Alejo Carpentier y Wilfredo Lam: lo real maravilloso

Es decir, lo maravilloso es una gran apariencia que crean los hombres y mujeres negros de transformarse en algunos de los seres de la naturaleza, para escapar, engañando, a quienes los perseguían, a los perros guardianes de los esclavistas, cuando huían, para capturarlos, y, después, castigarlos cruelmente o matarlos...

Camilo García Giraldo

abril 13, 2025 - Actualizado abril 11, 2025

La Jungla, de Wilfredo Lam.

En el prólogo de su gran novela El reino de este mundo, Alejo Carpentier, nos dice que el fenómeno que denomina “lo real maravilloso” es un fenómeno que encontró en toda su plenitud en el mundo socio-cultural de la vida de los hombres de la isla de Haití, cuando la visitó en el año de 1943. Fenómeno, que se propuso exponer de modo literario en esta novela, que pretendió también, que fuera un documento científico en él investigaba y presentaba con rigor, la existencia de este fenómeno que, sin embargo, no se limita para él, a este lugar, sino, que, constituye una característica universal de la vida de todos los pueblos caribeños y latinoamericanos.

Dice Carpentier: “Esto se me hizo particularmente evidente durante mi permanencia en Haití, al hallarme en contacto cotidiano con algo que podríamos llamar lo real maravilloso. Pisaba yo una tierra donde millares de hombres ansiosos de libertad creyeron en los poderes licantrópicos de Mackandal, a punto de que esa fe colectiva produjera un milagro el día de su ejecución. Conocía ya la historia prodigiosa de Bouckman, el iniciado jamaiquino. Había estado en la Ciudadela La Ferriére, obra sin antecedentes arquitectónicos, únicamente anunciada por las Prisiones Imaginarias del Piranese. Había respirado la atmósfera creada por Henri Christophe, monarca de increíbles empeños, mucho más sorprendente que todos los reyes crueles inventados por los surrealistas, muy afectos a tiranías imaginarias, aunque no padecidas. A cada paso hallaba lo real maravilloso. Pero pensaba, además, que esa presencia y vigencia de lo real maravilloso no era privilegio único de Haití, sino patrimonio de la América entera, donde todavía no se ha terminado de establecer, por ejemplo, un recuento de cosmogonía”.

Pero, entonces, ¿en qué, consiste esta realidad maravillosa en la que viven los hombres latinoamericanos? Carpentier, nos lo explica diciendo que “lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca, cuando surge de una alteración de la realidad (el milagro), de una revelación privilegiada de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la realidad, de una ampliación de las escalas y categorías de la realidad, percibidas con particular intensidad en virtud de una exaltación del espíritu que lo conduce a un modo de «estado límite». Para empezar, la sensación de lo maravilloso presupone una fe”.

Y, la principal alteración de esa realidad que la hace maravillosa, es la mimesis o mimetización que realizaban los hombres y mujeres negros, en diferentes especies animales y vegetales. Es decir, lo maravilloso es una gran apariencia que crean los hombres y mujeres negros de transformarse en algunos de los seres de la naturaleza, para escapar, engañando, a quienes los perseguían, a los perros guardianes de los esclavistas, cuando huían, para capturarlos, y, después, castigarlos cruelmente o matarlos, como le ocurrió a Mackandal, líder de la rebelión que llevaron a cabo los negros de la isla, finales del siglo XVIII, para liberarse de la esclavitud a que han sido sometidos, por los europeos, y, especialmente, por los franceses, durante todo el período colonial.  Logró, durante un tiempo, burlar la persecución que le hacían las autoridades coloniales y los esclavistas dueños de las tierras y plantaciones, hasta, que, finalmente, lo lograron cazar, y, darle muerte, debido a que sus mimesis con la naturaleza no suficientemente completa.

Mimesis maravillosa, una gran apariencia, que proyectan sobre quienes los perseguían para privarlos de nuevo de la libertad alcanzada, y, de sus propias vidas, no era, sin embargo, para este pueblo negro solo eso. Creían con profunda convicción, con gran fe, que era un hecho completamente real, es decir, que se convertían en un animal o vegetal de la espesa jungla en la que vivían, para poder conseguir su anhelada libertad. Por eso, fue un recurso efectivo y valioso que usaron, en muchas ocasiones para recuperar la libertad, que habían perdido desde el momento que fueron vendidos por los reyezuelos de las tribus africanas a los comerciantes europeos, y, ser vendidos como esclavos en Haití, y, todas en las Américas.

Ahora bien, esta creencia no ha desaparecido aún del todo en la mente en muchos de ellos, a pesar, que hace más de 200 años lograron liberarse del poder colonial francés, y, que dejaron de ser esclavos. Y, a pesar, que han destruido el entorno natural, la selva, en donde realizaban sus metamorfosis, talando sin cesar, sin orden y sin límites, durante todo este tiempo, sus árboles con la complacencia y autorización irresponsable, de los gobiernos de sus congéneres, muchas veces igual de despóticos que los coloniales de los que se liberaron, para extender las plantaciones de azúcar o para cultivar alimentos. Por eso hoy, ese antiguo, denso y frondoso espacio natural habitado por multitud de árboles y animales con los que se fundían y mimetizaban, y, que les sirvió de refugio, se ha convertido en una tierra árida, erosionado y estéril, que no solo “alimenta”, y, renueva la extrema pobreza en la que viven, sino también, les impide realizar esa arraigada creencia ancestral, sencillamente, porque los vegetales y los animales ya no existen, o, porque, son muy escasos. Es una creencia que sigue arraigada en la mente de muchos habitantes negros de la actual Haití, como un testimonio cultural de gran valor que heredaron de sus antepasados esclavos.

Por eso, esta realidad maravillosa no es resultado de los sueños y las fantasías de algunos pocos escritores y artistas, como lo sostuvo, André Breton en su Manifiesto surrealista, publicado en 1924 en Francia, sino, por la fe, o, por la firme creencia que tenían, y, tienen aún, muchos miembros de este pueblo haitiano, y, de otros pueblos afro-descendientes del continente, en esta extraordinaria y maravillosa capacidad de transformarse en un animal o vegetal de la densa la jungla en que vivían.

Y, por esta razón, tampoco es una poderosa y admirable “artimaña”, o, recurso literario, que usa Carpentier, como sostiene Vargas Llosa, en su comentario sobre esta gran novela, que publicó en su libro de ensayos La verdad de las mentiras, para crear una imagen bella y apasionante, pero, mentirosa, del mundo cultural del pueblo negro haitiano. Sino, como explicamos, la imagen que proyectaban, para burlar y engañar a quienes los buscaban y perseguían, de la mimetización que hacían con algún ser vivo de la jungla. Confundidos con algún animal o planta de la naturaleza, se hacían invisibles para sus perseguidores, desparecían de modo maravilloso de la realidad que veían. Y, así, se salvaban de ser capturados.

Sin embargo, esta documentación literaria-científica sobre esta realidad maravillosa no es suficiente para que se pueda captar en su dimensión total. Poco tiempo antes de la publicación de esta novela, en 1943, Wilfredo Lam, otro gran creador cubano, creó “el documento artístico” indispensable, que completó la documentación de esta realidad: el lienzo La jungla. Este cuadro nos muestra precisamente que, en el interior de la jungla, del monte cubano, los hombres y las mujeres de raíces negras africanas, se confunden con las plantas y los animales que la habitan; forman un todo continuo estos seres vivos en la medida en que también pertenecen a ese lugar de la naturaleza. Pues, al estar o vivir ahí, los hombres y mujeres negros recuerdan y reviven el lugar de su origen en África del que fueron sacados alguna vez, y convertidos en esclavos. Pero, también, como acabamos de decir, era también el lugar anhelado y perfecto donde volver en caso que pudieran escapar de las plantaciones de azúcar o tabaco en las que trabajaban como esclavos, para recuperar la libertad natural que habían perdido. Y, es que, la jungla no solo fue el lugar habitual y natural de la vida libre de sus antepasados en África, sino también, el lugar, en América, en Haití y en Cuba, en el que pudieron muchos de ellos, recuperarla, haciéndoles crear a sus opresores esclavistas que se habían esfumado, al fundirse o mimetizarse completamente, con algunos de sus animales o vegetales.

Por eso, estas obras culturales nos dicen y revelan, que lo “real maravilloso” no es otra cosa, que el lugar de la jungla haitiana y cubana, donde los seres humanos de raíces africanas esclavizados, podían volver a ser libres, fundiéndose o mimetizándose, en uno de sus miembros animales o vegetales. Es decir, que la jungla constituía una especie de promesa que les hacía de recuperar la libertad que habían perdido, porque había sido el lugar natural en el que habían vivido libres sus antepasados en África. 

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