En nuestra sociedad aún se espera que las mujeres seamos sumisas y «bien portadas», durante la Semana Santa, pensé en la figura de “Magdalena«, sí esa mujer que se atrevió a desafiar los estereotipos impuestos en su época y a alzar la voz contra la injusticia, aunque eso significó ser estigmatizada.
Pienso en lo que a veces nos ocurre a muchas mujeres, que somos confrontadas por otras mujeres; es decir, cuando no cumplimos o no llenamos un “rol” se nos cuestiona, por no ser madres, por estar solteras, por no ser lo que la sociedad “espera” que seamos, por bailar, por cantar, por caminar sola. Muchas veces me han dicho frases como que si me comporto “linda y presentable» resulto más «apetecible» para que alguien pueda fijarse en mí, como que, si fuese un par de zapatos o una blusa, un objeto. Escuchar afirmaciones así, de otras mujeres en este año, no solo me resulta arcaico sino profundamente doloroso.
A lo largo de mi vida, he enfrentado el acoso sistemático. Me insinuaron que para ser auxiliar judicial debía mostrarme «más amable», y un fiscal me sugirió que salir con él podría favorecer mi aspiración de ocupar un cargo. Nunca cedí ante estas presiones, pero tampoco las denuncié, lo lamento no tenía el valor ni los conocimientos que ahora poseo.
Ahora, a mis 45 años, escucho que como mujer debo explotar mi “energía femenina”, y yo me pregunto: ¿Qué significa exactamente ser más femenina? ¿Acaso mi condición de refugiada, exiliada, feminista, guatemalteca y defensora de derechos humanos no encarna ya la esencia de lo femenino? ¿Es necesario adoptar ciertos comportamientos superficiales para validar mi identidad como mujer?
Reivindico ser una Magdalena. Como católica practicante, he estudiado la historia religiosa y comprendo la profundidad de este símbolo. La figura bíblica de María Magdalena ha sido históricamente malinterpretada, reducida a estereotipos cuando en realidad representaba fortaleza y redención. Debemos abandonar la cultura del juicio. Nadie conoce las historias ajenas, los dolores y momentos de vulnerabilidad que llevaron a otros a tomar determinadas decisiones. Todo en la vida marca, pero también todo puede limpiar y liberar.
Las Magdalenas son mujeres juzgadas sin que nadie conozca su historia, sufrimientos, antepasados. La tragedia es que muchas mujeres repetimos patrones familiares cuando estos permanecen como tabúes, cuando no nos atrevemos a verbalizarlos. Somos constelaciones de historias que se repiten si no las contamos en voz alta, aunque duelan, aunque provoquen vergüenza.
Es tiempo de que asumamos con orgullo nuestra complejidad y nuestras contradicciones. De que rechacemos las etiquetas impuestas por una sociedad que aún no está preparada para mujeres que no piden permiso para existir en toda su autenticidad.
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