Guatemala ha carecido de una política exterior coherente y más bien ha estado al servicio de otras potencias que pertenecen a la civilización occidental, sin ver más allá del vasallaje en especial que se le rinde a la Casa Blanca, como si esta pudiera velar por los servicios de los guatemaltecos, cuando hace un año la excluyó de los beneficios de la AID y luego presionó por la salida de los médicos cubanos que tanto ayudaron a los campesinos más alejados de los centros de salud.
Nuestra Cancillería llegó a condenar a Irán como le fue indicado por Washington, como el dar apoyo verbal a Ucrania en su guerra contra Rusia. Entretanto, muchos gobiernos, incluyendo la neutral Suiza, han expresado que los recientes ataques aéreos contra Irán constituyen una “violación del Derecho Internacional”. Nuestra cancillería se ha olvidado que la Carta de las Naciones Unidas prohíbe el uso de la fuerza y se ha quedado callada. Varios gobiernos latinoamericanos han expresado su preocupación por esas violaciones al derecho de gentes. Guatemala haciendo mutis acepta la violación del Derecho Internacional, temiendo una reacción imperial. Las cancillerías latinoamericanas están amedrentadas y prestas a seguir las órdenes que vienen de Mar-a-Lago, a pesar que la civilización estadounidense actúa en contra de los intereses del continente y del mundo, en esa guerra sin sentido que lleva el alza del precio de los combustibles para daño de todos.
Luis Alberto Padilla propone en su último artículo en La Hora que después del desplante de la Casa Blanca y su apoyo a los cabilderos del Pacto de Corruptos en favor de Roberto Molina Barreto: “No hay motivo para que Guatemala no abra una embajada en Beijing – con las correspondientes nuevas oportunidades de cooperación que podrían explorarse – cuando el resto de Centroamérica ya las tiene, sin que esto haya sido motivo para no ser invitados a la cumbre de los vasallos (en Florida donde llegaron Milei, Kats y otros). También tendría que revisarse la injusta decisión de cerrar las puertas a la asistencia y servicios que prestan los médicos cubanos en comunidades remotas del interior del país. La opción por el multilateralismo y el trabajo en Naciones Unidas debe mantenerse vigente y, siempre en esa dirección, comenzar un trabajo diplomático con nuestras embajadas en Brasil, Rusia e India – por ejemplo – a fin de que se considere la posibilidad de que Guatemala se haga miembro de los BRICS”.
He leído con atención la propuesta de Sergio Vega de discutir de manera pública la necesidad de que Guatemala diversifique su política exterior y explore nuevas oportunidades de cooperación económica en el marco del emergente orden multipolar, incluyendo el análisis de relaciones diplomáticas con China y mecanismos de cooperación con economías agrupadas en los BRICS. A mí me parece excelente su propuesta, porque no debemos agachar la cerviz ante la Casa Blanca cuando se opone a los intereses nacionales. Vega propone abrir una conversación nacional sobre desarrollo, soberanía económica y oportunidades estratégicas nacionales para salir de nuestro encierro actual, obediente a un interés externo.
Cada región no puede escapar a su historia y geografía y tal es el caso de América Latina que es una civilización diferente y única. Fernand Braudel así lo dejó escrito, en su enfoque de «longue durée» (larga duración) y la historia estructural, que transformó la comprensión del continente. En las «Civilizaciones Actuales» aborda las civilizaciones como entidades geográficas y culturales. La «latinoamericanidad» se entiende bajo su método como el resultado de una mezcla de larga duración entre estructuras europeas, indígenas y africanas. Su enfoque permitió entender a América Latina a través de sus «tiempos» (geográfico, social, individual). Y situó a América Latina dentro de los sistemas económicos globales, permitiendo entender su papel en el desarrollo del capitalismo mundial. Lo importante de lo anterior es que hay que entender a América Latina como una civilización con diferentes aristas, respecto de otras civilizaciones como de la India, China… propias de un mundo multipolar, donde los países latinoamericanos deben entender esta particularidad para cohesionarse. No es simplemente por integración regional sino también para enfrentar unidos los desafíos de la política del gran garrote de inicios del siglo XX que se quiere repetir contra nuestros países. Hace más de un siglo la intelectualidad latinoamericana con personajes de la talla de Rodó, Darío, Martí… que se pronunciaron en contra del anglo imperialismo, más bien contra su cultura, su civilización, que rendía pleitesía al dinero y al capital salvaje.
Andrés Kozel se propuso abordar la andadura del concepto civilización de Braudel y sus consideraciones sobre América Latina como civilización agonal en ciernes, diversa y plural, poco homogénea. Nos dice: “Pienso que una relectura en esta clave es relevante por varias razones… “. América Latina: ¿es periferia?. América Latina: ¿es civilización? América Latina: ¿es una civilización periférica?” Responder vale para una mejor integración regional. Sin entrar a más, es claro que hay una identidad latinoamericana. Igual que los canadienses de origen francés que se sienten golpeados por los anglosajones de su país y Estados Unidos.
Kozel recuerda que el colonialismo —como lo define Braudel— es la sumisión de una civilización a otra. Por ello, América Latina debe unirse para no ser sujeta por otra civilización que quiere imponerse con la ley del garrote sin regulación del Derecho Internacional. Por tanto, importa mucho que en un mundo multipolar impere el derecho de gentes y dar orden de nuevo al desorden internacional para dirimir conflictos y orquestar una mayor cooperación entre las civilizaciones actuales y razas del mundo conforme la razón, sin presumir del montón de ojivas nucleares, portaaviones, barcos, tropas, misiles… Hay que instar a la cooperación entre pueblos y a los objetivos de desarrollo sostenible de Naciones Unidas. Estas deberán reformarse y reducirse su personal por completo para que cumplan sus funciones para asegurar la paz mundial entre las grandes potencias e intermedias. América Latina está allí, no no se irá a otra parte por siempre, lista para desarrollar relaciones con todas las civilizaciones del mundo, no solo con la estadounidense. Hay que decir no a la guerra. Estoy con Vega: debemos los guatemaltecos tener una política exterior soberana, inteligente y diversificada en el mundo multipolar de hoy.
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