Zaratustra o Zoroastro fue en el fundador persa de la religión que lleva su nombre, el zoroastrismo. Aunque los expertos no saben exactamente la época en que vivió, se cree que probablemente coincidió con los tiempos de la creación del imperio persa y de la dinastía Aqueménida por Ciro II en el siglo VI antes de Cristo. Imperio que duró tres siglos hasta el año 330 antes de Cristo cuando Alejandro el grande lo conquistó después de derrotar en las batallas de Gaugamela e Isos a sus ejércitos dirigidos por Darío III. Zaratustra rescató al antiguo dios de las tribus persas Ahura Mazda como el principal dios, o dios supremo. Pues, seguramente, aprendió de la religión judía presente en la región la necesidad de reconocer la existencia de un solo dios, por lo menos, de un supremo creador de todo lo existente. Sus enseñanzas quedaron transcritas en el libro Avesta, que es una colección de textos sagrados que recoge los mensajes orales de Zaratustra y de otros sacerdotes que le sucedieron. Se opuso al sacrifico desmedido de los animales que practicaban con regularidad los miembros de su pueblo y al consumo igualmente exagerado de una sustancia alucinógena llamada haoma.
Pero, sobre todo, su vida se centró en enseñar la necesidad de aprender a vivir según el Asha, es decir, según la verdad, la justicia y el orden, o mejor, en función de lo que está ligado de manera adecuada y correcta. Con el paso de los años los gobernantes aqueménidas del imperio persa reconocieron el zoroastrismo como la religión oficial del Estado. Y Zaratustra pasó así a convertirse en su gran maestro. Su presencia fulgurante en el horizonte religioso y socio-cultural de los persas duró diez siglos hasta el siglo VII después de Cristo cuando el país fue conquistado por los ejércitos musulmanes árabes que impusieron su religión a la población. A partir de ese momento se presencia perdió para los nuevos creyentes musulmanes el gran valor religioso y cultural que había tenido en el pasado.
Sin embargo, como se sabe en los modernos occidentales Nietzsche lo rescató en su famoso libro Así habló Zaratustra que publicó en 1885. Pero, no lo recuperó para defender o reafirmar sus enseñanzas religiosas y morales, sino para convertirlo en el portador de sus propias ideas y mensajes sobre la vida humana. En vez de poner en boca de Zaratustra sus palabras y mensajes, puso los suyos más propios, originales y profundos. Así, declaró que dios ha muerto porque los hombres modernos lo han matado. Y, reivindicó al superhombre, a aquellos hombres que tienen la fuerza y la voluntad de aceptar sin reparos vivir la vida tal como es en su naturaleza esencial, con sus alegrías y sufrimientos. Proclamó, además, que lo mismo siempre retorna con el paso del tiempo. Es decir, que, al vivir en el tiempo, viven siempre de nuevo algo vivido en el pasado, que, no pueden evitar vivir algo, que ya han vivido, sea una vivencia feliz y alegre, o, al contrario, penosa o dolorosa. Este hecho de vivir de nuevo lo vivido, constituye el eterno retorno de lo mismo. El instante en que los hombres lo viven se convierte por esta razón en un instante intemporal, o, mejor, un instante que nunca muere, porque siempre se repite. La repetición de lo mismo en la vida de los hombres, es, entonces, la fuente de la inmortalidad de ese instante que se repite, sin cesar en el curso de la vida. De ahí, que la inmortalidad, no radica para Zaratustra, en el hecho, que los hombres no mueran, sino, en que los instantes de la vida, al repetirse sin cesar, una y otra, vez se convierten en inmortales, en instantes del tiempo que no mueren.
Con este giro, Nietzsche rindió un homenaje o tributo a la figura religiosa y cultural cimera de los antiguos persas. Pero, fue un tributo del que se sirvió para comunicar a los lectores del libro las ideas que había forjado en su mente durante años sobre la vida de los seres humanos. Para enseñarle a los hombres modernos, a sus lectores, algo que habían olvidado debido al predominio que los mensajes cristianos y racionales filosóficas, que la vida humana es, ante todo, y por encima de todo, naturaleza. Mostrarles de nuevo que sus vidas están marcadas y hechas por las fuerzas contrarias de la naturaleza, por la salud y la enfermedad, por el placer y displacer, por la felicidad y la desgracia, es decir, por la presencia ineluctable de lo trágico en sus vidas, como lo captó muy en el teatro griego presocrático; o mejor, porque está situada más allá de lo que normal y usualmente se considera bueno y malo, más allá del bien y el mal. Y, por lo tanto, deben aprender, por fin después de tantos siglos, a vivir en función de esto que en realidad son, a reconocer y aceptar la condición y los rasgos inherentes a la naturaleza de sus vidas, por la fuerza y poder que tiene en sí misma. Y, si lo aprenden se convertirán en sabios, tal como lo fue el antiguo maestro persa Zaratustra. En hombres que saben lo que son y que asumen sus vidas tal como son.
Y, los persas actuales que ha sido agredidos militarmente por el gobierno imperial actual de los Estados Unidos y el Estado sionista de Israel, no desean en el fondo de su corazón sufrir una nueva derrota como las que han sufrido a lo largo de su historia. Primero, en la Antigüedad a manos de los griegos que les impidieron conquistar su país y penetrar así al resto de Europa en las guerras Médicas, en las famosas batallas de Maratón y Salamina. Después, vencidos por el poderoso ejército de Alejandro. Y, finalmente, siglos más adelante, derrotados y conquistados por los árabes musulmanes. Han sido para ellos más que suficientes derrotas militares que han marcado su historia. Y, que no desean vivir de nuevo bajo ninguna circunstancia. Por eso, se han preparado militar y políticamente durante las últimas décadas para evitar sufrir una vez más ese “destino”. La respuesta fuerte y poderosa que le están presentado el poderío militar de estos dos países agresores, responde precisamente a esta voluntad de vencer, por primera vez en la historia, a quienes han pretendido conquistarlos y doblegarlos por la fuerza, por medio del uso de las armas.
Respuesta, que en los últimos días ha dejado de ser meramente defensiva para convertirse en ofensiva. Han cerrado el estrecho de Ormuz para impedir que los barcos cargados de petróleo de países aliados de Estados Unidos e Israel que transporta pueden circular. Una buena cantidad de misiles y drones han caído sobre territorio israelí ocasionados números daños a centros estratégicos y edificaciones, y, sobre las bases militares norteamericanas situadas en los países del Golfo Pérsico que las han destruido casi en su totalidad. Ataques, que ha respetado el matado ético de la religión chií musulmana que practican de nunca agredir a la población de su enemigo en la guerra. Ciertamente se pueden criticar o censurar con razón el régimen de los Ayatolas que sancionan, castigan o maltratan injustamente a las mujeres que no lleven el velo en los espacios públicos. O, que coartan la libertad de expresión de sus ciudadanos. Pero, en este aspecto concreto son moralmente muy superiores al imperio norteamericano e Israel que no tienen ningún reparo de matar con sus bombas a la población civil, como lo están haciendo actualmente en Irán, o como lo hizo e Israel recientemente durante casi tres años con los palestinos de Gaza, matando a 70,000 de ellos.
Y, en el escenario de esta guerra Zaratustra seguramente revive en el recuerdo de muchos iranís como símbolo religioso y cultural que les da la fuerza que necesitan para librar con éxito esta batalla crucial de su existencia como antigua nación civilizada.
Tags: Camilo García Giraldo Friedrich Nietzsche Irán Persia Zaraustra








