Baltasar Estupinián y Amelia de León: liberalismo, redes masónicas y protectores de un futuro arzobispo

El joven Mario Casariego fue amparado por la familia Estupinián de León, pudiendo ser que ya fuera por la muerte del licenciado Baltasar Estupinián o porque doña Amelia de León lo adoptó ya estando viuda, que se prefirió encargarlo a Mariano Rossell Arellano.

Mauricio José Chaulón Vélez

enero 25, 2026 - Actualizado enero 24, 2026

Mario Cardenal Casariego (Figueras, España 1909-Guatemala, 1983)

Baltasar Estupinián fue un abogado, político, periodista, docente e intelectual liberal salvadoreño nacido en Chinameca, San Miguel, el 1 de junio de 1854. Su esposa fue la guatemalteca Amelia de León, quien nació el 14 de noviembre del mismo año en Quetzaltenango y, por el momento, no se han localizado más datos sobre su profesión. Contrajeron matrimonio el 8 de mayo de 1889 en la Ciudad de Guatemala, desempeñándose en ese momento Baltasar Estupinián como ministro plenipotenciario, es decir embajador, de El Salvador ante el gobierno guatemalteco. Fue allegado al gobierno liberal de Justo Rufino Barrios, el cual le otorgó asilo político junto al general Francisco Menéndez Valdivieso y otros salvadoreños que se opusieron al presidente Rafael Zaldívar en 1876. Su vinculación fue muy estrecha con Guatemala desde un principio, lo cual no solo se evidenciaba en las ideas políticas y en la colaboración con el Estado, sino también en que se graduó de abogado en la Universidad de Occidente de Quetzaltenango y, por supuesto, en su enlace matrimonial.  Viviendo en aquella ciudad, fortaleció sus relaciones con la masonería guatemalteca, la cual tenía en el Occidente del país un lugar de suma importancia. Estupinián era un liberal y masón que tenía un destacado recorrido intelectual en El Salvador, constituyendo con otro grupo de masones como Rafael Reyes, Rafael Zaldívar, Antonio J. Castro, Manuel Delgado y Rafael Meza un grupo que incidió en la política de aquel país en el último tercio del siglo XIX.

En ese contexto, Estupinián fue uno de los más importantes promotores de la educación de las mujeres en El Salvador y en Guatemala, siendo esto un proyecto establecido desde redes de la masonería salvadoreña. En Guatemala se integró a la logia “Constancia No. 40”, dándose a conocer por su gran capacidad de oratoria y agudos análisis de la realidad, así como por sus ideas políticas avanzadas.

Tanto en El Salvador como en Guatemala desarrolló la labor periodística, habiendo sido redactor en San Salvador del Diario Oficial en 1875 y durante su exilio en Quetzaltenango fue director del periódico El bien público, destacándose sus artículos sobre política y educación. A pesar de su exilio y de sus diferencias con el gobierno de su país no dejó de escribir en Quetzaltenango sobre los logros del presidente Zaldívar cuando lo consideró acertado, sobre todo, en los temas relacionados a la instrucción pública, llegando a ser uno de los interlocutores más importantes para formar una nueva conciencia sobre la importancia de un sistema educativo orientado también para las mujeres. Durante su estancia en Quetzaltenango también escribió un ensayo sobre literatura, titulado Fernando Velarde: apuntes biográficos, el cual era más que una reseña del poeta, humanista y educador español Fernando Velarde del Campo Herrera, quien llevó a cabo la mayor parte de su obra en varios países de América. Es posible que en Quetzaltenango haya conocido a quien sería años más tarde su esposa, Amelia de León, con quien no tuvo hijos, siendo este posiblemente el motivo por el que, tiempo después, hayan accedido a proteger a un joven de nombre Mario Casariego Acevedo.

Mientras Baltasar Estupinián residía en Quetzaltenango, el general Menéndez Valdivieso y sus allegados se dirigieron desde Guatemala a El Salvador en 1885 para derrocar al presidente Zaldívar, quien renunció el 14 de mayo de 1885, asumiendo Menéndez el 22 de junio aún como presidente provisorio. El 1 de marzo de 1887 fue electo como presidente del país por la Asamblea Legislativa y su primer vicepresidente fue Baltasar Estupinián. El destacado intelectual y masón liberal estuvo solamente 17 días en la vicepresidencia, siendo nombrado ministro de Gobernación, de Fomento e Instrucción Pública y luego enviado a Guatemala como ministro plenipotenciario, es decir embajador, contrayendo nupcias con Amelia de León Cosío en 1889.

En 1896 fue propuesto para ser el primer presidente de la República de América Central, lo cual no aceptó; esta fue conocida también como República Mayor de Centro América y como Estados Unidos de Centro América, proyecto entre El Salvador, Honduras y Nicaragua de 1896 a 1898, pero que no tuvo posibilidades de seguir adelante y concretarse. Estupinián continuó con su carrera política, sobre todo en el campo diplomático, siendo nombrado por el presidente salvadoreño Tomás Regalado como el representante de su gobierno en la Segunda Conferencia Internacional Americana o 2ª. Conferencia Panamericana, celebrada en la Ciudad de México del 22 de octubre de 1901 al 31 de enero de 1902; en esta actividad Estupinián fue segundo vicepresidente debido a su prestigio como estadista, el cual tenía un amplio reconocimiento en la región. También continuó siendo docente, ensayista académico y periodista, publicando varios artículos en El Salvador, la mayoría de índole político.

Los vínculos con Guatemala continuaron en la vía diplomática y familiar, lo cual permitió conocer a Laureano Casariego, tío materno de un niño de nombre Mario Casariego Acavedo, nacido en Figueras de Castropol, Principado de Asturias, España, el 13 de febrero de 1909 y quien llevaba como primer apellido el de su madre. En 1920, debido a la llamada «gripe española», murieron sus progenitores, María Águeda Casariego García y Mario López Acevedo y Pérez Lebredo, quienes pertenecían a redes sociales con influencia política y de abolengo en Figueras de Castropol. A pesar de ello, su familia materna no pudo hacerse cargo del infante, debido a la crisis económica que la epidemia y la Primera Guerra Mundial habían producido en varios lugares de Europa, por lo que optaron por enviarlo con su tío Laureano, quien vivía en México y estaba con mejor situación económica al ser comerciante. Las redes comerciales de la región que conectaban México con Guatemala pudieron a ver que Laureano Casariego tuviese contactos con una ciudad de fuerte dinamismo comercial como Quetzaltenango, llegando a conocer al matrimonio Estupinián de León.

Sin embargo, no existe claridad acerca del año en que Mario Casariego fue acogido, pudiendo ocurrir en 1921 o en 1923, de acuerdo con diversas fuentes primarias localizadas en este análisis histórico. Si fue en 1921, aún estaba vivo Baltasar Estupinián, quien murió el 23 de marzo de 1922 en La Libertad, El Salvador, debido a una enfermedad renal. Miguel Ángel Serrano Monteavaro, biógrafo de Mario Casariego, quien después sería el primer cardenal de la Iglesia católica de Guatemala y arzobispo desde el 10 de marzo de 1964, deja entrever que fue doña Amelia de León quien adoptó directamente a Mario Casariego sin señalar el año. En la biografía oficial del arzobispado de Guatemala, que fue autorizada por el mismo Casariego, dice: “En 1920 pierde a sus padres y un tío se lo lleva a Puebla, México, luego a Quetzaltenango, en Guatemala. Fue adoptado por los esposos Estupinián, quienes lo confiaron al Pbro. Mariano Rossell Arellano”. De cualquier manera, el joven Mario Casariego fue amparado por la familia Estupinián de León, pudiendo ser que ya fuera por la muerte del licenciado Baltasar Estupinián o porque doña Amelia de León lo adoptó ya estando viuda, que se prefirió encargarlo a Mariano Rossell Arellano, uniendo así las circunstancias a dos futuros arzobispos, uno predecesor del otro, ya que a la muerte de Rossell asumió Casariego, ambos con una misma línea político ideológica que manifestaron abiertamente en los acontecimientos que les correspondieron, en la Guerra Fría y en el conflicto armado interno de Guatemala.  

No hay claridad de cómo la familia Estupinián de León tenía relación con Rossell. Pudo haber sido a través del exilio del clérigo en El Salvador, cuando siendo secretario del arzobispo Luis Javier Muñoz y Capurón ambos se confinaron en aquel país por las desavenencias con el gobierno de José María Orellana en 1922. Sin embargo, tanto Serrano Monteavaro como la biografía oficial del arzobispado autorizada por Casariego, dejan entrever que fue en Guatemala que se confió la educación del joven asturiano al presbítero Rossell, pero ninguna de las semblanzas explica cómo se conocían los Estupinián de León con el sacerdote. En la biografía del arzobispado también se indica que los esposos Estupinián de León se harían cargo de Casariego hasta que cumpliera la mayoría de edad, es decir 18 años, lo cual permite suponer que la adopción no era para proporcionarle sus apellidos y darle todos los derechos del caso, sino más bien para protegerlo. Si bien es cierto que era común dejar la educación de un niño al cuidado de religiosos o religiosas, sobre todo tratándose de infantes en situación de orfandad, se desconoce por qué se tomó la decisión específica de solicitar el apoyo del presbítero Mariano Rossell, lo que permite plantear la hipótesis de que las redes sociales del matrimonio Estupinián de León fueron muy amplias, hasta el punto de tener amistades en las Iglesia católica, lo cual fue común entre liberales en Centroamérica. Si fue en Guatemala directamente debió haber sido entonces antes de la salida al exilio de Rossell; si el hecho ocurrió en El Salvador, Rossell pudo haber llevado de vuelta a Mario Casariego a Guatemala cuando retornó el clérigo. La biografía autorizada por Casariego dice que “en enero de 1924, salió con su madre adoptiva para El Salvador donde fue educado por los padres somascos”, lo que permite inferir que si fue confiado a Rossell en El Salvador doña Amelia de León pudo haber viajado a Guatemala para asuntos personales y acompañando al joven Mario debido a que su esposo ya había fallecido y luego en 1924 retornaron a El Salvador. Como haya sido, lo cual será mejor definido con otras fuentes primarias que me encuentro indagando, este proceso histórico fue definitivo para la formación de un futuro arzobispo de Guatemala, que fue una de las figuras protagónicas en el contexto álgido del conflicto armado interno en Guatemala; y demuestra, al mismo tiempo, que la historia presenta enlaces entre liberales y conservadores más estrechos y menos contrarios de lo que se cree, al menos en nuestros países.

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