Ustedes han conversado que debo vivir en México porque acá hay mejores oportunidades para tener un trabajo seguro y estaré bajo su cuidado, como siempre, y con la compañía de la institución Confe. Pero no quiero ser parte de esto. Sus pláticas me duelen mucho, porque mi verdadera comunidad está en Guatemala. No quiero que tomen decisiones por mí que me lastiman. Soy un chico Down, es cierto; finalmente acepté que no podré manejar carro, como era mi ilusión, aunque sí bicicleta.
Quiero decirles, queridos padres, que mi felicidad está donde nací. Me encantaría estar con ustedes, porque sé que me quieren cuidar. Pero no quiero ser parte de la comunidad que ustedes están construyendo en México. Los he visto felices acá. Mamá, tú has reencontrado a tus amigas del colegio y de la universidad, te reciben como quien ha regresado de una gran aventura en las tierras de Mufasa. A papá le gusta mucho su trabajo, se le nota en el brillo de sus ojos. Está a cargo de una misión y sabe animar a quienes están a su alrededor. Por supuesto que siempre está haciendo cosas para apoyar a los guatemaltecos. Sin embargo, no me siento parte de su nueva comunidad.
Les voy a explicar lo que pasó. Fui a Confe muy ilusionado. Me levantaba tempranísimo y antes de que abrieran las puertas del colegio estaba ya presente. Puse toda mi ilusión y mi fuerza para ser parte de esa nueva comunidad. Yo sí quería aprender jardinería, cocina, hacer muebles y reparar cosas en las casas, hasta costura estaba dispuesto a aprender. Sabía que todo eso me iba a preparar para el trabajo en una tienda donde cuidan plantas, en un restaurante famoso y en los almacenes más grandes. También sabía que me podía lanzar a la fama de columnista y estrella de la televisión.
Los días pasaban y yo no era feliz. No entendí por qué los maestros nos trataban igual a quienes éramos Down y a los que hablan poquito y a otros que viven en la Luna. Desde pequeñito me ha costado estar con otros chicos. Soy Down y esta es mi comunidad, con ellos me divierto, vamos al cine, preparamos comida, jugamos y nos metemos a la piscina; bailamos y cantamos. Son mi manada, como dice Mufasa. Pero esa manada no la encontré en México y sí la hice toda la vida en Guatemala.
Como no tengo habilidad para hacer muchas cosas, siempre estuve pendiente de mis padres, de sus planes. Un golpe muy fuerte fue cuando murió el abuelo William después de la Navidad pasada. Los hermanos andan por el mundo estudiando y trabajando. No confío en nadie, a veces menos en mí mismo, aunque todos me dicen lo contrario. Vi que mis padres estaban volando y yo me sentía apachado. Apenas tenía videollamadas con mis hermanas Adri y Hela. Saludaba a Flory que allá nos hacía la comida y a Natalio, que siempre ve por todos nosotros. Supe que Sandor, nuestro perrito de toda la vida, estaba enfermo, y esto también me dolió. Cuando lo pusieron a dormir porque su cáncer estaba por todas partes, sufrí demasiado.
Vamos a ver qué opinan ustedes, mis papás. Con ustedes he sido un hijo amado, me hacen sentir el mejor hijo del mundo. Saben que los amo, que los adoro tanto, que me hacen sentir el mejor hijo del mundo mundial, pero no quiero seguir con ustedes. Regreso a mi país querido y a mi comunidad amada, con mis chicos Down y con mi novia Mariana. Ustedes son felices en México, yo soy en feliz en Guatemala. Ustedes sigan su vida, yo no tengo vida en México, solo en Guatemala. Eso sí, no se olviden de invitarme de vez en cuando a comer tacos del tizoncito y llevarme a la papa guapa.
Vivir en México no es mi onda, pero los amo demasiado, les estaré haciendo videollamadas y de vez en cuando los visitaré con mi novia Mariana y con mi comunidad de chicos Down. Y cuando quieran ir a Guatemala los recibiremos como rey y como reina. Los amo profundamente, los voy a extrañar como socios de la vida. Ya no podré despedirme de Mago, quien prepara buenas papas a la francesa; tampoco de Letty, que siempre está sonriendo mientras limpia la casa. Díganles que les dejo un abrazo.
Esta carta, queridos padres, se las enviaré cuando ya esté en Guatemala, no importa que ahora está temblando a cada rato.
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