En el Día del Padre, a mi padre

Andrés Gutiérrez Aiza

junio 16, 2025 - Actualizado junio 15, 2025
Andrés Gutiérrez Aiza

Es domingo 15 de junio y en México se celebra el Día del Padre. Le hicimos una videollamada a papá con mi hermana Adri para felicitarlo. Lo vi bien, hablamos muy animadamente de nuestros últimos viajes y aventuras, y nos contó que ya estaba en alguna plataforma de TV la biografía de Chespirito, uno de mis héroes. La localizamos de inmediato y la empezamos ver al nomás colgar.

Mientras hablábamos me llegó a la cabeza toda una película sobre los momentos que hemos vivido con papá. Siempre tengo a la vista una foto en la que él me está cargando cuando yo era apenas un recién nacido. Mi papá me cuenta que cuando nací tardé en llorar y que luego el médico me revisó mis piecitos y deditos de las manos y se puso serio. Llamó a una colega suya para confirmar sus malas sospechas. Después buscó a mi papá y le dijo, con cara de funeral: le tengo una mala noticia, creemos que su chico es Down. “No es ninguna mala noticia” –dijo mi papá—quiero estar con él. Lo llevaron y fue entonces que me cargó, y de ahí es la foto que guardo.

Entre tanto, mi madre estaba en su habitación del hospital más que inquieta. No le permitieron cargarme y no tenía noticias de qué había ocurrido. Mi papá llegó y le dijo: puede que la noticia sea dura, pero estoy feliz porque tenemos un ángel Down. Ella se emocionó y le pidió cargarme. Así empezó nuestra historia de amor que está muy salpicada de pequeñas anécdotas divertidas que darían para escribir un par de tomos.

De allí en adelante, papá y yo fuimos inseparables. Siempre quería ser como él. Cuando se rasuraba, se llenaba la cara de espuma y también hacía lo mismo conmigo diciéndome: soy Santa Claus grande y tú eres Santa chico. Iba por mí al colegio Los Chapulines, cuando yo apenas tenía tres o cuatro años, y le preguntaba a la maestra ¿cómo estuvo hoy? Ella: se portó rebién. Entonces, como premio, me llevaba a la tienda a comprar papitas –mi platillo favorito—y como nos las daban calientísimas, nos veníamos en el carro airándolas a través de la ventana abierta.

Hace unos seis años viajamos con toda la familia a Orlando. Fue una semana alegrísima que mis hermanos aún comentan rememorando unos pasajes muy chistosos. Entonces yo acostumbraba a crear personajes imaginarios a quienes les ponía nombres muy originales y se convertían en algo así como yo, pero no era yo, un “alter ego” dice mi papá. Uno de esos personajes, el más gruñón e impertinente se llamaba Gilbert. Me salía con una voz ronca; era un tipo insolente, interrumpía todas las conversaciones y hablaba groserías. En Orlando, después de hacerle la vida imposible a mi papá este Gilbert famoso, decidió que se iba al más allá. Lo decidí justo cuando hacíamos fila para ver el espectáculo de Harry Potter. Todos en la familia, papá, en primer lugar, respiraron profundo. Pero de vez en cuando se me salía el Gilbert que todos llevamos dentro. Y lo peor que hice fue inventarle una familia que tomó vida propia. Su esposa Lolita Pistolita era más terrible que él, no digamos sus hijitas.

Todo eso es ahora un recuerdo dulce y nos reímos. Poquitos años antes se me instaló la idea de ser columnista, como mi papá. Generosamente el gran Chepe Zamora me admitió como columnista invitado de elPeriódico y su asistente María del Carmen de Curley me organizó una sesión maravillosa de fotos, mientras la directora, Julia Corado, me recibía como príncipe en sus oficinas de la zona 13. Yo me presentaba ilusamente ante los extraños como el columnista más famoso de Guatemala, y la gente me seguía la corriente, hasta que comenzó a hacerse realidad y llegaban a saludarme en el colegio, la iglesia y los centros comerciales: Hola Andrecito, el columnista famoso.

A Chepe lo tienen preso por decir lo que piensa. Yo también digo lo que pienso y espero que por eso no me castiguen los fiscales ni los jueces. A mi papá, a Chepe y a todos lo que dicen lo que piensan les deseo un feliz Día del Padre. Mi papá me enseñó a ser libre para tomar mis propias decisiones y, haciéndolo, aprender a ser feliz. ¡Abrazos a todos los papás buenos del mundo!

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