En la administración de Bernardo Arévalo y Karin Herrera, se ha evidenciado una notable falta de cohesión en el equipo de trabajo. El peor fracaso de un gobierno no es equivocarse, sino darle la razón a la oposición, desde su toma de posesión, la comunicación con la ciudadanía guatemalteca ha sido deficiente. A esto se suma la percepción de que tanto su equipo de trabajo como sus asesores carecen de la experiencia necesaria para gestionar eficazmente los asuntos del país.
Una analogía sencilla y cotidiana que podemos utilizar respecto a lo que sucede en el país, es la formación de grupos; ya sea en la universidad, en el trabajo o en cualquier proceso formativo, siempre hay que formar grupos. La situación es que, al darnos la oportunidad de elegir por afinidad, uno escoge al equipo ganador, con quien se siente más cómodo y con quien está seguro de que podrá tener éxito y alcanzar la excelencia. En un grupo pueden existir diferencias, pero eso no hace que se desintegre, sino que se fortalece y luchan incansablemente por lograr su objetivo.
El autosabotaje del gobierno de Arévalo comenzó con una mala elección de equipo. Teniendo plena libertad para designar a sus compañeros de trabajo, no demostró la astucia necesaria, dejando en claro la falta de preparación para asumir el poder. Lo más irónico es que gobiernos anteriores con un gran historial de corrupción, mostraron mayor capacidad de organización para trabajar en función de sus objetivos, evitando así los escándalos y problemas internos que hoy vemos.
El gobierno Arévalo y Herrera ha mostrado señales de fractura desde el inicio. La elección de una ministra allegada al CACIF fue revertida por presión social, a esto se suman las constantes renuncias de ministros, algunos por mal uso de fondos públicos y otros con pretextos dudosos para desvincularse. Pero quizás lo más impactante fue cuando el presidente y la vicepresidenta admitieron públicamente que no son amigos, no tienen ni un solo vínculo, sugiriendo que al igual que los partidos tradicionales, fueron forzados a trabajar juntos. Esto evidencia que los más altos mandos están desconectados, cada uno siguiendo su propia agenda. Esta no es una forma de trabajar por el país, esta situación es simplemente réplica las viejas y malas prácticas del pasado.
Los recientes acontecimientos ratifican la deficiente selección del equipo de trabajo del presidente Arévalo, llegando a un punto de total descrédito. El caso más reciente, que lo deja en ridículo, es la decisión de Segeplan, respecto a otorgar una beca a una excandidata del partido oficial, una medida que surge tras meses de fiscalizaciones y exigencias ciudadanas. Este acto, que denota un evidente cinismo, no solo perjudica la labor gubernamental en un momento de gran decadencia, sino que expone la desconexión interna del equipo. A este punto, ya no es necesaria la labor de investigación de los medios independientes, el propio gobierno se encarga de cometer errores que debilitan de forma irreparable su imagen pública.
Guatemala durante décadas ha sido forzada a vivir en división, ante esta situación, necesitamos gobernantes que hagan un llamado a la unidad nacional, que prioricen el bien común antes que el de ellos mismos, que sean empáticos, pero, sobre todo, que sean serviciales ante el pueblo que los eligió. Nuestra nación necesita un equipo de trabajo que sepa dirigir al país hacia el desarrollo económico, social y cultural que tanto buscamos. No más autosabotajes que perjudiquen a los guatemaltecos, es urgente tener líderes que entiendan sus problemas y promuevan iniciativas para el bienestar de todos.
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