¿Se está matando a la democracia?

Mariana Rohrmoser

septiembre 30, 2025 - Actualizado septiembre 29, 2025
Mariana Rohrmoser

Cada día surgen más ideas que apuntan a querer mostrar la inoperancia del modelo democrático, percibiéndose este sentir hasta en recientes encuestas.

Existen diversas corrientes que aseguran que la democracia dejó de ser el modelo óptimo para gobernar las naciones y se está evidenciando un verdadero colapso que muy probablemente no radique en el sistema per se, sino en quienes lo corrompen y debilitan deliberadamente, con la intención de abrir paso a nuevas dictaduras disfrazadas de desarrollo y modernidad.

Algunos repiten una idea peligrosa: “La democracia ha fracasado”. ¿Pero es esto realmente un hecho comprobable y verdadero? O se nos está pretendiendo incrustar esto en la mente, para lograr a través de otros modelos en donde las libertades se están apagando, con la excusa de poner orden y recuperar la grandeza de las naciones.

Pareciera ser que no es el sistema democrático el que se derrumba, sino quienes lo han corrompido y debilitado, por preservar sus más sucios y perversos intereses, destruyendo lo que por siglos se logró construir: un sistema de pesos y contrapesos, en donde los poderes del Estado se mantengan en equilibrio y sin injerencias uno en otro.

La idea nefasta de argumentar que la democracia ya no funciona y que ésta está en decadencia, sólo ha provocado confusión y confrontaciones incluso de orden ideológico, destruyendo ideas y preceptos sólidos del respeto a las libertades, logrando así que los ciudadanos pierdan la confianza en ella, la cuestionen y con ello se venda “la necesidad de la mano dura”, apareciendo así las dictaduras a la “moderna”, que prometen progreso, pero paralelo a ello, arrebatan lo más sagrado del ser humano: ¡La libertad!

El reto es claro: defender la democracia antes de que sea demasiado tarde.

Mirar a nuestro alrededor es crucial y entender a profundidad lo que está ocurriendo en los países vecinos, para no dejarse llevar por el espejismo del falso desarrollo. Este es elemental, sí, pero no a costa de acallar las voces disidentes y mucho menos cuando se coarta la libertad de expresión.

Valdría la pena hablar con los que están viviendo esa represión y no sólo informarse a través de lo que se vende como progreso en los medios locales autorizados para hablar en esos países.

Es importante entender, cómo se está pretendiendo manipular a la población con el objetivo de incrustar la repudiable idea que la democracia ha fracasado, que su modelo está agotado y que ésta no logra responder a los grandes desafíos de nuestros tiempos. Valdrá mucho la pena reflexionar, si la democracia realmente es la que ha colapsado, o son los valores de quienes se consideran no sólo líderes de sus países, sino del mundo entero.

Las ansias de poder de quienes hoy gobiernan países en donde las libertades se ven reprimidas, pretenden hacerle creer a la población, con sus retorcidas ideas, la infuncionalidad de la democracia para provocar una corrosiva expansión de la corrupción.

Que no se permita el asesinato del modelo de gobernanza más loable, equitativo y equilibrado, de todos los tiempos, llamado democracia, misma que en su esencia, sigue siendo el sistema más legítimo y el que mejor garantiza la libertad, la igualdad y la participación ciudadana.

Por tal razón se reitera, que lo que está en crisis no es el modelo en sí, sino las prácticas corruptas de unos pocos ambiciosos, que le han vaciado su contenido.

El recorrido histórico lo demuestra y está claro que la democracia, desde sus claras raíces en la Atenas clásica, ha evolucionado con tropiezos y conquistas, adaptándose a contextos muy distintos.

Sin embargo, la lección aprendida frente a las dictaduras del siglo XX, en aquellos regímenes que prometían orden y modernización, pero que trajeron censura, represión y violencia, permitieron a los pueblos reafirmar su convicción en la libertad. Por lo tanto, fue la democracia la vía que permitió salir del horror autoritario y sentar bases para sociedades más abiertas. ¡Que no se permita retroceder!

Resulta tenebroso y hasta repugnante, verificar esta peligrosa paradoja de la cual, hoy algunos hacen gran alarde. Es evidente y claro, que las dictaduras no regresan con botas y fusiles, sino con discursos sofisticados, modernas vestimentas y envoltorios tecnológicos, que llevan consigo promesas de desarrollo, sin alternancia en sus gobernantes y con un acallamiento que podrá impedir en algún momento, hasta el uso y disfrute de ese modernismo.

Son, como arriba se mencionó, dictaduras a la “moderna”, que buscan callar e incluso aniquilar voces disidentes, manipular la opinión pública y concentrar poder bajo la máscara de la eficiencia. Se presentan como alternativas más eficaces frente a una democracia debilitada por la corrupción y la incapacidad de muchos líderes para consolidarla.

El problema realmente radica en no fortalecer las instituciones ni renovar los liderazgos, lo que en cierta medida las vuelve vulnerables.

El desencanto ciudadano, el cansancio frente a la impunidad, la corrupción y la desigualdad, así como la sensación de votar por nuevos gobiernos, que finalmente no cambian nada, abren la puerta a esas nuevas formas de autoritarismo.

Por ello debemos entender que el enemigo no es la democracia, sino quienes la distorsionan o renuncian a defenderla.

Ojalá quedara claro que hacerla tambalear e incluso intentar asesinarla, no es la salida.

Que el disfraz del progreso y la máscara que se esconde en el desarrollo, no nos lancen al retroceso autoritario.

La historia ya nos mostró el costo de las dictaduras y la grandeza de la libertad conquistada.

Hoy corresponde a la ciudadanía, más que nunca, defender la democracia, no como un ideal abstracto, sino como la única herramienta real para construir un futuro de desarrollo, dignidad y justicia.

Y es aquí donde debemos ser claros: llegó el momento de dejar la apatía y asumir con responsabilidad nuestra parte. Defender la democracia significa exigir rendición de cuentas, involucrarse en los asuntos públicos y no ceder ante la comodidad de la indiferencia. Si no levantamos la voz y actuamos ahora, esas dictaduras disfrazadas terminarán arrebatándonos lo que generaciones pasadas conquistaron con sacrificio.

No podemos permitirlo. La democracia se defiende ejerciéndola, fortaleciéndola y comprometiéndose día a día con ella.

Tags:

Todos los derechos reservados © eP Investiga 2024

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?