El gusto por diccionarios, tesauros, manuales y otros textos de referencia es, en mi caso, una dependencia. Amo estos tomos pesados que nos permiten viajar a través del tiempo y del cosmos, así como ampliar nuestros conocimientos. Más que herramientas u objetos de culto, son compañía invaluable en los caminos de la vida.
Entre los libros de este tipo que guardo con especial cariño, están el Diccionario de símbolos de Juan Eduardo Cirlot, el Dicccionario de los sentimientos de José Antonio Marina y Marisa López Penas, que conviven lomo a lomo con el Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana de Joan Corominas y el Thesavruvs Verborv Vocabulario de la Lengua Cakchiquel v[el] Guatemalateca de Fr. Thomas Coto. Y por supuesto, en ese estante tan selecto, ¡cómo no!, los dos tomos publicados originalmente en 1967 por Editorial Gredos, del Diccionario de Uso del Español de María Moliner, a quien tengo en mi altar de grandes mujeres, junto con santa Teresa de Jesús y muchas más.

Hace varios años, gracias a la amable gestión de mi querida MC, leí El exilio interior, la vida de María Moliner, de Inmaculada de la Fuente, publicado por Turner en 2011, y quedé prendada de esta mujer, quien desde muy joven luchó por formarse académicamente y junto con la República Española, trabajó arduamente por llevar la educación y la cultura a los rincones más pobres de España, adhiriéndose a las Misiones Pedagógicas que ella describió como “una empresa de justicia social destinada a paliar el abismo inmenso que, en general, separa en nuestro país la ciudad de los centros rurales, y a favorecer una distribución más uniforme de la cultura. Su convicción de que la educación mejoraría las condiciones de vida de la población la llevó a participar en montar una red de bibliotecas donde toda la gente pudiera acceder a la lectura. En ese contexto, publicó un manual titulado Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas que al día de hoy sigue teniendo vigencia.
María Moliner es para mí un ejemplo de mujer tenaz, valiente, decidida que, después de sus cincuenta años, y en tiempos de represión y censura, llevó a cabo un proyecto de gran envergadura que ha contribuido a ampliar nuestra mirada sobre las relaciones entre las palabras, las cosas y nosotras. Su Diccionario de Uso del Español nos ofrece aplicaciones eficientes del lenguaje, trayéndolo al plano de la cotidianidad. No se trata de significados o definiciones rígidas, sino de familias de palabras que conforman un tejido extenso. El sentido social de la lengua, cambiante y dinámico. Como dice Inmaculada de la Fuente: “Más que un mundo de palabras, es una interpretación del mundo a través del idioma.”
Recientemente, gracias de nuevo a los favores de mi querida MC, leí Hasta que empieza a brillar, una biografía novelada escrita por Andrés Neuman, publicada por Alfaguara en febrero de 2025, sobre nuestra admirada maestra de las palabras y de la vida. La estructura de la narración nos permite acercarnos a María de niña en su pequeño pueblo de Paniza, luego como estudiante en Zaragoza, de joven en el archivo de Simancas, más tarde en Madrid y en Valencia, al final de la República. Y de vuelta a Madrid, en un tiempo gris.

El relato de Neuman es muy creíble y ameno, aderezado con imágenes hermosas, por dolorosas que sean, como: “…el aire se había llenado de alfileres” en referencia al regimen franquista que quemaba setenta toneladas de libros. Desde una familiaridad íntima, describe a una niña que vive el abandono del padre que se marcó a Buenos Aires, a una joven que enfrenta a una sociedad machista, y más tarde, a una madre trabajadora, con cuatro hijos, que lidia con los quehaceres domésticos; una intelectual activa, involucrada en las transformaciones de su tiempo, posteriormente sometida a depuración “por roja”, condenada al ostracismo y degradada en su escalafón -18 niveles-, además de quedar inhabilitada como funcionaria pública en cargos de relevancia.
Y que, no obstante, retoma su camino en la construcción de un monumento filológico de miles y miles de fichas escritas a mano que se articulan en más de ochenta mil entradas, con una información que amplía el estrecho horizonte de la Real Academia, institución autonombrada rectora de la lengua española, que rechazó su ingreso a ese espacio que, al día de hoy, se opone a incorporar términos igualitarios e inclusivos.
Neuman, quien cuenta con amplio reconocimiento internacional, introduce a manera de fichas, algunos términos del diccionario, como república, política, coito, patria, amor, y hace la reflexión que implicó para María examinar el lenguaje desde una perspectiva que buscaba abrir horizontes y nombrar los fenómenos en su complejidad. Puedo entender las vivencias que ha de haber tenido esta mujer al acuñar los términos que permitieran al público acercarse a las palabras sin el acartonamiento impuesto por la academia, para disfrutarlo en toda su riqueza.
Mi Diccionario de usos da muestras de su gran utilidad: tengo pegadas banderitas, he hecho subrayados y destacados en varios conceptos que me parecen fundamentales. Cada vez que lo abro, me permito navegar de palabra en palabra, para degustar su sabor, su sonido, su sentido. Mujer, libertad, sexo, melancolía, por ejemplo, abren infinitas posibilidades que dejan claro cómo la lengua y la cultura se entreveran y transforman. Recomiendo hacer estos deliciosos recorridos por el Moliner para enriquecer el vocabulario de manera gozosa y ampliar las miradas sobre el mundo.
Gracias al relato de Andrés Neuman, podemos imaginar con más claridad el mundo de doña María, inmerso en aquellas tarjetitas que iban reproduciéndose por todos los rincones de la casa, y el constante juego de palabras que llenaba su cabeza y su vida.
Sobre María Moliner hay mucho publicado: ópera, teatro, documentales, artículos y libros que dan cuenta de sus quehaceres y su recorrido. En Hasta que empieza a brillar, podemos acercarnos también a los sentires y pareceres de quien nos dejó más que su Diccionario de uso del Español, la historia vivida de una mujer sencilla, sin adornos, cuya inteligencia, corazón y fuerza se pusieron a disposición de la humanidad en un libro invaluable conocido como El María Moliner.
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