En muchas ocasiones, durante años, he escuchado a las autoridades policíacas y hasta las de la cartera de Gobernación, asegurar que tienen identificados a delincuentes o hasta a estructuras de estos. Ese tipo de noticias resultan siempre alentadoras para una población urgida de mejores niveles de seguridad.
La gente de a pie anda en las calles con el temor a ser asaltada, ser despojada de su dinero, de sus relojes, cadenas y hasta gafas. Quienes tienen la suerte de andar en vehículo propio, conducen siempre atentos a sus retrovisores, pues van con el temor de que una o dos motocicletas se les acerquen, los tripulantes de estas muestren sus armas y los obliguen a entregar sus pertenencias de valor, en el mejor de los casos, porque algunos hasta han perdido la vida en casos de este tipo de asalto. Y si se trata de quienes viven de conducir algún automotor para ganarse la vida, ya sea en taxi, autobús, camión o tráiler, andan siempre pendientes de no ser atacados por aquellos que han hecho de las extorciones su modus vivendi.
Hace algunos años, un amigo falleció víctima de los disparos de dos individuos motorizados que intentaban asaltarlo en los alrededores de la Colonia Mariscal y Anillo Periférico. Y más recientemente se ha hecho viral un video de un trailero a quien un tipo motorizado, miembro de una banda de extorsionistas, le exige una suma de dinero elevada. El piloto le dice que solo lleva Q1,500.00, el tipo le habla por radio al jefe, porque se dan el lujo de extorsionar con un operativo instalado sobre la carretera, le explica que sólo lleva esa cantidad y, aparentemente, el jefe le dice que la acepte.
De verdad que da tristeza ver con qué facilidad se instalan donde quieren y asaltan a la gente trabajadora.
Las autoridades, de nuevo, han dicho que tienen identificada a esa banda de extorsionistas, pero hasta el momento nada se sabe sobre acciones reales para detenerlos y llevarlos ante la justicia.
En los alrededores de mi residencia, los balazos truenan muy seguido. Tan seguido como aparecen luego jóvenes muertos. Algunos porque pertenecen a grupos opuestos con los que desatan balaceras y terminan perdiendo, y otros porque se niegan a pagar las extorsiones. Todos los delincuentes viven en los alrededores, la gente los conoce y la Policía dice que los tienen identificados, pero nunca se escucha que los capturen.
Es más, cerca de mi casa hay un lugar conocido por todos como El Punto, un centro de distribución de drogas. En el lugar opera un grupo de delincuentes que venden drogas a propios y extraños. Tan así que hasta se dan el lujo de atender en modo autoservicio. En el parqueo hay garita y seguido se ven autopatrullas o motopatrullas estacionadas mientras los agentes conversan con los encargados de las garitas, sin que muevan un solo dedo para capturar a esos delincuentes a quienes todo el mundo conoce. A veces pienso que los agentes de policía también los conocen, pero se hacen de la vista gorda.
Esta es parte de la historia trágica de nuestra Guatemala. La impunidad campea por todos lados. Los de cuello blanco, los asaltantes y los extorsionistas, sin dejar de mencionar a los del narcomenudeo, andan como Juan por su casa y las autoridades ¡Bien Gracias!
Si de verdad tienen identificados a los grupos delincuenciales, ya es hora de que los capturen y los entreguen a los tribunales para que se haga justicia. Claro, en el sector judicial también reina la impunidad y la corrupción. He escuchado innumerables quejas de policías diciendo que más se tardan ellos en capturar a los delincuentes que los jueces en soltarlos. Cuáles son las razones reales, no lo sabemos a ciencia cierta. Quizá sean razones de corrupción judicial o bien ineficiencia policíaca en la presentación de las acusaciones. Lo cierto es que mientras entre las autoridades se tiran la chibolita de ser los responsables de que los delincuentes no reciban castigo, la población sigue padeciendo y cada vez se vuelve más vulnerable.
Esperemos que pronto comencemos a ver acciones que nos permitan identificar quien de verdad tiene la culpa y que en las calles y carreteras del país se pueda circular con tranquilidad y paz. Yo no pido un buquelazo, porque las condiciones de El Salvador son diferentes a la de Guatemala, pero si espero que nuestras autoridades hagan algo para ir derrotando al mal.
Los guatemaltecos merecemos vivir en paz y más aún aquellos que trabajamos para subsistir en este mar de violencia diaria.
Periodista y Profesor Universitario
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