Javier Payeras. Foto: Javi del Cid
Fue precisamente durante el ocaso del siglo XX y los albores del XXI, cuando la voz literaria de Javier Payeras (Guatemala, 1974) comenzó a escucharse con más fuerza. Su nombre se identificó con la que fue la llamada Generación posguerra. Poco a poco, su obra ha trascendido fronteras. Una prueba de ello es La primera versión de la luz, un libro recopilatorio de 25 años de su quehacer como poeta que será publicado a finales de mayo, bajo el sello de la editorial Efímera de la Universidad Autónoma de Honduras, con el auspicio del Festival de Internacional de Poesía Los Confines.
La obra será una edición de lujo que, según señalan los editores, forma parte de la colección Il miglior fabbro, donde se publican voces relevantes de la poesía hispanoamericana como las de Juan Carlos Mestre, Alfonso Quijadurías, Juan Manuel Roca, María Baranda y Osvaldo Sauma, además de autores en otros idiomas como Robert Pinsky o los ganadores de premios Pulitzer, Tyehimba Hess o Forrest Gander.
Acerca del encuentro literario que auspicia a la editorial, Payeras señala: “Es curioso porque es un festival de un nivel muy alto que se hace en un pueblo muy pequeño”, enfatiza. Este año se celebrará del 21 al 25 de mayo en las ciudades de Gracias y Copán Ruinas.
Payeras escribió el siguiente prólogo para ese libro:
Veinte años de poemas concluyen en una lenta y pudorosa lectura. Me propuse no mover una sola palabra, un solo punto, una sola coma. Son los vestigios del tiempo, mi tiempo, el tránsito entre lo que anoté siendo un joven escritor con otro tipo de ambiciones y al hombre que soy actualmente, un ermitaño que serenamente cumple sus rutinas domésticas, sobria y silenciosamente; es por demás común que aquellos que hemos tenido descensos al mismo infierno, comprobemos eso que Dante Alighieri describe en su Comedia: el fin del mundo es una helada y oscura eternidad.
Javier Payeras
Algunos poemas siguen esperando en mi ordenador y en mis cuadernos. Sé que no se trata de incluirlo todo, eso sería un abuso de vanidad, prefieron aguardar la aprobación de una espera que me permita ser un poco más sabio, un poco más lector, un poco más poeta.
A falta de un nombre mejor, opté por Primera versión de la luz, porque creo que escribir es despertar, no soñar. Es la luz que atraviesa las cortinas y nos anuncia un nuevo día, es la paciente curiosidad de lo que vendrá y el ruido que invade todo lo que nos rodea, aunque podría decir con más claridad que la poesía no está en lo que escribimos sino en lo que decidimos experimentar, lo que seleccionamos escuchar, ver, sentir, tocar… escribir poesía no es otra cosa que darle una segunda oportunidad a todo lo que perdimos en el camino.
Sobre el proceso que conllevó realizar esta selección, el autor indica: “La poesía es darle una segunda oportunidad a lo que perdimos. Yo he perdido muchas cosas en la vida. Regresar a lo que he perdido fue doloroso, pero liberador también”. Añade que, “a pesar de todo lo que uno vive: errores, cosas acertadas, trabajo y decepciones, vas dejando vidas, libros, textos… Creo que si algo va a perdurar de todo esto va a ser la humanidad y la sinceridad. Mis libros siempre fueron escritos con mi verdad”, enfatiza.
Evolución y contextos
Ese viaje al pasado para reencontrarse con piezas poéticas producidas en distintas etapas, llevan al autor a un inevitable análisis de los contextos en los que las produjo y los cambios que se han dado en la sociedad, a partir del momento de sus inicios. “Entre los años 90 y hasta cerca del 2010, hubo experimentos con el arte bastante transgresores, hasta que se instala un nuevo orden mundial, donde se cooptan estos discursos para borrar todo lo que fuera ‘ofensivo’ y al hacer esto, conviertes a la humanidad en un rebaño de gente que no está acostumbrada a ver la realidad”. Payeras no puede evitar ver similitudes de estos cambios con lo que sucede en la novela distópica 1984, de George Orwell, en la que un gobierno totalitario se propone controlar el pensamiento y acciones de sus ciudadanos.
“Los de mi generación que ya estamos transitando los 50 años, pronto vamos a ser viejos… fuimos testigos de la transición de lo analógico a lo digital. En nuestra juventud, publicar un libro era importante, leíamos periódicos impresos”, detalla. “Yo vi la caída del Muro de Berlín a los 15 años. Luego empecé a ver la llegada del Internet y después las redes sociales y más adelante, empecé a ver cómo se desmoronó todo el proyecto social en función de esta sociedad actual totalmente hipnotizada por la pantalla”, abunda. Payeras señala que el título del libro Apocalípticos e integrados, de Umberto Eco podría ser el nombre que mejor define a su generación. “Vimos el fin del mundo (como lo conocían) y luego nos integramos a un nuevo orden de este mundo”, resume.
Un trayecto hacia la transformación
Las primeras incursiones significativas de Javier en el mundo de la cultura comenzaron en el marco de la Casa Bizarra, un espacio cultural que duró cerca de dos años, en el que convergían músicos, escritores y representantes del ya para entonces identificado como “arte urbano”. Ahí también surgió la editorial Mundo Bizarro, liderada por Simón Pedroza y el propio Payeras, que brindó la posibilidad de publicar a plumas emergentes.
En 2000, Payeras fue cocurador del festival Octubre azul en el año 2000, director de la Fundación Colloquia de Arte Contemporáneo. Entre otros espacios, en los años siguientes trabajó en el Ministerio de Cultura y Deportes y en Departamento de Apoyo a la Creatividad, dirigió el proyecto Crea que brindaba apoyo a diversas expresiones de arte.
Mientras tanto su bibliografía siguió enriqueciéndose. Entre sus obras se destacan las novelas Imágenes para un View-Master (2011), Limbo (2011), Días amarillos (2009) Afuera (2006) y Ruido de fondo (2003). Su poesía cuenta con títulos como Slogan para una bala expansiva (2015), Fondo para disco de John Zorn (2013), Déjate caer (2012), La resignación y la asfixia (2011), Postits de luz sucia (2009) y Soledadbrother & Relatos de autodidactas (2003). En cuanto a ensayos, ha publicado Biografía de la imaginación (2022), La región más invisible (2015) y Lecturas menores (2008).




“He escrito impulsivamente y mi pasión me ha llevado a escribir de forma muy libre”, admite. Entre las casas editoras que han difundido su obra se encuentran Editorial Cultura, Magna Terra, Catafixia, Editorial X, Mundo Bizarro y Morales Santos Editores, entre otros. “He tenido la posibilidad de ser publicado en un país donde no se publica y eso ya es un milagro. Tengo un gran agradecimiento porque fue ese aprecio de editores valientes que apostaron por mí por lo que esa parte de mi vida lo tengo ahí”, destaca.
El escritor define sus novelas como testimonios de distintas épocas. “Ruido de fondo es testimonio de una época, igual que lo son Días amarillos y Limbo”. Pronto a los frutos de su narrativa se unirá El idioma de la lluvia, que será publicado por Morales Santos Editores y según el autor retrata pasajes tanto de la infancia como de la edad adulta, duelo y la pérdida de la madre.
“Soy alguien que camina y escribe desde lo que observa. Pienso que mi literatura es básicamente observación”, subraya. El escritor indica que lo que más valora es la independencia y que si un mérito se atribuye es el no estar contaminado. En la actualidad trabaja independientemente, pero admite que en sus empleos tampoco tuvo restricciones. “Tuve una columna en Siglo XXI por 15 años, y trabajé en lugares como en el Ministerio de Cultura y nunca me condicionaron”, revela.
Otra de sus convicciones es no escribir desde el victimismo. “Hay que empezar desde nuevas formas de narrativa y de pensamiento. El victimismo no es una forma de pensamiento, es acrítico y autocompasivo. Ya no hay que pensar así. Tenemos que entender que el mundo nos está derrotando a los pensantes, entonces, hay que responder a la altura”, asevera.
Confiesa que, habiendo empezado a escribir muy joven, hay algunos de sus escritos que hubiera querido no publicar como lo hizo. Sin embargo, sabe que fueron parte del proceso. Además, refiere que ha experimentado una evolución. “En la poesía que yo escribía hubo una etapa de excesos, dolor, rabia… pero como dice Borges, uno tarde o temprano entra en un proceso en el que quiere algo que lo reconcilie con la vida”. En la revisión de su obra identificó distintas visiones: “Lo que pude ver fue la mutación de esa visión analista punk, pasar a un plano reflexivo de mi escritura y ahora de más contemplación y meditación”, puntualiza.
Señala que, en la actualidad, incluso, su búsqueda lo lleva a reducir las palabras al mínimo. “Dejar una poesía cribada muy puntual de dos o tres líneas, quizás, pasar por el haiku japonés. Es decir, un modelo epigramático, limpio, sin excesos”, describe. En ese sentido, tiene como referencias lo logrado por autores como Luis Alfredo Arango o Humberto Ak’abal. “Una poesía que vaya al tuétano, muy directa”, define.
Expandir universos
En el ejercicio de la libertad de Javier Payeras, su quehacer como escritor no limita otras facetas artísticas, especialmente las artes visuales, en las que se inició paralelamente con la escritura. Algunos de sus proyectos de los últimos tiempos se centran en reestablecer una vinculación entre la escritura literaria y las artes visuales. “Conversábamos con Méndez Vides y me decía que ese camino se rompió hace mucho”, cuenta. Indica que no se trata de hacer crítica ni curaduría, sino más bien de volver a “poetizar las artes visuales”, indica.
“Pienso en autores como Cardoza y Aragón u Octavio Paz, que dedicaron su vida a escribir libros sobre artistas”, refiere. De Luis Cardoza y Aragón, Payeras destaca el libro José Clemente Orozco yLa nube y el reloj: pintura mexicana. En cuanto a Octavio Paz pone como ejemplo el libro llamado Los privilegios de la vista.
Payeras también recuerda el trabajo de la escritora y crítica de arte argentina-colombiana Marta Traba, de quien dice, “escribía literariamente, no técnica, ni sociológicamente como se hace ahora, cuando todo se quiere meter o encajar en lo antropológico”.
Hace notar que en la actualidad se piensa que debe dársele primacía a determinados grupos y con ello, dice, se encasilla el arte de una forma paternalista. “Me pregunté, ‘¿por qué poner a un artista guatemalteco a que hable de él de una forma antropológica, sociológica o política, y por qué a un artista alemán lo pones a hablar desde la filosofía, la lírica y la metafísica? Me cuestioné y me dije: necesitamos poetizar nuevamente, el espacio visual”.
Payeras señala que los discursos que han sustituido a esa forma de ver el arte, «vienen financiados por la CIA, por congresos internacionales, por el gobierno estadounidense, donde se definen las políticas académicas dentro de los campus». Indica que, a través de financiamientos, se «domestica la rebeldía», y refiere a Mario Vargas Llosa, cuando en 1990, en un discurso realizado en una conferencia en México, habló de que ese país era «la dictadura perfecta», donde en vez de castigar la rebeldía, se financia y de esa manera se le quita fuerza. «La forma más poderosa del arte es la independencia. Cuando ya no dependes de organizaciones, ni de agendas, ni discursos, empieza a surgir un nuevo arte», anota.
Entre los creadores guatemaltecos con quienes ha trabajado se cuentan Luis González Palma, Darío Escobar, Diana de Solares, Estefanía Vals, Inés Verdugo, Erica Muralles Hazbun, Lourdes de la Riva, Regina de Batres y Rudy Cotton. “No se trata de escribir un trabajo curatorial sino hacer una expansión de su obra a través de la literatura”, subraya.

También ha colaborado en el Museo de Aguascalientes, con Ismael Rodríguez y con cineastas como Juan Manuel Sepúlveda, en México. Esto le ha permitido conocer distintos aspectos de la cultura. Además, ha tenido experiencias en Sudamérica. «Esto te genera un campo de acción, tanto para dar clases. Ahora doy clases en la escuela de cine Casa Comal, donde mis alumnos tampoco están en Guatemala», cuenta.
En la actualidad, trabaja en libros de arte, de la colección Rizoma de la editorial Piedrasanta. El año pasado se publicó El color de la poesía: un diálogo entre Ak’abal y González Goyri, en el que Javier escribió un prólogo. El próximo proyecto de dicha colección será el dedicado a Miguel Ángel Asturias, que según comparte Payeras, “es bastante complejo”. Participan más de 20 artistas guatemaltecos de la Fundación Rozas-Botrán. “El trabajo lo hicimos a partir de una lectura intensiva, en un taller intensivo para entender que Asturias no es un escritor folclórico, sino que en su momento fue la vanguardia”, detalla.

Destaca que era importante que los artistas participantes comprendieran que Asturias perteneció a una generación que llegó a un París de la posguerra. “Octavio Paz y los demás llegaron 20 años después. Pero Cardoza y Aragón, Asturias, y poco antes Enrique Gómez Carrillo y Rubén Darío, llegaron a una Francia pobre, traumada por la guerra”. Su idea es que cada uno de los participantes en el proyecto pueda involucrarse en el sentido de la creación de Asturias y “meterte en esa búsqueda experimental, del inconsciente y lo extraño”. En ese sentido, añade: “Existe un poema del japonés Matsuo Bashō que dice que no hay que imitar a los maestros, sino buscar lo que ellos buscaron”, añade.

Honrar un legado
Uno de los proyectos que más entusiasman a Javier Payeras, en la actualidad, es el trabajo de exaltación de la obra poética de Mario Payeras. Este libro, que trabajó junto a Yolanda Colom, será publicado en el transcurso de este año por el Fondo de Cultura Económica.
“Con Yolanda nos sentamos y hablamos acerca de qué capítulos y qué libros íbamos a organizar. Un solo texto donde se pueda ver lo mejor de la obra de Mario”, expresa. “La idea es que se vea a Mario desde una perspectiva muy distintas en las nuevas generaciones. Como poeta, escritor, pensador, filósofo y ecologista”, detalla.
Indica que a Mario Payeras se le ha publicado en muchas partes de Latinoamérica, pero en esta ocasión, “va a pesar más el tema de su obra como artista, como alguien que trabajó dentro del lenguaje. Tiene poesía, novelas, fragmentos de sus ensayos. No se puede publicar toda la obra porque sería enorme, además está comprometida… la obra de Mario no es extensísima, pero sí es de gran calidad”, indica.
En el libro, Yolanda Colom escribió un epílogo en el que brinda detalles de la vida del autor, mientras que, en el prólogo, Javier explica las decisiones que debieron tomarse en el proceso de selección de las obras. Ambos, Yolanda como compañera de vida y Javier como sobrino, tienen una perspectiva privilegiada del autor fallecido en 1995.
Las paradojas de la virtualidad
Payeras tiene muy claras las ideas acerca de la manipulación que se ejerce a través de las redes sociales. “Todo lo que aparece en las redes sociales lo damos como una verdad la poeta Audre Lorde, que dice se debe tener claro que ‘las herramientas del amo no van a destruir la casa del amo’. Si tú crees que a través de las herramientas que están poniendo a tu alcance las personas a las que estás criticando van a actuar contra ellas, estás perdidísimo y eres la persona más ingenua del mundo”, anota.” Esas herramientas están hechas para erigir más pilares dentro de los imperios. Tú puedes ser muy crítico y salivar con rabia contra lo que sea en TikTok. Pero si fueras alguien con algún poder, estarías preso”, añade.
El escritor cuestiona también la manera en la que muchos usuarios de las redes exponen su intimidad. “La ida de que todo lo personal es público es tan absurda, porque al fin y al cabo con promocionar que todo lo que te pasa a ti en la cabeza, lo único que haces es mostrar hacia donde se dirige tu pensamiento y desde ahí te van a atacar”, añade.
Paradójicamente, es precisamente en el ámbito virtual en el que Payeras ha encontrado las posibilidades para expandir sus conocimientos. Cuenta que luego de toda la revolución que fue la pandemia, debió integrarse al mundo digital. “Yo era totalmente analfabeto tecnológico. Sin embargo, al ingresar a sesiones virtuales para poder dar clases, me di cuenta de que, eso, más que generar depresión, debería verse como una oportunidad, entonces, tímidamente me abrí a dar tutorías y cursos en línea”.
Esa nueva apertura le permitió conectarse con gente de distintas partes del mundo. Sus alumnos provenían de lugares tan distantes como Europa del Este, España, Dinamarca, Francia, Estados Unidos, y también de Centro y Sudamérica. Esta experiencia lo convirtió en un maestro nómada. “Yo no puedo que trabajo en Guatemala. Yo voy con mi computadora a donde sea”, expresa.
Además de expandir horizontes, Payeras comparte conocimientos a través de cápsulas literarias y filosóficas en sus redes sociales (javierpayerasfanpage /Javier Payeras – YouTube). Hace algunos meses realizó entrevistas con creadores de contenido, como Julia Buenaventura, Alejandro Acosta y El Feo, que él considera, que, por medio de las redes sociales, están reforestando el pensamiento crítico.
A pesar de que, en muchas áreas, Payeras considera que ha habido un retroceso, al ver al futuro señala que se producirá un “reset” y volverá la poesía en su estado más puro. “Pienso en el YouTube y los podcasts como lo que sucedía en la Atenas de Pericles, donde había un aula abierta. Donde la gente llegaba a escuchar a los pensadores”.
Para lograr eso, señala, en Guatemala se debe volver la mirada a los «tanques de pensamiento» como Margarita Carrera, Luz Méndez de la Vega o Cardoza y Aragón, y los escritores deberían buscar hacer algo que esté, intelectualmente, a esas alturas.
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