memorias y anécdotas: El Movimiento Cuarto Mundo de Guatemala

La entidad trascendió fronteras y fue así como llegó a distintos países. Se crearon además centros de investigación, medios de comunicación, estudios, publicaciones, proyectos y programas concretos para las distintas realidades y medios, pero sin perder el objetivo principal del Movimiento.

Max Araujo

diciembre 7, 2025 - Actualizado diciembre 6, 2025

En una muestra de tejidos realizados por  mujeres de San Jacinto, Chiquimula, en el salón de exposiciones de la Alianza Francesa, ubicada en los años ochenta del siglo pasado en la 4a. avenida de la zona 1, Tasso Hadjidodou  me presentó a Gerardo Bureau. Eran los primeros años de esa década.

Me enteré así de la existencia de una entidad que desarrolló una labor de proyección social en el municipio indicado, cuyo segundo encargado en Guatemala fue Bureau. Las expositoras, personas con las que trabajó dicha entidad, cuyo nombre me pareció extraño, “Cuarto Mundo”. Con Gerard y Tasso convenimos que llegarían a mi oficina al día siguiente para conversar conmigo. No sabía en ese momento que con esa visita se iniciaría una etapa  valiosa para mí vida.

Por aquellos años  fui asiduo de los eventos que se realizaron en la Alianza Francesa. Mi relación con ese centro cultural binacional se inició en 1969, cuando me inscribí para recibir cursos de francés. Época en la que aplicaría para una beca -Francia o Italia-. Cursaría un doctorado sobre cualquier disciplina jurídica. Iniciaba mis estudios de Derecho en la primera sede de la Universidad Mariano Gálvez, en la 7a. avenida de la zona 2, ciudad de Guatemala. Años después, cuando, ya graduado, pude solicitar la beca no lo hice. Me interesó más el mundo de la cultura. Cursé estudios de Filosofía y Letras en la Universidad Rafael Landívar. Creamos el Grupo Editorial Rin 78, publiqué mi primer libro, integré entidades de cultura e inicié mi colaboración con medios de comunicación social.

En la visita programada, Tasso y Gerard me solicitaron apoyo para constituir legalmente la Asociación Cuarto Mundo en Guatemala. Desde 1979 dicha entidad realizaba su trabajo en San Jacinto, pero sin existencia legal en nuestro país. Unas monjas católicas solicitaron a su fundador, padre Joseph Wresinski, una sede en Guatemala. Este accedió y envió a Juan Tiberhien, acompañado de su esposa, para que iniciaran el trabajo. Fue su primer encargado. Por cuestiones de estrategia, por la violencia que se vivió en Guatemala, se comenzó  como un proyecto social de la parroquia católica del lugar. Juan fue el primer voluntario de Cuarto Mundo Internacional de nacionalidad francesa que aprendió a hablar español. Curioso porque el padre Wresinski fue hijo de una española emigrada a Francia, pero nunca habló español. Su padre fue un polaco, con el que tuvo poco contacto.

En San Jacinto, el Movimiento desarrolló un trabajo de promoción social, en temas de educación, de cultura y en formar habilidades, una de ellas para elaborar prendas con textiles. Algunos jóvenes de esa época, originarios de ese municipio, como el pintor Guillermo Diaz Linares y los esposos Dimas y Rosa Pérez se hicieron voluntarios del Movimiento. Han residido en Francia, Perú, Bolivia, entre otros países. 

El caso es que en el Comité de Reconstrucción Nacional, una entidad que se encargó de atender asuntos post terremoto de 1976, se decidió que Cuarto Mundo continuara con su trabajo que tenía que constituirse como asociación guatemalteca. Esto ayudaría, además, para la estadía legal de los voluntarios extranjeros.  Guatemala fue uno de los primeros países en los que se estableció una sede del Movimiento fuera de Francia.

Como notario y como modulista, que  se comprometió ante la Asociación Módulos de Esperanza a ayudar a constituir asociaciones culturales y de desarrollo social, acepté hacerme cargo de la autorización del instrumento legal  solicitado y para realizar los trámites de autorización ante las autoridades de gobierno. Por aquellos años no era  fácil. Después de opiniones de diversas instancias el Presidente de la República decidía autorizar asociaciones y fundaciones.

Los trámites para la autorización duraron más de un año, por lo que junto con Gerardo Bureau hicimos romería a las dependencias en las que se encontraba el expediente, hasta que llegó a la Secretaría de la Presidencia de la República. Nos atendió el jefe de la Asesoría Jurídica de dicha dependencia, el abogado y escritor René Villegas Lara, exprofesor mío de Derecho Mercantil en la Universidad Mariano Gálvez. Con él, por las letras, y porque ambos publicábamos columnas en La Hora, nos hicimos amigos. Enterado de la importancia del trabajo de Cuarto Mundo nos indicó que se autorizaría. Días después, Vinicio Cerezo, Presidente de la República, emitió el Acuerdo Gubernativo respectivo.

En nuestras pláticas con Gerardo me enteré quien había fundado el Movimiento, cuáles eran sus objetivos, pero  hasta en el 2006, cuando estuve varios meses en Francia, en la sede central, en Mery Sur Oise, y en el Centro Internacional Joseph Wresinski, comprendí la magnitud de su trabajo, en distintitas partes del Mundo, así como la red de proyectos, programas, contactos, pertenencia a otras organizaciones, que se tienen, para  cumplir con el objetivo principal de  la entidad: la lucha contra la extrema pobreza.

En una de las conversaciones, Bureau me manifestó el interés que tenía el Movimiento de trasladarse de San Jacinto a la ciudad de Guatemala. Ofrecí hablar con el padre Ramón Adán Sturtze, para solicitarle  un espacio en uno de los complejos de Módulos de Esperanza, en las colonias El Amparo y el Granizo, zona 7.  El padre Ramón aceptó,  se lo comuniqué a Gerardo. Este lo trasmitió al padre Wresinski, quien viajó a Guatemala para tratar el asunto. Fui testigo, cuando los sacerdotes católicos Ramón y José se reunieron. Firmaron en esa ocasión un convenio de cooperación en el que Módulos de Esperanza dio espacios para las oficinas del Cuarto Mundo en la llamada “Península”,  en  El Granizo, que incluyó una vivienda para los voluntarios permanentes, y esta entidad su colaboración para el trabajo de Módulos de Esperanza, entre estos la atención de la Biblioteca Chepe Calderón Salazar, que se inició con los libros que donó la crítica literaria Lucrecia Méndez de Penedo, días antes de una viaje para una estadía de varios años que con su familia tuvo en Italia.  Años después el Movimiento adquirió un inmueble en la zona 12, cerca de El Trébol, a donde trasladó su sede. Desde ahí coordina sus diversos programas, entre estos las bibliotecas de calle, el Festival del Saber, formación y capacitación, reuniones de familias, etc.

En la  visita del Padre Wresinski conversé con él, con la traducción del francés al español por parte de Gerardo. Recibí  invitación de ese personaje para colaborar con su Movimiento. Por la noche de ese día lo volví a ver en una cena que Tasso Hadjidoduo ofreció  en su casa del Centro Histórico de la ciudad de Guatemala. Fuimos seis  personas.

Hacer un recuento del trabajo constante, efectivo y valioso para la entidad, por parte de Tasso, como su Presidente por más de veinticinco años, llevaría muchas páginas, pero lo más importante es que lo desarrolló gratuitamente, sin importar los esfuerzos y el tiempo que le dedicó. Fui coprotagonista de ese periodo, ya que me convertí en asesor jurídico y en miembro de la junta directiva. Cargos que ya no ejerzo.

Las personas que en cualquier parte forman parte del Movimiento ATD Cuarto Mundo son miembros en cualquiera de cuatro categorías: Familias militantes:  grupo de personas atendidas. El concepto que se tiene de familia no es el tradicional. Se ha comprobado que muchas personas que viven en extrema pobreza se estructuran de distintas formas para poder sobrevivir.  Voluntarios permanentes:  personas de cualquier país, ideología, religión o credo, que deciden dedicar todo su tiempo al Movimiento, sea en Francia, en otro país o lugar, y en cualquiera de sus proyectos, entidades o programas.  Aliados:   personas que  dedican un tiempo  a desarrollar los objetivos del Movimiento. Cada uno escoge su involucramiento y la forma de hacerlo. Es una forma de voluntariado distinto al de los voluntarios permanentes. En algunos casos son intermediarios o puentes con otros sectores de la sociedad y con autoridades de gobierno.   Amigos del Movimiento: quienes simpatizan y apoyan ocasionalmente a las actividades del Movimiento. Colaboran en distintos proyectos. Algunos de los aliados y amigos son miembros de derecho de las respectivas entidades. Las asociaciones locales trabajan de acuerdo con los delegados del Movimiento Internacional en cada país. Estos coordinan el trabajo de los voluntarios permanentes.  A estos se les da donde vivir y para su mantenimiento el equivalente al salario mínimo que se tiene en cada lugar.  Se les paga además los pasajes para que viajen a sus respectivos países cuando es necesario o a reuniones internacionales del Movimiento, sea en Francia o en otro país. En ocasiones también militantes, aliados y amigos son invitados a reuniones internacionales, o a formar parte de comités.

El movimiento Cuarto Mundo nació a fines de los años cincuenta en Noisy-le Grand,  un suburbio de París, cuando el padre Joseph Wresinski llegó como capellán. Descubrió un mundo de marginalidad, con personas que vivían en extrema pobreza, en chabolas, carentes de servicios esenciales, desprotegidos y con los problemas que se generan para quienes viven en esas condiciones. Esta situación le recordó su niñez en Angers, en donde  junto a su madre  y hermanos vivió en condiciones parecidas. Parte de su vida la narro en el libro “Las utopías aún son posibles, Joseph Wresinski, una solución para América Latina”, que publiqué en el año 2007, como resultado de mi estadía en el centro de documentación que lleva el nombre de ese personaje, situado en Baillet en France, en el noroeste de París.

 La presencia del padre José, en la localidad indicada, lo llevó a trabajar de cerca con las personas, a escucharles, a darles voz. Se prometió así mismo que un día los llevaría a las gradas del Eliseo para que fueran escuchadas. Descubrió que tenía que crear una entidad para trabajar con ellos, sin paternalismos, en la que  las familias explicaran de sus necesidades, de sus sueños y esperanzas. Que entre todos cambiaran su futuro.  Construyó con ellos en dicho barrio una sencilla pero hermosa capilla para  oficios religiosos, a la que se le incluyó un vitral de un artista famoso. Siempre insistió que todas las personas, sin excepciones, tienen derecho a disfrutar de las expresiones del arte.  Poco a poco, con el apoyo de personas que llegaron a ayudarle, estructuró las bases de un movimiento laico, en el que podían hacerse voluntarios, renunciando a sus comodidades, viviendo junto a las personas de la comunidad, casi en las mismas condiciones.

A su movimiento le puso ATD Cuarto Mundo, para dar a entender que su entidad estaba con las personas más excluidas de la sociedad. Al crecer el Movimiento se sumaron más personas. Les pidió a algunas de ellas que no renunciaran  a su trabajo ni a su estatus social, porque serían puentes con otros sectores. Recibió  apoyos financieros y propiedades en las que construyó  las distintas sedes en Francia. A pesar de su vida,  rica en compromisos y de sueños, participó como miembro en el Consejo Económico y Social de Francia. Incidió para que esta entidad emitiera un informe que lleva su apellido, que generó normas e instituciones de beneficio social. Logró, además, que ATD Cuarto Mundo tuviera relación directa con la Unión Europea, Unesco, Organización de Naciones Unidas, entre otros organismos internacionales. A él se debe que el 17 de octubre haya sido declarado como el Dia de Lucha contra le Extrema Pobreza. Falleció en 1988.

La entidad trascendió fronteras y fue así como llegó a distintos países. Se crearon además centros de investigación, medios de comunicación, estudios, publicaciones, proyectos y programas concretos para las distintas realidades y medios, pero sin perder el objetivo principal del Movimiento. Su estructura actual es una telaraña, que entendí cuando viví un tiempo en la sede central, como indiqué antes, por la invitación que me hizo Eugene Brand, uno de los integrantes de la Delegación General, órgano superior del Movimiento. La ocasión se dio  en junio del 2006, cuando el Ministro Manuel Salazar Tzaguic prescindió de mis servicios  en el Ministerio de Cultura como asesor de su despacho. Decidí  viajar a Francia, pagué mi pasaje y allá se me dio alojamiento y alimentación.

Dejé mi oficina profesional a cargo de Juan Francisco Peque. Fue un tiempo hermoso, de conocimiento, que me preparó para acontecimientos difíciles que se dieron en mi familia, que se iniciaron cuando estaba en ese país, que nos descalabró financieramente. No fui responsable.  Tuvimos que vender bienes inmuebles y una parte del fundo rural que heredamos de nuestros padres. Fue una etapa muy dura  que duró casi una década.

Hoy, desde mi retiro de una  vida activa  en entidades y programas colaboro poco con el Movimiento. Disfruto de mis años dorados. En paz y con plenitud.  El año pasado, en una reunión que se realizó en Senegal, terminó mi tiempo como miembro del Comité Internacional 17 de Octubre.  Hace años fui electo como miembro de dicho Comité, al igual que Carolina Escobar Sarti. Ella continúa por un tiempo más. Cuarto Mundo y Módulos de Esperanza me enseñaron para ser mejor persona. A dar y a darme.

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