Sin duda alguna las personalidades más importantes de América Latina que han fallecido en este siglo son el papa Francisco y el maestro de maestros, José Mujica, ambos compenetrados de su fugaz misión en la tierra por elevar la dignidad humana, uno por la vía del buen pastor cristiano, el otro como un civil sencillo con una filosofía de vida ética en la política, contraria a la mayoría de los políticos, jueces, senadores y diputados que se afanan por usufructuar su paso por el Estado para enriquecerse como unos vampiros que roban la sangre de sus pueblos. Ambos eran opuestos al consumismo abrasivo que consume las vidas sin ningún otro propósito que comprar y tener todo lo que el dinero pueda comprar, para ostentar y elevar los egos sin tener la menor preocupación por los olvidados de siempre, sin importar la procedencia del dinero bien y mal habido.

Tuve el grato honor de conocer al gran José cuando era ministro de Agricultura durante la presidencia de Tabaré Vázquez, cuando fungí como embajador chapín en Uruguay por casi tres años; y más especialmente en la sesiones de algunos embajadores que teníamos cada mes con el maestro para escucharlo en casa de la embajadora de Colombia, que era la sede de otros coloquios para enterarnos lo más posible de lo que pasaba en las actividades de aquel gobierno de Vázquez, cuya gestión fue prístina, en el país más democrático del continente, como me consta. Mujica nos contó su historia personal en detalle y, tras ser apresado y torturado, luego de trece años de encierro, cómo logró escapar de la siniestra prisión de Punta Carretas, ahora convertido en el mejor centro comercial de la capital. Pero más allá de su historia personal, era muy claro en advertir que su gobierno socialista tenía mucho cuidado en no matar a la gallina de los huevos de oro, que era el empresario que arriesgaba su capital para invertir y generar ganancias y trabajos. Ojo, nos decía, hay que ser equilibrados. Nunca conviene tomar venganza contra los que nos han hecho daño, por referencia de varios generales y grandes empresarios, no, hay que dar un paso adelante y generar el bien común, que el Uruguay “somos todos los uruguayos”. Tenía su mensaje parecido al de Nelson Mandela.

Sus críticas a los gobiernos de “izquierda” no democráticos era clara referencia en contra de los abusos que tuercen la democracia por intereses personales y no los de la mayoría. Y el último ejemplo fue en contra de Maduro, por extraviarse hacia la vida autoritaria, lo mismo que en Nicaragua con la bruja que lo gobierna.
He aquí algunos de sus pensamientos, expresados en distintos momentos:
“El primer requisito de la política, es la honradez”. “Hay gente que adora la plata y se mete en la política… Pero la política es para servir a la gente”. “El matrimonio gay es de lo más viejo del mundo, allí están Alejandro Magno, Julio César…”. “Aquel candidato que regala cosas… es un comerciante de la política”. “A mi generación le tocó vivir muchas décadas bajo el miedo del paraguas nuclear, eventualmente de una guerra, y a estas generaciones les toca vivir ante la amenaza de un desequilibrio ecológico que sea francamente inafrontable. ¿Hasta cuándo tanta irresponsabilidad de este animal estúpidamente inteligente?”. “Para eso tendríamos que empezar a cuidar más la vida del planeta. Esto no lo puede hacer un solo país, lo tiene que hacer la humanidad entera”.
“Si se prioriza y analiza la vida a lo largo del planeta, el hombre es muy diminuto e insignificante”.
“Denle contenido a la existencia, porque si no lo hacen conscientemente el contenido va a ser la cuota que tienen que pagar cada fin de mes por el nuevo cacharro que tienen que comprar…”.
“Los gobernantes deberíamos ser obligados todas las mañanas a llenar planas, como en la escuela, escribiendo cien veces: «Debo ocuparme de la educación».
“El destino de la humanidad tiene mucho que ver con lo que haga la propia humanidad. Somos un animal que puede, sencillamente, autodestruirse”.
“Nos toca vivir en una época cuando nacer es negocio, por lo menos para algunos. Morirse también es negocio, porque hay empresas que nos entierran. Vivir es negocio, porque somos sujetos que consumen. Así sucesivamente. Hasta las sonrisas pueden ser negocio”.
“Necesitamos un margen de utopía, porque creo que el ser humano es antropológicamente utópico. No uso la palabra ‘utopía’ con el sentido en que la utiliza habitualmente la gente de izquierda. Me refiero a la posibilidad de creer en algo que nos dé esperanza en el futuro y que nos ilumine. Creer en algo que nos permita soñar”. “Hay utopías y hay camino… pero al parecer nosotros hemos errado bastante los caminos, nos equivocamos en la interpretación de esas señales”.
“En realidad nos toca vivir, no una época, sino un cambio de época acelerado, con una brutal explosión tecnológica, con cosas de maravilla (…) pero si tuviera que representar a la humanidad hoy en un monumento, elegiría el monumento de un mono con una gigantesca ametralladora. “La globalización es un mar embravecido y ahí tiene que navegar nuestro barquito; pero una cosa es flotar, que las olas te lleven a cualquier lado, y otra bien distinta es tener un rumbo, aunque vayamos en zigzag”. “Los que vivimos mejor tenemos responsabilidad por los que viven mal. Vamos a vivir mucho mejor si los que viven mal mejoran”.
“Con eso, amigos, que este tiempo en que vivimos es uno de esos en que uno tiene ganas de poner el corazón bajo un zapato, como decía Hernández, por las contradicciones fenomenales de una civilización que tiene recursos como nunca; como una explosión científica y de capital como no pudo siquiera soñar la humanidad pasada. Sin embargo ha perdido, al parecer, hasta la noticia del sentimiento de piedad, esa fenomenal construcción humanística de la civilización ateniense que el cristianismo recogió, que es capacidad de sentir dolor, solidaridad con el que sufre, con el que está postergado, con el que está precisamente dejado al costado de la vida”.
“La libertad como definición tiene varios planos. La libertad individual va muy de la mano con tener tiempo libre para vivir. Si te enloquecés y querés cambiar de auto a cada rato, y tener una casa y otra y otra y otra, tenés que preocuparte mucho y trabajar mucho, y nunca tenés tiempo.
“La libertad es tener tiempo para hacer las cosas que a uno lo motivan. Hay una libertad individual que hay que dirimirla, que para vos puede ser pescar, para otro jugar al fútbol, para otro sentarse debajo de un árbol, cada cual con ese tiempo.”.
“La austeridad es sacarse una cantidad de problemas de encima”.
“La democracia de la Grecia clásica, tan audaz, capaz de gobernar por sorteo y elegir jueces por sorteo, probablemente produjo los ciento cincuenta o doscientos años de historia más explosivos en el desarrollo de las aptitudes y la cultura humana. Nunca se vio una sociedad tan chica que generara tanto. Es impresionante ver los nombres que se agrupan en esos ciento cincuenta años. Da para preguntarse qué pasó ahí. No estoy haciendo misticismo de la historia griega, pero no se puede ignorar lo que produjo esta forma de participación”. “Para mí la política es el arte de extraer sabiduría colectiva poniendo la oreja”. “Los hombres vamos detrás de las ideas, como la carreta va detrás de los bueyes, porque las ideas son los instrumentos que tenemos para luchar por percibir la realidad, y quien quiere cambiar la realidad tendrá ideas que lo intentan arrimar para interpretar esa realidad”.
“Mi religión es la vida. La vida es un milagro y como es tan cotidiana, como estamos vivos, no le damos valor; pero no existe ninguna cosa más importante que el milagro de estar vivos. Esto es a plazo fijo y se va”. “Y a los jóvenes: si quieren vivir felices levanten una idea en la que creer, vivan para servir a esa idea, no se dejen esclavizar por el mercado”. “¿Qué es el legado de un tipo en el universo? Somos menos que un piojo. El legado es haber vivido al mango, con aciertos y con errores. Triunfar no es tener plata, es levantarse cada vez que uno se cae”.
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