Recientemente se presentó el informe elaborado por el Proyecto V-Dem, cuyo objetivo es medir el estado de la democracia a nivel global, y establecer los factores que hacen posible su avance o su retroceso. Los datos y elementos de análisis que arroja el informe contribuyen a establecer que los países se encuentran frente a dos posibles caminos, la democratización o la autocratización.
De entrada, el informe subraya que “la democracia ha retrocedido a niveles de 1978 para el ciudadano medio global”. Agrega, “el nivel de democracia para el ciudadano medio en Europa Occidental y Norteamérica se encuentra en su punto más bajo en más de 50 años, principalmente debido a continua autocratización en Estados Unidos”. Ese país ha perdido el estatus de democracia liberal, “por primera vez en más de 50 años”, siendo equiparable a las condiciones prevalecientes en 1965; “la velocidad con la que se desmantela la democracia estadounidense no tiene precedentes en la historia moderna”.
El avance de las autocracias es más que evidente. Aunque a primera vista los datos parecen ser parejos (el mundo contaba con 92 autocracias y 87 democracias a finales de 2025), al hacer el ejercicio con relación a la población, el escenario toma otro rumbo: el 74% de la población mundial vive en autocracias y solo el 7% en democracias liberales.
El recorrido de los primeros 25 años del siglo XXI es determinante para semejante retroceso. Pero es en la última década donde se expresan profundos deterioros, especialmente en cuanto a las libertades (la libertad de expresión es la más afectada).
De manera contundente el informe precisa que nunca antes tantos países están en fase de autocratización de manera simultánea. Este período es denominado “Tercera ola de autocratización”. Incluso regiones antes inmunes presentan deterioro: la Unión Europea está gravemente afectada “la autocratización afecta a siete Estados miembros y a dos de sus principales aliados: Reino Unido y EE. UU.”
El caso guatemalteco es abordado en el informe. Se reconoce que hemos cambiado de categoría, de manera positiva, aunque incipiente. En el período 2018-2022 experimentamos un período de autocratización, pero las elecciones de 2023 marcaron un punto de inflexión. Pasamos de ser considerados autocracia electoral a democracia electoral. No es un simpe juego de palabras. Indica que somos parte de los diez países a nivel global que han logrado revertir la tendencia autocratizadora y retomamos la senda de la democratización. Somos un caso de “autocratización detenida y revertida”.
El balance final de los procesos de elecciones de segundo grado determinará la medición del año en curso: mantenemos la tendencia o retornamos a la categoría anterior. La selección del fiscal general es decisiva, como también los serán las primeras decisiones que emanen de la nueva magistratura de la CC. En el caso del TSE, su papel es clave; pero para ello veremos si los nuevos magistrados quieren quitarse de encima la sombra de ser los nuevos alfiles (operadores) de los partidos y sean capaces de manejar las complejidades del próximo evento electoral, donde el reto principal consiste, en consolidar la senda democratizadora, o bien, retornar al proceso autocratizador.
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