Cardenal en Suecia: poesía, solidaridad y traducción

Llegó primero como exiliado y voz de la resistencia anti somocista, luego como representante cultural de la revolución sandinista y, más tarde, como Ministro de Cultura en 1986 cuando participó en una multitudinaria gala de solidaridad con Nicaragua en el estadio Johanneshov de Estocolmo, ante miles de personas.

Jaime Barrios Carrillo

abril 5, 2026 - Actualizado abril 4, 2026

La presencia de Ernesto Cardenal en Suecia no fue episódica ni meramente literaria, sino formó parte de una relación profunda entre un amplio sector la cultura sueca y el proceso político, espiritual y poético de Nicaragua, durante una época específica (1970-1990). Ya a fines de los años sesenta, cuando Cardenal aún no era una figura mundial, su obra comenzó a circular tempranamente en traducción sueca, algo excepcional para un poeta latinoamericano de su generación.

Para la crítica y el lector sueco impactó ese triángulo equilátero de la lírica de Cardenal a través de sus textos que unen el exteriorismo, la teología de la liberación y una visión mística de la historia basada en el amor.

La primera traducción data de 1969, con la publicación de Latinamerikanska psalmer (Salmos) en traducción de  Lars Thunberg, donde Cardenal reescribe los salmos bíblicos desde una perspectiva contemporánea, política y liberadora. Ese libro introdujo al público sueco en una poesía que unía fe, denuncia y lenguaje directo, y marcó el inicio de una recepción sostenida de su obra en Escandinavia.

Durante las décadas de 1970 y 1980, varias editoriales suecas —entre ellas Gummessons y Hjulet— publicaron libros de Cardenal, traducidos por distintos especialistas y poetas, lo que demuestra que su recepción no fue circunstancial, sino plural y duradera. Aparecieron entonces En bok om kärleken (Vida en el amor, 1971), traducido también por Lars Thunberg, un libro de meditaciones donde la mística cristiana se entrelaza con la reflexión sobre el amor humano y la creación. Y Jag ser. Ett nytt Nicaragua (Veo una nueva Nicaragua, 1981), una obra híbrida, a medio camino entre el diario espiritual y el testimonio político, construida a partir de recuerdos y reflexiones nacidas en la experiencia comunitaria de Solentiname e ilustrada con fotografías históricas de la isla y reproducciones a color de loa cuadros pintados por los campesinos de la isla. El texto fue traducido por el poeta sueco Lasse Söderberg. Recordamos el recital en La Casa de la Cultura de Estocolmo en 1986 donde Cardenal leyó también su famoso poema Oración por Marilyn Monroe, acompañado de su traductor Lasse Söderberg que leyó su versión al sueco.

A comienzos de los años ochenta se publicaron también textos de fuerte carga política. Timmen 0 och andra dikter (La hora 0 y otros poemas, 1983), en edición bilingüe de los traductores  Ingemar Leckius y Mikaela Leckius y participación de Arthur Lundkvist, poeta traductor y miembro de la Academia Suecia. Este poemario acercó al lector sueco la poesía revolucionaria de Cardenal, marcada por la historia latinoamericana, la crítica al imperialismo y la épica popular. Poco después apareció Evangeliet från Latinamerika (El Evangelio de Solentiname, 1984), versión sueca de Peter Landelius y Estrid Tenggren, donde se recogen los diálogos bíblicos entre campesinos y pescadores, una de las experiencias más radicales del cristianismo de liberación.

Estas traducciones de los Leckius, Lars Thunberg, Peter Landelius, Astrid Tenggren y, más tarde, Lasse Söderberg, uno de los grandes mediadores culturales entre América Latina y Suecia. Söderberg no solo tradujo a Cardenal con notable sensibilidad poética, sino que contribuyó decisivamente a consolidar su prestigio en el ámbito literario europeo, situándolo no solo como poeta revolucionario, sino como una voz espiritual y universal.

Cardenal visitó Suecia en varias ocasiones y se le llegó a mencionar como posible candidato al Premio Nobel de Literatura. Llegó primero como exiliado y voz de la resistencia anti somocista, luego como representante cultural de la revolución sandinista y, más tarde, como Ministro de Cultura en 1986 cuando participó en una multitudinaria gala de solidaridad con Nicaragua en el estadio Johanneshov de Estocolmo, ante miles de personas. Allí leyó su poesía en un acto que tuvo consecuencias concretas: el evento contribuyó a impulsar el apoyo cultural estatal sueco a Nicaragua, en un momento clave del proceso revolucionario. El evento reunió a músicos, poetas y artistas suecos comprometidos con América Latina. Cardenal leyó su poesía y Wiehe actuó como una de las figuras centrales del concierto.

La combinación de música y palabra convirtió aquella noche en un acto político y cultural de gran impacto. Wiehe no solo fue un aliado activo del proceso nicaragüense, sino que reconoció públicamente a Cardenal como una fuente de inspiración ética, política y artística.

Para Wiehe, la figura de Cardenal encarnaba una forma especial de coherencia: la del poeta que no separa la palabra de la acción. En diversos textos y testimonios, el músico sueco ha recordado cómo la poesía de Cardenal —directa, concreta, profundamente humana— le mostró que el arte podía ser al mismo tiempo bello, comprometido y popular, sin caer en el dogma ni en la consigna vacía. La influencia de Cardenal se percibe en la dimensión solidaria y latinoamericanista de la obra de Wiehe, así como en su convicción de que la cultura tiene una responsabilidad social ineludible.

Así, la relación entre Ernesto Cardenal y Mikael Wiehe ilustra mejor que cualquier discurso la dimensión internacional del poeta nicaragüense: su palabra cruzó lenguas y fronteras, influyó en creadores de otras tradiciones y se convirtió, también en Europa, en una fuente viva de inspiración, solidaridad y resistencia cultural.

Su figura condensaba entonces varias dimensiones: sacerdote, poeta, revolucionario y símbolo ético. Pero la relación de Cardenal con Suecia no terminó con la revolución. Ya en el siglo XXI, regresó a la Feria del Libro de Gotemburgo en 2008 como un poeta anciano, acosado ahora por el régimen de Daniel Ortega, convertido en aquello contra lo que se había luchado. Cardenal declaró entonces a la prensa que Daniel Ortega había secuestrado y traicionado a la Revolución Sandinista, la que veía como irremediablemente perdida. Ya era abiertamente perseguido en Nicaragua donde le régimen le abrió un proceso judicial fabricado por asuntos de la propiedad de Solentiname. En ese último ciclo, fue recibido no como ministro ni como dirigente, sino como lo que siempre fue en el fondo: un poeta fiel a su conciencia.

La temprana traducción de su obra, la constancia editorial, la presencia en actos masivos y la atención crítica que recibió en Suecia confirman que Ernesto Cardenal no fue leído allí solo como un poeta latinoamericano, sino como una voz universal, capaz de hablar, desde Nicaragua, a las grandes preguntas éticas, políticas y espirituales de nuestro tiempo.

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