De cara a un nuevo proceso electoral

Renzo Rosal

junio 20, 2025 - Actualizado junio 19, 2025
Renzo Rosal

Si el TSE hiciera su trabajo, varios “personajes” que pretenden comerse la salida antes de tiempo, estarían fuera de la próxima contienda por campaña anticipada. En el caso de las opciones presidenciales, al menos Torres, Pineda y Arzú deberían estar en esa lista y con ello, por razones jurídicas y no políticas, no integrarían la boleta electoral.

Sin embargo, los problemas de fondo no se resuelven solo con esa medida. Las condiciones actuales no están para pensar que el proceso 2027 sea diametralmente distinto a los anteriores. Los listados de candidatos estarán repletos de reciclados, políticos, empresarios y otros tantos interesados en colocarse en vitrina para que una ciudadanía limitada en sus capacidades de comprensión de lo que en realidad está en juego y prestos a vender sus voluntades con facilidad, opten por lo primero que los embelesa y les atraiga. Estamos a dos años que la ecuación se repita, pero que en esa ocasión se preste, como consideración adicional, a fomentar la narrativa de no optar por el perfil del partido ni los candidatos similares a los que formalmente gobiernan en la actualidad.

Entonces, ¿qué ventanas de oportunidad podemos considerar para dar cierto nivel de viabilidad al proceso venidero? Lo primero, es no caer en la tentación de pensar que el juego de las opciones solo está en los tres apellidos ya indicados. Eso nos haría caer, tempranamente, en la falsa aceptación que el pelotón de los punteros existe y no tendrá cambios. Además, en la idea, igualmente falsa, que el resto de los nombres que aparecerán en los próximos meses, solo serán comparsas de un festín previamente diseñado. A esto le denomino la fase de la desmitificación. Algo similar sucedió en procesos anteriores, donde las tendencias de opinión pública, configuradas a la fuerza por las creaciones artificiales de quienes se dedican a ello, diseñaron listados de “favoritos” que, de tanto repetirlos, estuvieron cerca de hacerse realidad, aunque los resultados, como el del proceso 2027, rompieran con el molde.

Una segunda consideración: animar el surgimiento de coaliciones. Nuestra historia política reciente indica que esa figura ha sido poco utilizada. Crear espacios de articulación partidaria no es algo fácil, para nada. Si las luchas intestinas en un partido son fuertes, imaginemos lo difícil que es poner de acuerdo a varias cuadrillas, clicas, feudos o como quiera que los denominemos. Los protagonismos, el armado de los listados de candidatos, la búsqueda conjunta de financiamientos, el alineamiento de las organizaciones territoriales, son algunas de las áreas donde ponerse de acuerdo es un asunto mayúsculo. Pero, de cualquier forma, las coaliciones pueden animar la participación de expresiones sociales, que ven con preocupación cómo las elecciones pasan frente a sus ojos, pero no representan para ellas poco o ningún cambio. Además, con aproximadamente 40 partidos en competencia, el desánimo podría ser mayor; por lo plantear candidatos que representen a varias organizaciones, podría favorecer cierto nivel de interés; aún y cuando las alianzas estén pegadas con adhesivo de poca calidad.

Estamos relativamente cerca de un nuevo proceso que atestigüe lo anacrónico, pero vigente sistema de partidos políticos. Defenestrados y criticados en forma permanente, pero necesarios a la hora de la configuración del poder.

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