Las Brigadas Médicas Cubanas: el internacionalismo más humanista

Es cada vez más penoso que Guatemala demuestre con facilidad su precaria soberanía y casi nula autodeterminación. Llegar al extremo de no continuar con el trabajo de las Brigadas Médicas Cubanas es algo muy grave.

Mauricio José Chaulón Vélez

febrero 15, 2026 - Actualizado febrero 14, 2026

Desde que se conocieron en julio de 1955 en la casa de María Antonia González, ubicada en la calle Emparán e identificada con el número 49 en la colonia Tabacalera de la Ciudad de México, Fidel Castro Ruz y Ernesto Guevara de la Serna forjaron una amistad revolucionaria. Quien pronto será conocido como el Che se sumó esa misma noche a la expedición para derrocar a la dictadura de Fulgencio Batista y lograr un movimiento antiimperialista que llevase adelante una revolución. De las primeras conversaciones que registra la historia entre Fidel y el Che, el tema de la salud estuvo presente. El Che era médico e ingresó como el encargado de sanidad del grupo guerrillero, pero al mismo tiempo se destacó rápidamente como un valiente soldado y un eminente teórico político marxista, todo lo cual no fue pasado por alto por Fidel y por la dirigencia del Movimiento 26 de Julio, que era el hacedor de la lucha armada en el proceso revolucionario contra Batista.

En toda la planificación sobre cómo sería el nuevo Estado al ganar la Revolución, el tema de la salud era prioritario. Antes de 1959, Cuba se encontraba dentro de los países con mayores índices de mortalidad infantil a cualquier edad, tanto por la precariedad o la inexistencia de servicios médicos, como por enfermedades totalmente prevenibles. Por ello fue por lo que una de las primeras políticas revolucionarias fue estatizar, nacionalizar y administrar la salud desde el socialismo, incluso antes que la Revolución fuese declarada públicamente como socialista marxista-leninista. Para la Revolución Cubana, esto no significaba solamente hacerlo en su país, sino extenderlo a cualquiera que lo necesitara como un deber revolucionario.

En la historia, los procesos revolucionarios siempre comienzan en pequeños espacios. Han sido las características de los sistemas de dominación los que, de manera dialéctica, van generando que las luchas se amplíen. La modernidad capitalista no ha sido excepción. En su contexto, los movimientos sociales que se han enfrentado a las desigualdades han pasado de lo local a lo externo a través de diferentes vías. Una de las más importantes ha sido el internacionalismo.

Pensar el mundo en y desde la solidaridad revolucionaria, constituye el principio de las y los internacionalistas. No me refiero a la carrera académica de las relaciones internacionales, sino a internacionalizar las acciones revolucionarias y de solidaridad. Esto significa salir del espacio propio y dedicar a otros pueblos del mundo, en similares, iguales o peores condiciones, todas mis capacidades de apoyo. El objetivo del internacionalismo es coadyuvar a que las condiciones de vida de las y los otros mejoren, pero no desde visiones caritativas, de superioridad o céntricas, sino de lucha hombro con hombro. Lo que tengo es tuyo, y así como lo he utilizado para mi beneficio, sin explotar a nadie, lo pongo a tu servicio de forma genuina. Esto significa no condicionar. 

Históricamente, los Estados poderosos han sometido a través de lo militar y lo económico, principalmente. Lo político y lo cultural forman parte de la dominación, pero las primeras dos formas han sido las fundamentales. Sin embargo, el denominado poder blando o soft power ha hecho lo suyo. A diferencia del llamado hard power, el poder blando interviene por medio de estrategias que aparentan relaciones en igualdad, pero son ilusorias. Por ejemplo, la cooperación norte-sur, profundamente asimétrica, ha sido una de ellas. Esta no pasa de ser otra forma de penetración y control, con el objetivo de mantener la dependencia de las periferias hacia los centros. Se limita a la ayuda asistencial, generalmente delimitada en una coyuntura y en la consecución de los intereses que la hegemonía necesita que prevalezcan. Se trata de ayudas condicionadas. Los países periféricos siempre se encontrarán en desventaja frente a los cooperantes, y estos dictarán las agendas de gobierno, “sociedad civil” y Estado. Al final de cuentas, la soberanía resulta invadida. No existe ningún respeto por las autonomías, aunque la apariencia sea lo contrario. Se terminan ejerciendo nuevas formas de control y dominación.

El sentido internacionalista es muy distinto. Desde quienes han tenido las posibilidades de superar determinadas problemáticas, se considera que otros pueblos del mundo pueden hacer lo mismo. A diferencia de la cooperación desde el centro a las periferias, no se condiciona nada. No se trata, tampoco, de exportar revoluciones. Se cree, por principio, en la libre autodeterminación de los pueblos. 

Cuba es uno de los grandes ejemplos de internacionalismo.  Desde el inicio de su revolución, la isla caribeña rebelde y bloqueada por el imperialismo se ha dedicado a servir al resto del mundo, donde se necesite. Y eso ha incluido a los mismos Estados Unidos. Cuando en el 2005 el huracán Katrina se convirtió en tragedia social en territorio estadounidense, uno de los primeros países en ofrecer sus recursos médicos y de seguridad para las poblaciones sureñas afectadas en Luisiana, Misisipi y Alabama, fue Cuba. A pesar de que el gobierno de George W. Bush era de los más agresivos contra la Revolución cubana, ésta no dudó jamás para poner a sus brigadas médicas al servicio de lo que se necesitase en suelo norteamericano. Fue el gobierno del imperio el que se negó a recibir la solidaria ayuda.

Desde su presencia en Guatemala, el internacionalismo cubano ha venido realizando un gran trabajo. Las Brigadas Médicas que se encuentran destacadas desde que se abrieron las relaciones diplomáticas entre ambos países en 1998, constituyen una estructura sólida que brinda salud, esperanza y vida. Nuestro país presenta de los índices más altos en desnutrición y muerte por enfermedades comunes y prevenibles, siendo los niños y las mujeres las personas más afectadas.  Al contrario, Cuba es uno de los países que más y mejor invierte en la salud, caracterizándose en el denominado Tercer Mundo y bajo condiciones adversas de un bloqueo y un asedio asesinos, como uno de los Estados que garantiza la vida desde la prevención y los tratamientos adecuados.

En ese sentido, Cuba no «coopera» o «asiste» con lo que le sobra, sino que en igualdad de condiciones y en los principios internacionalistas proporciona sus mismos recursos para que los pueblos desfavorecidos por las relaciones capitalistas dominantes y hegemónicas puedan acceder a la salud digna. Y lo hace sin cobrar un solo centavo. Una muestra de ello es el trabajo oftalmológico con las bien llamadas operaciones milagro, que le han devuelto la vista a miles de personas, o la intervención en regiones que el sistema precario local no contempla. El compromiso con la tragedia del Volcán de Fuego en junio del 2018 es invaluable. Así mismo, el trabajo realizado durante la pandemia de Covid19 en Guatemala fue heroico. La acción del contingente Henry Reeve y de las brigadas médicas cubanas en muchos países entre el 2020 y el 2022 para combatir la pandemia del Covid ha sido uno de los actos de heroísmo más profundos que se han dado en los últimos años a nivel mundial. Y a pesar de ello, se le sigue negando el Premio Nobel de la Paz a las Brigadas Médicas Cubanas. Como diría Eduardo Galeano, este es un mundo al revés.

Toda la Brigada Médica Cubana en Guatemala se encuentra al ciento por ciento de sus capacidades, tal y como lo han hecho en diversas partes del mundo. África, Asia y América Latina son espacios históricos del internacionalismo cubano, mientras los medios de comunicación tradicionales prefieren no visibilizarlo y hasta decir mentiras sobre ellas. Y no es que Cuba necesite ser visibilizada, porque no lo hace por eso. Pero como lo dijo Martí: honrar honra, y me siento honrado al poder mostrar y agradecer lo que la Revolución Cubana, a través de su Estado y su pueblo, está haciendo en mi golpeado país.

Sin embargo, el actual gobierno de Guatemala ha comunicado oficialmente que no seguirá vigente el acuerdo con la presencia de las Brigadas Médicas Cubanas en nuestro país. La noticia me ha golpeado muy fuerte; no lo esperaba de la administración de Arévalo, aunque sea por presión de los Estados Unidos: nada lo justifica. Es cada vez más penoso que Guatemala demuestre con facilidad su precaria soberanía y casi nula autodeterminación. Llegar al extremo de no continuar con el trabajo de las Brigadas Médicas Cubanas es algo muy grave.

A inicios del 2019, un reportaje firmado por el periodista Nicholas Casey en el diario estadounidense New York Times expuso que algunos médicos cubanos “declaraban” que en Venezuela proporcionaban atención en salud siempre y cuando los pacientes demostraran que eran simpatizantes de Nicolás Maduro y/o del Partido Socialista Unido de Venezuela, y que los opositores no eran atendidos por las brigadas cubanas por ser oposición. La noticia es decadente y vergonzosa por sí sola, ya que se trata de otra falsedad dentro de la orquestada campaña de inventos en contra de la Revolución Bolivariana y la Revolución Cubana. Y desde mi experiencia personal procedo a argumentar por qué su contenido es, a todas luces, una vil mentira.

Cuando llegué a Cuba para iniciar mi tratamiento médico por una leucemia linfoblástica aguda, fui recibido de manera solidaria. Pero debo ser más certero: todo comenzó aquí, en Guatemala.  Desde el contacto con la Embajada cubana, la solidaridad se demostró siempre. Esto fue a mediados del año 2017 y encabezaban la misión diplomática cubana en Guatemala los recordados y queridos amigos Carlos de Céspedes Piedra, quien era el embajador, y Miguel Torres Tesoro, quien era el cónsul.  La forma en que mi familia y yo fuimos atendidos por ellos y por las y los médicos de las Brigadas Médicas Cubanas en la capital y en Escuintla, fue extraordinaria. Nunca se nos preguntó nada en relación a nuestra ideología o filiaciones políticas. En la isla tampoco. Pero, por supuesto, que soy y seguiré siendo un revolucionario, un marxista, un comunista y un defensor hasta la muerte de la Revolución Cubana y de los procesos revolucionarios, no por conveniencia, sino porque siempre lo he sido.

Las revoluciones se hacen y se defienden con hechos reales, no con consignas de panfletos y mucho menos con contradicciones. Pero lo que quiero decir es que jamás se me cuestionó si era o no socialista para ofrecerme atención médica en Cuba que era vital para mi delicado tratamiento. El personal del hospital Enrique Cabrera Cossío en La Habana nos atendió con amor desde mi llegada.  Y lo reafirmo: con amor. Jamás fuimos cuestionados sobre prácticas políticas o cualquier vinculación al respecto. Y lo reafirmo: jamás. Incluso, recuerdo cuando tuvimos un problema para obtener dinero de los cajeros automáticos en La Habana y pensamos, desde la lógica de nuestro contexto de origen, que si no resolvíamos nos pedirían que dejáramos el hospital o tal vez que se retrasarían los exámenes y el tratamiento. No fue así. Contrario a lo que pensamos, nos dijeron que no nos negarían nada y que pagáramos cuando pudiésemos hacerlo. El sentido revolucionario es sumamente distinto a la lógica capitalista.

Con el personal médico y administrativo conversábamos de todo, no sólo de política. Y con algunas y algunos éramos más afines en la ideología comunista, porque no todas y todos pensaban igual. Pero así, Cuba me volvió a demostrar que es más diversa de lo que se cree, lo cual no significa que en aquel país sea contrarrevolucionario porque se tengan opiniones encontradas y evidencié que no se persigue a nadie por hacer críticas constructivas al proceso de la Revolución. No. Otra cosa muy distinta es ser un vendepatria en favor del imperialismo: eso no se puede permitir.  

Quienes deben rendir cuentas ante la justicia son quienes participan en intentar derribar la Revolución, sirviendo a los intereses de unos cuantos para desfavorecer a las mayorías de todo un pueblo al que le ha costado tanto su emancipación. Eso es diferente. Y ni siquiera a estas personas se les niega el derecho a la salud digna en Cuba.  En Bolivia, por ejemplo, en el 2006, los médicos cubanos de la “Operación Milagro” devolvieron la vista al ex militar Mario Terán, quien fue nada más y nada menos que el asesino de Ernesto Che Guevara. Creo que no hay nada más que explicar al respecto.

Fue Cuba la que le ofreció a la administración de William Walker Bush la asistencia de las brigadas médicas cubanas para atender a las personas afectadas por el terrible huracán Katrina, y el gobierno estadounidense la rechazó. Se trataba de ir a servirle al mayor agresor de Cuba. ¿Qué más internacionalismo que ese?  ¿Qué pretende el imperio? Como siempre, construir al enemigo. Y como no tiene evidencias que verifiquen sus precarios argumentos, porque no existen, los inventa de la manera más absurda posible.

Recuerdo que cuando estaba iniciando mi tratamiento allá, en agosto del 2017, bajaba por las tardes al lobby del hospital y leía un cartel muy grande con una parte de un discurso de Fidel sobre la salud, la valentía y la vida. El rostro de Fidel, joven, correspondiente a las gloriosos y victoriosas jornadas de Playa Girón de 1961, encabezaba el cartel. Era un inspiración diaria para mí, y hasta el día de hoy pienso en ello y que fue otra de mis medicinas para lograr vencer la enfermedad. Eso es Revolución, eso es internacionalismo. Si no, que lo digan también Angola, Namibia, Sudáfrica, que son testigos fieles de lo que hablo, como lo es mi cuerpo y mi salud restaurada.

Reitero mi agradecimiento y mi solidaridad a las Brigadas Médicas cubanas en Guatemala y el mundo, sumándome a las múltiples muestras de apoyo que Cuba recibe en estos momentos. Yo también estoy y estaré con Cuba hasta el último día de mi vida, y más allá. Mientras Cuba con su Revolución salva vidas, el sistema capitalista mata y opera a través de mercenarios y negociantes de la guerra y de la salud, quienes tienen pretensiones concretas de acumulación, por lo que favorecen al despojo y a la explotación. Lamento mucho que el actual gobierno de Guatemala se sume a estas medidas injustas contra Cuba, pero esas medidas no nos representan a muchos.

¡Que viva la Revolución Cubana!

¡Que vivan las Brigadas Médicas Cubanas!

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