Recientemente, una encuesta de CID-Gallup generó diversas reacciones, cuyos resultados específicos he comentado en varios espacios. Algunos datos no hacen más que confirmar la tendencia ya conocida:
La debacle del actual gobierno y de la figura presidencial. En comparación con gobiernos anteriores, la percepción negativa para el mismo lapso de evaluación, lo sitúa junto a Giammattei, como los más altos en reprobación.
- Percepción negativa sobre el rumbo del país.
- Incremento del costo de vida y empeoramiento de la crisis económica para las familias, aunque los números macroeconómicos reflejen otra variable.
- El costo de vida sigue ocupando el primer lugar en la preocupación de los guatemaltecos, y si sumamos el desempleo, que también es una variable socioeconómica (pero que se consulta por separado) tenemos un factor muy por encima del segundo, que es la inseguridad.
- Los diputados y el Congreso continúan siendo los más desprestigiados del conjunto institucional del estado.
- La desatención de la política por parte de la mayoría de guatemaltecos. Respecto a esto, llama la atención los comentarios peyorativos de la población hacia los políticos y la actividad política, sobre todo, partidaria; sin embargo, la mayoría asiste a votar y valida el sistema político-electoral cada 4 años. Esta contradicción ya la hemos comentado ampliamente en otras ocasiones.
Temas relevantes que no son tan comunes y que vale resaltar son:
- La percepción sobre la corrupción del gobierno empata con la variable “Violencia/crimen/drogas. Dato peligroso para el actual gobernante pues se desmonta la excusa más proferida: “Por lo menos no roban”.
- La Copa del Mundo 2026 y la posibilidad que nuestra selección clasifique, fue incluida. Parecería una broma, pero no lo es. Por supuesto, tiene una justificación metodológica y, sobre todo, política, pues el combinado nacional deviene en un instrumento de maniobra para modelar/dirigir imaginarios sociales a conveniencia. El fracaso elitario por construir y hegemonizar una identidad nacional, se vale ahora de cualquier recurso, Arjona incluido.
- En las elecciones de 2023, las redes sociales iniciaron su dominio sobre el resto de medios de comunicación, como fuente primaria de información para los guatemaltecos. Ese dato se confirma en la encuesta, lo que significa un giro importante para las campañas electorales.
Ahora bien, quiero centrar mi interés sobre los siguientes hallazgos:
- La influencia de Bukele en Guatemala se manifiesta de dos formas:
- A la pregunta: ¿A qué país debiera imitar Guatemala para resolver los problemas? Estados Unidos queda en segundo lugar y muy por encima, aparece El Salvador, con marcada distancia.
- Los vientos autoritarios del gobernante del país vecino, parecen haber afectado ya el escenario nacional, pues la contundencia con la que los guatemaltecos se pronunciaron, sobre si aceptarían un gobierno no democrático a cambio de resolver el problema de la inseguridad, fue del 70%. Similar respuesta al tema de resolver la crisis económica, con un 72%.
- La mención de China en tercer lugar, respecto a qué país imitar. Esto hubiese sido impensable años antes.
- En torno a quiénes son los responsables de los problemas del país, la población sigue identificando a los operadores del sistema y no a quienes lo diseñaron y que detentan el verdadero poder oculto. Sin embargo, los empresarios ya aparecen con un nada despreciable 24%.
Respecto de esto último, conviene aclarar que el empresariado no es un solo bloque. Como describo en mis columnas, conferencias y clases, hay tres tipos de capital: Oligárquico, Corporativo y Emergente, con orígenes y dinámicas muy diferentes. El primero es el más antiguo, tradicional y cavernario, el cual, lamentablemente, es el que parte el bacalao; también se le denomina el G-8, debido a que lo constituyen las 8 corporaciones más grandes y fuertes del país, principalmente, los monopolios decimonónicos. Luego está el capital Corporativo, más moderno y menos primitivo, que se engendra, paradójicamente, con la Revolución de Octubre y, finalmente el Emergente (a partir de los ’80), una mezcla diversa de capital lícito e ilícito. No está demás decir que, el gran actor (el narco) ahora atraviesa todos los capitales y las dinámicas de poder.
Gracias al fracaso de una primavera más bien invernal, no es difícil prospectar que, en 2027, será fácil implantar “democráticamente”, el autoritarismo que resuelve.
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