Imagen de la Virgen del Rosario de Santo Domingo muestra la media luna del Islam. Foto: Facebook de Radio Renacer.
El templo de Santo Domingo de la Ciudad de Guatemala, ubicado en la 12 avenida y 10ª. calle de la zona 1, es el escenario de una de las mayores fiestas católicas del país durante el mes de octubre, ya que se celebra a la Virgen del Rosario, patrona de la Orden de Predicadores o de los dominicos, fundada por Domingo de Guzmán y autorizada por el papa Honorio III en diciembre de 1216. Como lo expongo en la columna anterior, la tradición dice que la Virgen María se le apareció a Domingo de Guzmán en 1208 haciéndole dos peticiones: rezar el rosario y expandir dicha práctica. Esa es la razón por la que la Virgen del Rosario tiene el patronazgo de la orden de Santo Domingo, quedando establecida la fecha del 7 de octubre desde 1572 como el día de esta advocación mariana, por el papa Pío V, quien era dominico. La razón fue la victoria de la coalición cristiana occidental de la Liga Santa frente a contingentes del Imperio Otomano en la batalla de Lepanto, el 7 de octubre de 1571, acontecimiento que analicé en la columna anterior.
Desde su llegada al denominado Nuevo Mundo, es decir el continente americano, en el siglo XVI, los dominicos procuraron que la veneración a la Virgen del Rosario se propagara en el proceso de la colonización ideológica que la Iglesia y la dominación hispana llamaron evangelización, constituyéndose las advocaciones marianas como una vía central y efectiva para sus objetivos. Esto lo hicieron también los franciscanos por medio de la advocación de la Virgen de Concepción, por ejemplo, llegando a convertirse ambas representaciones de la Virgen María en íconos fundamentales del catolicismo en América Latina, lo cual se evidencia hasta el presente.

Debido a las altas capacidades económicas, políticas y sociales que desarrollaron estas órdenes religiosas en la época colonial hispana en América, sus templos y devociones convocaron a las distintas clases de la estructura social. En aquel momento, la Iglesia formaba parte de los grupos hegemónicos, pero también era la institución que mediaba entre los distintos sectores, incluyendo las clases, pesando más muchas veces los intereses de poder dominante y otras veces los principios teológicos y espirituales. Pero como fuese, el catolicismo era una vía segura para todas las personas que buscasen en el rito permitido la paz del espíritu y determinadas seguridades terrenales que eran propias del sistema colonial.
La representación femenina materna en la religión posee una significativa suficiencia para movilizar a los creyentes, porque integra las características fundamentales de la vida. De esa manera, los dominicos, que formaban parte medular de ese poder sistémico, fortalecieron la devoción a la Virgen del Rosario no sólo como un principio dogmático de su congregación, sino también porque las castas, los gremios y las clases sociales rinden culto a la figura de la madre como máxima representación que conecta con el sentido del mundo, incluso más que la misma idea de Dios que tantas veces se dogmatiza y queda solamente en el plano de los misterios teológicos y de la fe. No es que ello no exista en la figura de la Virgen María, pero al ser el camino humano para que el hijo de Dios, como redentor del mundo de acuerdo con los planteamientos del cristianismo, se convirtiera en un hombre, tiene una relación más cercana y hasta estrecha con la condición humana. De cualquier manera, la Virgen María permite esa identificación con el sentir y con el hacer de la persona común.
Desde esa posibilidad, la persona se acerca con una mayor soltura, generándose la relación de hijo / hija – madre sin que haya temor, sino consuelo y esperanza, al mismo tiempo que escucha amable y afinidad con las emociones y los anhelos. Y esto no está definido por más o por menos si se es de una clase social u otra, aunque posiblemente tenga más salidas a los problemas una persona que posea mejores condiciones materiales de existencia, lo cual tampoco es definitivo. Elementos como la felicidad no están condicionados necesariamente por contar con más propiedades, lo cual tampoco implica que la pobreza deba ser romantizada.
Y si bien durante todo del año existen rezos de personas enriquecidas y personas empobrecidas a la Virgen María en distintas partes Guatemala (y del mundo), en el mes de octubre en el templo de Santo Domingo de la capital guatemalteca puede observarse todos los días a las distintas clases sociales que en alta cantidad de visitantes convergen para llegar frente a la Virgen del Rosario. El peregrinaje es tan masivo, que la fila para subir al camarín de la imagen se mantiene larga la mayor parte del tiempo, pudiendo encontrarse a personas de clase alta con personas de clase trabajadora en los distintos estratos que las componen, interactuando, cada una en sus ritos, las capas medias, la clase alta y la clase popular en los mismos objetivos devocionales que provoca la representación mariana. Esto no significa que los rituales sean los mismos, no obstante existen varios que sí lo son. Puede observarse una piedad popular definida desde los diferentes sincretismos que no termina de ser aceptada y mucho menos ejercida por la clase alta; pasar una veladora o una candela por todo el cuerpo, por ejemplo, es un ritual popular que es visto con extrañeza, miedo y desprecio por sectores sociales hegemónicos o portadores de hegemonía, considerándolo hasta fuera de lugar y significándolo como no permitido. Pero muchas personas lo realizan frente a la Virgen del Rosario en ese mismo templo de Santo Domingo donde ricos, pobres y estratos medios de igual manera rezan el rosario, escuchan la misa y buscan la respuesta esperanzadora en la imagen de la Virgen.
A pesar de esos objetivos comunes, las diferencias no dejan de notarse: en la vestimenta, en particulares modos de ser y en las formas de interpretar el entorno. Para algunos miembros de las clases altas, es posible que esa sea de sus pocas visitas a la zona 1, al denominado Centro Histórico y a una celebración religiosa con altos caracteres populares. Sentarse a degustar la gastronomía de feria como las garnachas, los buñuelos, las tostadas, el atol de elote, los rellenitos, los panes con pollo, los dulces, las enchiladas, las dobladas, los tacos, y comprar el juguete o el recuerdo de tradición artesana, resulta para muchas de estas personas una experiencia de exotismo. Para las grandes mayorías es lo común, aunque por tratarse de una fiesta que se patrimonializa desde las lógicas de ciertos poderes resulte más caro que comer en una esquina de una calle cualquiera en un día normal. Pero la diferencia con la clase alta es que la clase trabajadora no ve ni siente esto como algo exótico. Aunque ambos sujetos sociales estén conviviendo en relaciones interclasistas en un mismo sentido convergente que es el de la devoción mariana, las diferencias subsisten y se evidencian. Pero los espacios de la Virgen se vuelven comunes para todos, sean de la clase que sean. El templo, el atrio y los alrededores en la feria son de la Virgen del Rosario y por la Virgen del Rosario, así sean negocio o no. Es tanta la trascendencia de la representación mariana, la cual en su naturaleza es maternal, que el templo fue elevado a Basílica Menor de Nuestra Señora del Rosario el 27 de septiembre de 1970, con apoteósica ceremonia presidida por el arzobispo, cardenal Mario Casariego, siguiendo la autorización papal. Es ese devocionario que se encuentra en todas las clases sociales el que generó que Paulo VI accediese a convertir la iglesia dominica en basílica. Y si el trabajador o el propietario de los medios de producción desean, con distintas vidas, pero con una misma tradición devocional, ir a ver a su Virgen del Rosario como una de las imágenes trascendentales del catolicismo histórico de Guatemala, deberán converger en el mismo templo, en la misma Basílica Menor, con los mismos olores y colores que les reciben, así como les recibe, de acuerdo con sus creencias, la imagen de la Virgen María. Tan importante como que haya sido nombrada Patrona de la Ciudad de Santiago de Guatemala y protectora contra terremotos en 1651 o que recibiese la corona pontificia con autorización del papa Pío XI el 28 de enero de 1934 en el atrio de la Catedral Metropolitana, y que ese acto fuera apoyado por el gobierno de Jorge Ubico que había encontrado un aliado importante en su campaña anticomunista al arzobispo Luis Durou y Suré y por ello utilizó estas actividades de religiosidad popular como fortalecimiento de la propaganda contra el comunismo, es el hecho de que el gobierno municipal de Óscar Berger nombrase a la imagen de la Virgen del Rosario de Santo Domingo Alcaldesa Perpetua de la Ciudad de Guatemala, en octubre de 1992, en el cuarto centenario de su veneración. Estos acontecimientos están relacionados con el poder, pero no hubiesen sido posibles si la imagen fuese solamente venerada por los grupos de poder. La clase trabajadora, tanto capas medias como las clases y grupos populares, constituyen el principal propulsor de los rituales de piedad a los que deben converger, al menos en octubre, también las clases altas. Otros días del año pueden conseguir separarse, pero no en octubre, porque aunque se mantengan las diferencias, la convergencia en el espacio de devoción es inevitable. Y la piedad popular, así como la gastronomía y demás elementos del pueblo, aunque resulten muchas veces exotizados, les abren la puerta a un mundo nuevo. Esta es otra característica histórica social de la Virgen del Rosario de Santo Domingo.
Tags: Portada Templo de Santo Domingo tradición Virgen del Rosario








