El 10 de julio de 2018, a los setenta y cuatro años, falleció en Chicago, Estados Unidos, país en el que residía el escritor y crítico de origen chileno, Jorge Román Lagunas. Fue el principal promotor del Congreso Internacional de Literatura Centroamericana (CILCA), que se celebró en forma bianual. Congresos que se realizaron en distintos países de la región. En Guatemala se realizaron cuatro: uno en la ciudad de Guatemala, dos en la Antigua Guatemala y uno en Quetzaltenango. Los restantes se celebraron en los otros países de Centroamérica, incluyendo Belice y Panamá, uno en Estados Unidos y dos en Europa: Inglaterra y España. Conozco de cómo se organizaron, de la forma como se seleccionaba cada país, de los escritores invitados, de la inscripción de los participantes y la organización de las mesas, porque tuve el privilegio de colaborar con los que se realizaron en nuestro país.
Mi relación con Jorge comenzó cuando Mario Roberto Morales me propuso participar en una reunión que se llevó a cabo en Tegucigalpa, en 1994, con ocasión del CILCA que se celebró en esa ciudad, al que fui invitado como participante, para que yo le entregara a Román Lagunas una carta de la Rectoría de la USAC, en la que se solicitó que el siguiente congreso se realizara en Guatemala. Fue en esa ocasión que lo conocí. Nos hicimos amigos. De esa estadía en Tegucigalpa recuerdo el reencuentro que tuvimos con Dante Liano y Franz Galich, después de muchos años de no vernos. Tanto Dante como Franz salieron de Guatemala en los años ochenta y no habían retornado. Todavía las noticias llegaban a cuenta gotas porque no existían los medios de comunicación que tenemos hoy. El caso de Franz fue dramático por la forma como tuvo para exilarse. Hizo de Nicaragua su segunda patria, en donde desarrolló una extraordinaria labor como profesor universitario y crítico literario. En ese país escribió sus últimas novelas y libros de cuentos. Con él y con Dante fuimos parte del Grupo Editorial Rin 78. Los tres exalumnos del colegio Salesiano Don Bosco de la ciudad de Guatemala. De Dante se reconoce la importancia que tiene para la literatura guatemalteca. Reside en Italia en donde es querido y respetado en los círculos literarios y académicos.
Para preparar el primer CILCA que se realizó en 1996 en Guatemala, cuya sede fue el MUSAC, Jorge se hospedó, en una primera visita, en el hotel Plaza, situado en la zona 4. Yo se lo sugerí, ya que estaba muy cerca de mi oficina profesional, situada en el edificio El Patio. En sus siguientes visitas, para ese congreso, y para otros que se realizaron en Guatemala, se hospedó en nuestra casa de la zona 7, en una habitación que fue de mi hermano Mardoqueo, que sirvió para hospedar, en distintas épocas, a otros amigos como Roberto Sosa (poeta hondureño), José Roberto Zea (escritor salvadoreño), a los esposos de origen cubano Ella Yuliet, y Reinaldo León – autor del guion de la película “Donde acaban los caminos” de Mario Monteforte Toledo-, entre otras personas. En sus últimas dos visitas, las más reciente en 2014, se hospedó en nuestra casa, en carretera a San José Pínula. Visitas que hizo para preparar el CILCA que se realizó en Quezaltenango, que se dedicó a Humberto Ak’abal.
Las llegadas de Jorge a Guatemala significaron una fiesta para varios amigos, que lo recibíamos en el aeropuerto. Como conocimos de sus gustos ya teníamos preparado el hielo, los vasos y las aguas minerales, así como las boquitas que mi madre, cuando todavía vivía, o mi hermana Carmen, nos preparaban. Lo primero que hacía Jorge al llegar a casa era sacar una o dos botellas de wiski, que traía entre sus maletas de viaje, que compartimos con Aka’bal, William Lemus y Carlos René García Escobar. Eran momentos para ponernos al día en noticias y comentarios. Las visitas de Jorge fueron para reuniones previas y necesarias para la realización de cada CILCA, por eso siempre valoró y agradeció el cariño con la que mi familia lo recibió y lo atendió. Se convirtió para nosotros en el pariente chileno que vivía en Estados Unidos. Eso hizo que nuestra amistad se extendiera hacia Vicky, su esposa, y hacia sus hijos. Con ocasión de una visita que hice a Chicago me alojaron en su casa y me atendieron como al hermano que llegó a verlos. En sus estadías en nuestra casa Jorge me acompañó varias veces a nuestra Granja a San Raymundo, a una feria de mi aldea de origen, a fiestas de cumpleaños de familiares. Incluso mi hermano Mardo (ya fallecido) lo llevó a palenques para que participara en jugadas de gallos. Me comentó que se los disfrutó mucho. Venir a Guatemala o a otro país de Centroamérica, en donde siempre tenía amigos que lo recibían y con quienes compartía, significaba para él recuperar sus raíces latinas, y disfrutarlas, ya que él nació en Santiago de Chile, pero por el derrocamiento de Allende tuvo que salir, como miles de sus compatriotas, hacia distintos lugares. Él era profesor en la Universidad Católica de Chile y un crítico de literatura conocido. Uno de sus amigos más cercanos fue Antonio Skarmeta, pero compartía con los escritores más importantes de su país, entre ellos Pablo Neruda. Previo a su llegada a Miami, en donde fijó su primera residencia, estuvo unas semanas en la casa de Ernesto Sábato, en Argentina. Salió de manera clandestina de Chile. Dejó esposa e hijos. Años después se divorció, y ya en Florida conoció a Vicky, descendiente de irlandeses, quien hablaba perfecto español y se casó con ella, por el rito católico. Tuvieron un hijo y una hija. Ambos son ahora abogados. El español fue el idioma oficial de su hogar.
La idea de crear un Congreso de Literatura Centroamérica, bianual, que duró hasta la muerte de Jorge, surgió a principios de los años noventa, por una iniciativa que tuvo con sus amigos Ernesto Cardenal y Juan Chong, con ocasión de una invitación que estos le hicieron para conocer Nicaragua. En sus primeras versiones contó con el apoyo de la Universidad de la Florida, y cuando años después él se trasladó a la Universidad de Purdue, en Chicago, para ocupar un cargo relacionado con lenguas extranjeras, fue esta casa de estudios la que continuó con los apoyos. En cada país, en donde se celebraron los CILCA se organizaron comités locales. En Guatemala siempre se tuvo la codirección de la Universidad de San Carlos y del Ministerio de Cultura y Deportes, pero en cada evento se contó con el apoyo de otras entidades. En las memorias respectivas se consignan nombres de personas que colaboraron y de entidades que se involucraron: asociaciones y colectivos de escritores o de otras universidades, en el caso de Guatemala lo hizo en dos ocasiones la Universidad Rafael Landivar. Entre los ponentes de cada congreso se contó con profesores universitarios del país y de distintas universidades del mundo principalmente de Estados Unidos, así como de críticos reconocidos. En Guatemala participaron en alguno de los congresos expertos como Giuseppe Bellini, que llegó de Italia, Seymour Menton y Gerald Martin. Entre los participantes se contó siempre con la presencia de escritores de cada país y de personas interesadas, ya que el ingreso a los salones fue gratuito y sin limitaciones. Se realizaron mesas redondas, conferencias y presentaciones de libros. Son muchas las anécdotas que podría contar de cada congreso, pues fueron días intensos y de muchas reuniones entre amigos y de participantes de distintos lugares. En dos congresos, en Costa Rica y de Panamá, tuve como acompañantes a Mario Monteforte Toledo Humberto Ak’abal y Gaspar Pedro González. Con otros escritores guatemaltecos coincidimos en Nicaragua y El Salvador. Ya lo he contado en otros textos, incluyendo un viaje preparatorio para el Congreso de Belice y otro a San Salvador. En mi columna “El ojo de Max Araujo”, en el Diario La Hora, narré de algunos hechos.
Jorge siempre manejó con mucha honestidad los dineros que los profesores y críticos del extranjero, pagaban por su participación. Este dinero le servía a él para sus viajes preparatorios, para las publicaciones que se hacían con las ponencias seleccionadas y para otros gastos necesarios. Muchas veces puso dinero de su bolsa, como también lo hice yo, en menor cuantía, para cada CILCA que se celebró en Guatemala. En las bitácoras respectivas, en mi poder, están los detalles de los gastos. La historia es la historia.
La literatura de Centroamérica le debe a Jorge Román Lagunas los resultados que generó cada congreso, entre estos las publicaciones de libros con algunas ponencias de cada congreso, en el caso de los que se imprimieron en Guatemala con el apoyo del escritor y editor Oscar de León Castillo, de la Editorial Oscar de León Palacios, personaje de la literatura guatemalteca, a quien se debe la organización de la primera FILGUA en nuestro país. La generosidad, sencillez y amabilidad de don Oscar fueron impresionantes. A muchos escritores les publicó sus libros, sin mayores requisitos. A Román Lagunas se le reconoce también que muchos críticos y profesores de distintas universidades del mundo se interesaran en la literatura del área, participando en los congresos o haciendo estudios específicos de autores, de obras o de tendencias de la literatura. Los CILCA sirvieron para que los mismos escritores y críticos se conocieran entre ellos mismos. En la región por años hemos vivido cerca y muy lejos a la vez, como si fuésemos islas. Afortunadamente en esta época se celebran otros congresos sobre la literatura de Centroamérica, organizados por universidades y entidades, entre estas, en Guatemala, la Asociación Gremial de Editores, organizadora de la FILGUA.
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