¿Fiscal general o rehén?

Renzo Rosal

mayo 1, 2026 - Actualizado abril 30, 2026
Renzo Rosal

La etapa de espera está cerca de finalizar. A pesar de los intentos de último momento, el escenario apunta a que en pocos días el presidente de la República elija al Fiscal General. Llevamos, al menos, más de un año de presagios, actos previos, conjuros; pero todo ello está por definirse. Pero ojo, no significa que haya finalizado la extensa novela. Se trata, solamente, de un cambio de página.

En primera instancia, está por verse si las expectativas planteadas en los últimos días se confirman, y si el mandatario escoge a quién, se supone, presenta el perfil más cercano, no a lo deseable, sino al impulso de la agenda mínima que coloque al Ministerio Público en un camino, al menos diferente, del actual. Si lo anterior sucede, pasamos a lo sustantivo.

¿El elegido querrá ser fiscal general, o presa (rehén) de la variedad de intereses que se centran en lo que será su nuevo despacho? Eso estará por verse.  Diversas expresiones sociales anhelan que el nuevo fiscal inicie con todo, que desbarate a diestra y siniestra todo aquello que haya montado el equipo aún en funciones. Ello incluye destituciones de fiscales y personal alineados con Porras, retomar la percha de expedientes que los actuales han dejado, a propósito, en el olvido y son evidencias de impunidad, los cuales, necesariamente, tocan a diversos actores de poder; dejar de perseguir y criminalizar, solo por el hecho de promover causas consideradas contrarias al modelo imperante, entre otros desafíos.

Pero la realidad podría ser muy diferente. Ninguno de los perfiles apunta al impulso de las tareas descritas. Quizás, ya nombrado, el escogido cambie de dirección y decida, para su legitimación, actuar con celeridad y contundencia, e impulse un paquete de victorias rápidas. Pero de momento, la materia prima apunta en un sentido distinto. En el mejor de los casos, alguno que otro de los perfiles parece más alineado con un proyecto caracterizado por el caminar despacio, pensar dos y tres veces las decisiones,  tendencia a consultar a ciertos actores decisores, anclar su agenda de “cambios” en la modernización del MP, retomar relaciones para fines de relaciones públicas, hablar bonito, plantear narrativas orientadas al “trabajo en equipo”. En resumen, un fiscal que pause las expectativas transformadoras y que se acomode al minimum minimorum (mínimo de los mínimos).

Las condiciones imperantes parecerían generar condiciones para no ir más allá. Los poderes reales apelan a un fiscal general que, en principio, no los persiga o los coloque contra la pared y desnude sus intenciones. El ejecutivo actual apela a una autoridad que aliente la narrativa de “cambio”, aunque esa expresión esté vacía de contenido. Además, el elegido querrá ser complaciente para su sobrevivencia, en especial, tomando en cuenta que el escenario cambiará de ciertos actores en 2027 (antes de la mitad de su período) y que el nuevo mandatario será alguien muy diferente de la línea actual.

El próximo fiscal podría no representar la continuidad, pero tampoco la transformación profunda que algunos suponen. El espacio de actuación es limitado, no solo por el escenario volátil, sino porque la energía (intereses, personalidad, talante) del elegido podría ser reducida.

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