La hegemonía de Estados Unidos en el mundo luego del colapso de la Unión Soviética mostró con claridad que el complejo militar industrial y bancario había usufructuado esa rivalidad frente al complejo militar industrial soviético al armarse hasta los dientes con miles de ojivas nucleares que podrían mandar al mundo al carajo si Washington o Moscú iniciaban la III Guerra Mundial. Se inventaron nuevas guerras y que mejor si era para asegurar el petróleo en Medio Oriente al tiempo que Israel se consolidaba con el apoyo de la Casa Blanca, pues el combustible fósil era aún la fuerza que asistía a los automotores. Entre los grandes banqueros de dicho complejo militar se destacan los judíoz jázaros, o sea, que hace mil años adoptaron el judaísmo como su religión sin ser semitas. Durante el siglo XIX dominaron la banca europea y luego la estadounidense. El mismo Carlos Marx, judío jázaro y con abuelos rabinos, estudió sus restricciones en la academia. Concluida la II Guerra Mundial, donde murieron millones de judíos jazaros en los campos de exterminio nazi junto con gitanos y socialistas, promovieron la migración de los suyos a Palestina para crear su propio Estado. Moscú ayudó al inicio pero fue Estados Unidos su principal soporte financiero al punto que le dio entre 1948 y 2025 recibió más de trescientos mil millones de dólares para su consolidación y mantenimiento, a pesar de no ayudar a los millones de estadounidenses indigentes. Ello iba parejo con el manejo de los políticos demócratas y republicanos financiados por la organización jázara AIPAC para que a su vez apoyen a Israel con un trato especial. (Ayer fue claro en las millonarias elecciones primarias que tuvieron lugar en Kentucky) Algo parecido hacen los evangélicos pentecostales que creen en el derecho de Israel a posesionarse por “orden divina” del Medio Oriente, secta a la que pertenece Trump (aunque solo tiene un millón de miembros). También apoyan a Trump los grupos petroleros pues, si bien Estados Unidos es el mayor productor de petróleo del mundo, sus reservas de fracking están decayendo rápidamente, y, por ende, necesitan el petróleo venezolano, lo que justificó su intervención armada para tomar el control de sus recursos naturales con la venia del gobierno militar venezolano. En su apoyo también están los representantes de los grandes conglomerados tecnológicos, pues Trump es clave para establecer el mayor control posible de la población a través de las redes y de la Inteligencia Artificial para dominar no solo Estados Unidos sino parte del resto del mundo.
En esas complejas redes de poder se tiene en Francia al presidente Macron que trabajó antes para los banqueros Rothchild, de origen jázaro, mientras que el canciller actual alemán trabajó para la estadounidense Blackrock, que lo he instado a estar en contra de Rusia, evitando cualquier acercamiento como el que tuvo la canciller Angela Merkel con Vladimir Putin, pues esa alianza haría poderosa tanto a Rusia como a Alemania, y habría que parar esa posibilidad, hostilizando a Rusia con el asunto de Ucrania…
Esos grupos son los que manejan a Trump y a la mayoría de congresistas y senadores estadounidenses, a los que han financiado, que le han permitido mantener su guerra en Irán sin la aprobación del Congreso a pesar de su costo sideral y los daños colaterales como la subida de la inflación mundial a causa el alza del precio del petróleo debido al cierre del estrecho de Ormuz, donde pasa el 20 por ciento del crudo y de gas, de fertilizantes, helio y demás materia prima, claves para fabricación de fertilizantes, lo que ya encarecerá los productos del agro y creará graves problemas, en especial en países en desarrollo, mientras el alza de las tasas de interés sigue en ascenso golpeando el pago de la deuda a dichos países como pasa con la gasolina…
Para darle una salida airosa a Trump, para que termine la guerra en Irán el Congreso, ahora cuenta con los votos para impedirle que continúe sin su aprobación.
Estos grupos poderosos enfrentan a China y a sus aliados que poseen conglomerados industriales, tecnológicos y bancarios, que luego de la visita de Trump hace una semana a China, se habrían puesto de acuerdo para generar un orden a esta “rivalidad estratégica” que sea de mutuo beneficio, dándole Taiwán a China, a cambio que neutralice a Irán y abra el estrecho de Ormuz, que, debido a esa guerra de Israel y Estados Unidos, ha dañado la economía del mundo y la de este país por el alto precio de los combustibles. Pero los petroleros estadounidenses están felices haciendo más ganancias como Noruega y Canadá, pues se han convertido en proveedores clave para Europa, lo que les permite captar mayores ingresos y ganar cuota de mercado tras el bloqueo del estrecho de Ormuz. Igualmente Rusia, puesto que ha incrementado sus exportaciones energéticas —especialmente hacia Asia—, logrando una notable flexibilización de las restricciones y alcanzando cifras récord de ingresos. China también, pues mantiene su economía a flote comprando petróleo iraní con descuento, en tanto aprovecha la distracción y el desgaste de Washington en Oriente Medio para expandir su influencia global. Los Estados del golfo Pérsico, aliados de Trump, ahora le piden al mandatario que termine ya esa guerra, mientras 16 bases militares estadounidenses en sus países han sido destruidas por Irán. Este país se ha elevado al rango más elevado: el de una nueva potencia mundial. Nadie se atreverá a aplicar una solución militar para derrocar a su régimen. Fue un error garrafal de Trump seguir la orden de Netanyahu de atacar. No obstante, este jázaro quiere seguir la guerra, y la ha seguido en Líbano y pretende dejarlo en escombros como Gaza. Las sanciones económicas contra Irán van a terminar en un golfo Pérsico que siempre ha estado y estará en tensión
Entretanto, China podrá ocupar Taiwán ya que EE. UU. no va a reaccionar. El nuevo orden mundial lo están estableciendo Washington y Beijing, mientras la guerra en Ucrania se terminará pues sus pueblos en guerra están hartos de ella, como sucede respecto de la guerra contra Irán.
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