El Ejecutivo, al respaldar el proyecto Aerometro, se mete en un berenjenal. No solo se trata de apoyar una iniciativa cuya contribución a mitigar el crónico problema de la movilidad vial en la ciudad capital está aún por verse, no solo por los diversos cuestionamientos técnicos que ha acarreado, sino porque en esencia es un proyecto financiado con capital privado y por ende su propósito consiste en sacar raja.
Tal parece que la lógica del oportunismo ha hecho su aparición: el gobierno central no puede quedar fuera de la foto, más aún cuando no tiene más “aportes” o resultados concretos (que se puedan ver antes de la finalización de su período) en un asunto vital de agenda pública para los habitantes de la capital del país. Nuevamente, como sucedió con los incrementos escandalosos de los recursos ejecutados por los Codedes, la administración se convierte en prestanombre o facilitador; un actor que se sube al único barco que aparece, porque no hay otro a la vista. Para ello no importa, si, de paso, se legitima a un actor sumamente cuestionado, como lo es la municipalidad de Guatemala y especialmente la malograda gestión de su alcalde; para quienes este proyecto es un proyecto prioritario con fines de negocio. Se incrementa el rol de comparsa, y no de jugador político como tal.
Lo complicado de entrar en la cancha cuando el partido inició, consiste en que se desconocen las jugadas, las tácticas y estrategias, por lo que su rol consiste en ser un jugador que corre y corre tras un balón que nunca va a tocar, o que cuando se le invite a hacerlo, sea solo para fines simbólicos, sin agregar valor alguno. Para el caso que se analiza, el respaldo del Ejecutivo se traduce en facilitar algunas gestiones de la operación, y poco más o menos.
La palabra clave que encarna el apoyo del Ejecutivo a la polémica iniciativa es legitimar, aunque ello supone meter las manos al fuego por algo poco conocido y sin validación previa. La prestación de servicios públicos se ha traducido en la repetición de esa fórmula: las necesidades colectivas sirven como pretexto para grandes operaciones financieras; el problema inicial se deja de lado y su resolución no mejora porque su continuidad es la garantía para la continuidad de los negocios. Así lo ha sido, desde hace décadas, el Transurbano, donde nombres como Baldizón, la AEAU y entidades como Expansión Corporativa Milenium, S.A.; Tendencias Modernas Latinoamericanas, S.A.; Rutas Metropolitanas de Transporte, S.A.; y Concesionarios de Transporte, S.A., entre otros, hicieron su festín. Lo mismo ocurre con el negocio del suministro del agua, la pavimentación y el mantenimiento vial, la recolección de los desechos sólidos, entre una larga lista de asuntos públicos convertidos en áreas de negocios grises. El nuevo proyecto se agrega a la lista, ante la actitud entreguista, miope o cómplice de quienes participan en la mesa de respaldo.
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