Creo que las formas de integración en el continente americano evidencian que los países latinoamericanos han valorado la integración con la idea de defenderse de las grandes potencias tradicionales, en especial la del norte del hemisferio, para compensar su pequeñez y unificar esfuerzos y cooperar de manera eficiente en casi todos los sectores. Algunos acuerdos funcionaron y los que no, se han quedado vetustos.
Los que funcionan están sobre todo en Centroamérica, en los países andinos y el Caribe. En el norte del hemisferio también han sido fructíferos los acuerdos del libre comercio entre México, Canadá y Estados Unidos, y también los que han suscrito de manera bilateral con los centroamericanos. Sin embargo, vino el shock de las políticas arancelarias fuera de las normas de integración lanzadas por la Casa Blanca en 2025, que pronostican que la integración americana, económica y política podría irse a pique porque en lugar de eliminar las barreras arancelarias se han aumentado, y están teniendo un efecto negativo en los proyectos de conectividad en la economía, infraestructura, energía y tecnología, deteriorando la competitividad global del continente e incluso de Estados Unidos.

Hace tres décadas este país propuso un proyecto de integración hemisférica, pero fue rechazado por Brasil, Argentina, Venezuela… El modelo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte fue el modelo de integración para constituir el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Estimo que este, tarde o temprano, se deberá discutir a futuro para poder hacer un borrador de integración hemisférica de una manera pragmática cuando Trump deje el cargo. Será cuando de nuevo se considere en Estados Unidos que, como imperio, necesita a los estados americanos y al revés, ya sin los berrinches imperialistas de una Casa Blanca autoritaria que, en lugar de atraer a los países del continente al redil de Washington, los está alejando de su zona de influencia, como sucede con los países europeos, que se han alejado de Estados Unidos por su abandono y por el alza de los aranceles y ahora tienen claro que van a caer en la zona de influencia de Rusia.
Creo que el miedo a enfrentar la integración continental en nuestro continente como un todo nos impide apostar en favor de la unidad. Empero, sé que tarde o temprano, ante los pésimos resultados actuales y venideros de la economía estadounidense y del resto de países americanos debido a dicho shock arancelario y político, es previsible que la racionalidad imperial vuelva a sus cauces cuando Trump deje su cargo. Y es que es bastante claro que se está produciendo el reparto mundial en zonas de influencia y, nos guste o no, Estados Unidos va a quedarse con este continente en el reparto mundial que van a practicar también China, Rusia e India.
Con la política de intervencionismos de la Casa Blanca en Groenlandia y Venezuela le ha salido el tiro por la culata porque no rinde buenos resultados en el mediano y largo plazo, mientras es claro que para Estados Unidos su salvavidas es América Latina. “América para los americanos”, una rémora de un imperio que pregonó esa doctrina para alejar a los europeos de este hemisferio. Los latinoamericanos pragmáticos de ahora en adelante deberán unificarse y persuadir a los estadounidenses que es más fácil y sustantivo defender sus intereses nacionales con un tratamiento de socios a dar a los países latinoamericanos y así podrán entenderse mejor en ese mundo de zonas de influencia.
Los seiscientos millones de latinoamericanos con diez mil dólares al año per cápita ciertamente invitan a considerar que son de gran valor para un imperio que tambalea, y que su única columna de sostén no son los intereses en el Medio Oriente, que son distractores en países que están fuera de su zona de influencia y de su interés nacional: la columna que podrá sostener ese imperio es la que va del Río Bravo a Tierra de Fuego. La otra columna es la de Canadá al Ártico.
Y lo digo así porque China tendrá su zona de influencia y le dará preferencia a sus vecinos, no a los latinoamericanos, aunque estos deberán aprender su modelo de planificación para desarrollarse mejor y sacar de la pobreza a millones como lo hizo Deng Ziao Ping hasta el actual Xi. Los latinoamericanos ahora somos los interesados en persuadir a los nuevos políticos estadounidenses de integrarnos más allá de los acuerdos existentes de comercio e integración, porque conviene a cada uno de los intereses nacionales de los estados del hemisferio.
México y Brasil deberán dar el ejemplo de mejorar esta idea en sus respectivas capitales con el concurso de las universidades del continente para que juntos, en este continente, podamos compartir soberanías nacionales, ceder atribuciones para una gestión conjunta en todos los sectores de infraestructura, comercio, ambiente y seguridad.
El imperio romano así se sostuvo: Roma tambaleaba en el siglo dos D.C. y no castigó a sus provincias a lo largo del imperio con aranceles y expulsiones de sus pobladores en la península itálica: Caracala emitió un edicto que otorgó la ciudadanía romana a casi todos los hombres libres del Imperio y lo aplaudieron. Esta medida, más que un acto inicial de conquista, buscaba consolidar el poder imperial, aumentar la base impositiva y promover la unidad cultural, asimilando a los pueblos sometidos. Así, Roma facilitó la administración, el reclutamiento militar y la integración cultural («romanización»), llevando la ley romana a los territorios foráneos. La medida aumentó la recaudación fiscal y transformó la estructura política del Imperio. Duró dos siglos más. Trump actúa en contra sentido, pero sé que no será por mucho tiempo. Los estrategas latinoamericanos, canadienses y estadounidenses saben que yo tengo razón.
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