Sucesos prerrevolucionarios de octubre de 1944 en la capital

Fernando González Davison

octubre 15, 2025 - Actualizado octubre 14, 2025
Fernando González Davison

«A la semana Radio del Aire conmovió a la nación con la voz de Miguel Ángel Asturias: “A eso de las tres horas de este uno de octubre cayeron abatidos los opositores Alejandro Córdova, director del El Imparcial, muerto al instante, y el industrial Fredy Koenisberger, judío de origen holandés, dueño de la ferretería El Candado, quedó herido de gravedad. El atentado se produjo frente al chalet Las Gardenias, residencia del periodista, por las balas de un grupo de hombres armados”. El asesinato no tenía nombre ya que Córdova era un conocido crítico de Ponce Vaides en su diario vespertino. Desde media mañana se congregaron miles de manifestantes en la Plaza de Armas llenos de pesar y sucedió algo parecido en ciudades menores, llenos de cólera contra el régimen y el enojo ciudadano se extendió como nunca.

 El mayor Aldana Sandoval convocó a una reunión urgente en su modesta casa y mostró su plan a Jacobo, a Juan José Arévalo, a los Toriello y a trece jóvenes oficiales, varios de ellos amigos de Jacobo, Díaz y de León, más Víctor Sandoval, cuñado de Arévalo. También asistieron los universitarios Adolfo García Montenegro, los hermanos Méndez Montenegro, Augusto Charnaud, Galich, Muñoz Meany y Orozco. “Vamos a sacar a Ponce Vaides con un golpe armado coherente”, espetó Aldana con seriedad militar y detalló su plan. “Los nuevos tanques serán clave en la victoria”, dijo, y agregó: “Vamos a triunfar pues les vamos a dar la madre de todas las sorpresas y de todos los sustos a los generales”. Aldana les presentó al mayor Manuel de Jesús Pérez y este les informó que la Guardia de Honor dispone, además de los tanques, de seis cañones móviles de artillería, morteros, camiones… suficientes para asestar un golpe mortal a los otros cuarteles citadinos. Debían incorporar a la conjura al jefe de tanques, el mayor Francisco Javier Arana, dijo Aldana, pero no ha aceptado el desafío aún. “Los cañones de esos monstruos de metal abatirán a cualquier oponente y muro que se interponga”, sentenció: “La victoria es posible si la sorpresa es nuestra con buena coordinación entre nosotros”, afirmó Jacobo. Jorge les hizo ver que su conspiración excluía el magnicidio de Ponce.

Aldana expuso las modalidades del golpe y definió las tareas que asumiría cada quien en el momento de la verdad. Jorge sugirió que Arévalo se alojara en una legación diplomática porque podía ser asesinado como le pasó a Alejandro Córdova, ya que es su candidato. Se aprobó la moción y el contenido de la propaganda con este lema: “Del dictador al maestro”. Hablaron también de las fechas posibles para ejecutar el plan, quizás a fines de octubre. Todos tomaron conciencia que sus acciones podrían llevarlos a la muerte, pero, resueltos, apostaron por la lucha y no hablarían del asunto con nadie más.

«Jacobo le mandó una carta en clave a su esposa a través de una amiga que partió a San Salvador: ´Creo que llegué a muy buena hora y las semillas que sembré antes de irnos prometen una cosecha abundantísima: ya platiqué con el amigo con quienes fuimos a Santa Ana, pronto voy a conferenciar con el doctor y todos los jugadores pronto estarán en sus puestos: en mi opinión será un juego que creo conseguirá tu aprobación».

Arévalo, García Granados y Carlos Yrigoyen redactaron el Manifiesto del Frente Unido de Partidos Políticos y Asociaciones Cívicas y lo publicaron en mimeógrafo a mediados de octubre, ya que las imprentas fueron intervenidas por las fuerzas de seguridad. Las hojas contenían el recuento de las luchas populares y sus demandas por una democracia plena:

“Se han estado realizando maniobras tendientes a coaccionar a los diputados a quienes se llama a las oficinas del Palacio del gobierno para exigirles el compromiso de favorecer con su voto la perpetuación del actual régimen… El asesinato hasta hoy impune del periodista y diputado opositor Alejandro Córdova constituye un episodio infamante del actual régimen… El motivo central de todo este proceso de descomposición política, lo constituye el propósito de perpetuar ilegalmente en el poder al general Federico Ponce Vaides, en contra de la voluntad del pueblo. Refrendan los partidos Frente Popular Libertador, Renovación Nacional, Concordia Nacional, Asociación de Estudiantes Universitarios, Unión Cívica, Partido Centroamericano, Vanguardia Nacional, Asociación Nacional de Maestros”.

«Y la organización proselitista difundió el mensaje de Arévalo a través de células universitarias y de maestros por el territorio nacional.

«Ponce Vaides para enfrentar a los manifestantes trajo a miles de agentes “rurales” indígenas al predio de la Feria de Noviembre en la capital con palos en las manos y fotos de Ponce en el pecho. Y marcharon por las calles del centro capitalino con gritos: “¡Viva el Partido Liberal!” para atemorizar a los citadinos cual fuerzas fascistas de choque y, así, dispersaron a los miles de manifestantes.

«Aldana le pidió a Paco Arana en privado que se uniera a su conjura, pero se negó de nuevo porque su esposa Dorita le recordó anoche que hace cuatro años una docena de oficiales y civiles del cuartel Matamoros fueron ejecutados por intentar algo parecido. Aldana ya no le tocó más el tema y le pidió guardar el secreto, mientras conversaron que la división entre los generales era clara porque no sabían cómo repartirse las fincas alemanas recién nacionalizadas, pues sus pugnas se acentuaban por tomar las mejores. Para finalizar, Aldana, sereno, le ordenó a Paco que realizara mañana nuevos ejercicios con los tanques en el Campo de Marte para ver cuán capacitados estaban los conductores y artilleros. De esa cuenta, a las ocho horas, el general Corado de la Guaria de Honor y dos oficiales estadounidenses observaron sendos movimientos de las orugas: para adelante, para atrás y en zigzag, sus ametralladoras echando bala sobre varios blancos más un par de bombazos de salva cada uno. Al finalizar, en medio del polvo, los estadounidenses y Aldana Sandoval felicitaron a Paco y a Pérez en tanto el general Corado de malas pulgas ordenó a Aldana que los motores debían ser afinados antes de sacarlos a la calle cuando se lo ordenara.  Elevó el mentón, golpeó su fusta de cuero en la palma de su mano y se retiró porque iba a reunirse con su hermano, el ministro de Defensa,  porque los maestros entraron en paro y eso ameritaba una medida punitiva de castigo.   Aldana se quedó en el pódium con los dos estadounidenses mientras un tanque avanzó hacia él y se detuvo. Paco sacó la cabeza por la torrecilla y Aldana lo felicitó y ripostó un refrán: “A piloto diestro, no hay paso siniestro, mi mayor”. Aldana sonrió y le dio dos días de franco…

«Hablaron de la huelga general de los trabajadores y de los comerciantes organizada por la Unión Cívica, donde participó buena parte de la élite, menos los ubiquistas Pivaral, Skinner-Klee, Castillo y Herrera, que formaban una fracción defensora  del statu quo.  Hablaron que Ponce mantenía en suspenso las garantías de la Constitución, mientras la gente del campo no entendía lo que pasaba en la capital. Comentaron que Arévalo estaba agradecido con sus amigos porque le arreglaron el problema de su ciudadanía y que los maestros y universitarios realizaban un trabajo de hormiga, de boca en boca, de casa en casa, en los distintos poblados  arengando a votar por Arévalo en cada hogar.

«En la capital la policía secreta rompía los vidrios de las vitrinas donde miraba que pendía el retrato de Arévalo. Empero la gente que pasaba al ver los destrozos lanzaba por el hueco monedas y billetes para costear su reparación. “Es que allá las paredes se han llenado de letreros con pintas para votar por Arévalo”, le dijo su primo Lemke al gran Juanchón.

Jacobo animó a sus compañeros a confiar en el plan del bigotudo y serio Aldana Sandoval cuando este agendó en una sesión secreta que el golpe se daría el 24 de octubre. Telefoneó a María Cristina para decirle en clave lo anterior y que varios universitarios huyeron a San Salvador. “Y llegará uno más a verte María con un mensaje para ti …”. Así, Jacobo le dio el sobre al estudiante amigo que huyó con su ayuda y ella lo recibió días después. La nota solo decía: “Todos los jugadores estarán pronto en su lugar. Los civiles tienen confianza en mí. Ellos nos apoyan y sé que vas a disfrutar lo que tenemos reservado”. Ella se angustió y se consoló al abrazar a sus dos hijas en casa de sus padres.

«Aún enfermo, Ubico visitó la embajada estadounidense y le pidió al Encargado de Negocios Affeld que mantuviera a Ponce Vaides en el poder, porque si no vendría el caos. El diplomático tomó nota y, en privado, se lo comentó a Toriello. El diplomático avaló la conjura en marcha sin querer saber detalles. Sabía que la policía conocía nombres de varios complotistas, entre ellos Aldana Sandoval, y se alistaban para capturarlos. Así, Willy Toriello, Galich y otros dirigentes se escondieron, mientras Aldana tomó sus recaudos para ver si alguien lo seguía cuando conducía su auto.  Jacobo mandó a Enrique de León a advertir a varios oficiales de sus posibles capturas y en persona le dijo a Aldana lo que estaba ocurriendo, por lo que decidieron anticipar la fecha del cuartelazo para el diecinueve de octubre por la noche, porque los generales saben algo del complot. Además, esa noche del diecinueve, ellos, los diplomáticos y fufurufos van a estar ese día de noche en la inauguración del Club Casablanca para oír al admirado tenor Chiuco Palomo. “Al terminar el concierto, seguirán de farra y nosotros les daremos por sorpresa el golpe militar sin que se den cuenta”. “Noche de farra será la contraseña, ¿le parece mayor Aldana?”. “De acuerdo capitán”. Jacobo dijo a los Toriello la nueva fecha y a los dirigentes de la Unión Cívica. Jacobo y Enrique de León hablaron del asunto con los dirigentes universitarios y del magisterio. Algunos llegarían en taxis a la Guardia de Honor a unirse al golpe mañana a medianoche. “Incluso algunos de nosotros deberíamos ir a Casablanca a distraer a los espías de la policía secreta cuando nos vean allí”, dijo Willy.  Su hermano Jorge asintió y le dijo al dandi Juan José Alejos Arzú que fuera a oír al famoso tenor para que vigilara a los generales al terminar el concierto y les siguiera los pasos esa noche. Varios líderes ancianos del unionismo convencieron a docenas de artesanos, obreros y universitarios de ir a medianoche a la Guardia de Honor, donde Aldana les dará armas pues a esa hora tendrá controlado el cuartel. Árbenz les dijo que, así, usarán tanques, camiones, jeeps y motos para atacar a los cuarteles citadinos Matamoros y San José. Él mismo verificará el buen uso de las tres piezas de artillería Howitzer, que tomará a cargo del teniente Salomón Pinto, novato pero buen artillero, para  que bombardee varios cuarteles. Jacobo le dará la localización de los blancos, el mapa-terreno y la posición del PO para lanzar las bombas sobre el cuartel San José para empezar.

«Empero el plan pareció naufragar cuando Ponce Vaides por teléfono ordenó a los generales Corado distribuir los tanques y armas donadas por Estados Unidos a los cuarteles citadinos en partes iguales. Aldana, serio, acató la orden de ese narigudo bulboso y mandó a separar cientos de cajas de armas. Corado al ver el poco avance  a mediodía les gritó a varios jóvenes oficiales en el galpón y les dio repetidos fuetazos en la cara para que apuraran a los soldados a terminar. Tal bajeza alarmó y disgustó a todos los oficiales del cuartel, incluyendo a Paco. Aldana se caldeó y le reclamó, pero Corado, a punto de levantar el fuete, no le pegó porque su padre era jefe del Estado Mayor. La lentitud se debió a que Aldana ordenó quitarle una pieza a las armas para que no pudieran dispararse en los cuarteles que iba a atacar esta noche. Los camiones coordinados por Paco Arana empezaron a llenarse de cajas para llevarlas a los cuarteles capitalinos San José y Mariscal Zavala; y, por la tarde, mandó otro tanto al cuartel Matamoros y a la Base Militar Aceituno.

«Paco estaba furioso cuando le dijo a Aldana que los fuetazos de Corado eran propios de un hombre ruin y por eso se unía a la rebelión. Aldana sonrió, lo felicitó y llevó a solas a su oficina a explicarle su plan para esta noche junto con tres oficiales involucrados en el complot que comenzaría poco después de las veintiuna horas. Los complotistas debían acostarse con los uniformes puestos y tener cerca sus armas. Paco y su adjunto Pérez a esa hora irán a los aposentos de los oficiales para empezar la asonada militar conforme su plan que conocían de memoria.

«Corado llamó a Aldana satisfecho porque la distribución de las armas en los cuarteles de Matamoros y San José se ejecutaba bien. “Mañana repartiré los tanques mi general”, dijo Aldana.  Satisfecho, Corado golpeó el fuete en su pantalón, elevó el mentón y repuso: “Para mañana, pues”, y se retiró a su oficina en el segundo piso al atardecer.

 «Aldana en su oficina le dio a Paco Arana pormenores de cómo se gestó la conspiración, pero se detuvo para contestar el teléfono. Solo dijo sí dos veces y colgó el auricular. Nervioso y lleno de preocupación le dijo a Paco y a Manuel de Jesús Pérez que coordinaran el cuartelazo pues Bernabé Linares venía a capturarlo, según le dijo el asistente de su padre. Para evitar su captura se irá a su pueblo, pero la sublevación debe comenzar hoy a las 21:00 horas como estaba planeado. Les recordó que a medianoche llegará Árbenz con su grupo de civiles a tomar las armas.  Luego le telefoneó a Jacobo y le habló en clave para juntarse en el restaurante Las Gaviotas en la avenida Reforma. Así, Aldana arrancó el Jeep y, ya abierto el portón del cuartel por los policías militares, continuó hacia el cercano restaurante. Jacobo, para evitar sospechas, envió en su lugar a Enrique de León. Allí, Aldana le comunicó que Arana y Pérez quedaron a cargo del complot y le explicó el motivo de su partida y se despidieron. Aldana abordó el jeep y manejó solo por la carretera de Muxbal en dirección a su natal Barberena dejando en tensión a sus oficiales de la Guardia de Honor.

«Pérez y Paco Arana memorizaban en el comedor el plan cuando escucharon que Bernabé “El Sicópata” se hizo presente junto con diez agentes de la policía secreta. Cuando revisaron por aquí y por allá sin ver a Aldana se retiraron y los dos se aliviaron. Para despistar a Corado de sus intenciones, Paco tomó la guitarra y cantó “Noche de farra”, que alegró a los oficiales en el comedor al finalizar la cena». 

Tomado de «Mentiras, fuego y sangre, Arévalo, Árbenz y la Guerra Fría», de Fernando González Davison. FyG Editores, Guatemala 2025. 640 páginas.

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