El control opresivo a lo largo de Estados Unidos se ejerce desde la Casa Blanca que ha generado en diez meses una sociedad distópica, secundada por los poderes legislativo y sus dos cámaras, y también por la Corte Suprema de Justicia designada por Trump en su primera administración. Los jueces están bajo su escrutinio para favorecer el nuevo “orden” de las cosas y ellos sienten la presión para actuar conforme el dedo del poderoso. Ese poder opresivo controla los medios de la prensa escrita y televisiva y la variedad de redes sociales como Meta, Tik Tok… que generan propaganda y manipulan la verdad.
Durante la pandemia estas empresas tecnológicas —las llamadas Big Tech— se ampliaron a miles de millones de personas encerradas en casa, trabajando y comprando en línea, pegadas a pantallas y nubes informáticas. Se volvieron todopoderosas. En Estados Unidos, entre 2020 y 2022, hubo un incremento de 52% del tiempo en pantalla entre la población menor de 18 años. Las miradas en las pantallas bien manipuladas en favor del “Gran Hermano”.
En la novela “1984” George Orwell escribe sobre un Estado donde se suprimen las libertades individuales, se distorsiona la realidad y los ciudadanos son controlados por el «Gran Hermano» con mentiras y trucos del «doblepensar». En la actualidad, “el gran hermano” son las siete grandes empresas tecnológicas o “Big Tech”: Alphabet (Google), Amazon, Apple, Meta (Facebook), Microsoft, NVIDIA y Tesla, que saben todo lo que hacen y piensan la mayoría de ciudadanos. Y proveen insumos para controlarlos como en una sociedad marcada por el totalitarismo que ahora ejerce el Partido Republicano y cuya cabeza es Trump con sus amigos los dueños de las “Big Tech”, que buscan controlar la vida social de las mayorías. Manipulan la verdad vía la propaganda para controlar la opinión pública diciendo “fake news” que se repiten insistemente en los medios para que la gente crea que son verdades. A la vez escondían la verdad, como los llamados “Expedientes Epstein”. Además, la vigilancia masiva de la ciudadanía es clara y la persecución de sus opositores tal como describe Orwell en 1984. “Los ciudadanos están bajo constante observación por parte del Estado, simbolizado por el omnipresente Gran Hermano». Y la persecución de sus detractores es claro a los que Trump trata de enemigos, como James Comey ex director del FBI, ahora procesado por la fiscalía nacional. También envía tropas a estados controlados por los demócratas para crear la sensación de una guerra interna en Estados Unidos como una medida intimidatoria para que se haga su voluntad.
También como menciona Orwell está la supresión de la individualidad y en especial del libre pensamiento, pues ha sido obvio cómo desde la Casa Blanca se desalienta o incluso castiga el pensamiento crítico, lo que conduce a delitos de pensamiento y la purga de las ideas disidentes, como ha sido el ataque de Trump contra universidades prestigiosas como Harvard, considerada entre las mejores del mundo. Por supuesto que los periodistas también han sido intimidados para bajar las críticas a los poderosos. Desde arriba en el poder la desinformación como se observa con la secretaria de prensa de la Casa Blanca, duramente cuestionada por los periodistas que aún luchan por mantener la verdad.
También Orwell menciona que ese Estado hay que borrar el pasado y ya vemos cómo el grupo en el poder en Estados Unidos se inclina a esconder los expedientes Epstein y todo el pasado borrascoso de Trump, creando “vacíos en la memoria” para que no se publique la información no deseada. O como el caso de George Floyd de la represión brutal de la policía que no llevó a la muerte ante las cámaras, que se olvide también, ante la violencia desatada por ICE en sus redadas tapándose la cara para que la gente no los identifique ni mueran de vergüenza por sus tropelías infames contra los que tienen cara de latinoamericanos o asiáticos.
Si bien en 1984 Orwell indica que el Gran Hermano es una figura que representa el poder absoluto del partido que domina la sociedad, se refleja en el colectivo de las “Bigh Tech” el que se encargan de ello y de vigilar a las personas. De manera subliminal se intenta imponer la conformidad ideológica.
Me quedo corto, pero hay muchos más que podrán ampliar el horizonte de “1984” para la actualidad porque esa distopía de ficción ya se hizo realidad en el país aún más poderoso del mundo, aunque sin legitimidad moral a ojos de todos los mortales, como sucede con su par Benjamín Netanyahu y su autoritario y distópico gobierno militar.
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