Sobre los orígenes del Colegio de Infantes en Guatemala, a 245 años de su fundación. II Parte

Fue en el contexto del denominado renacimiento carolingio que se instituyeron los cimientos para que estas escuelas, originadas en las escuelas o scholas romanas de carácter municipal.

Mauricio José Chaulón Vélez

junio 21, 2026 - Actualizado junio 20, 2026
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Esta columna es la segunda parte de la publicada el domingo 14 de junio de 2026, por lo que sugiero y agradezco su lectura para comprender de mejor manera el presente texto.

El Colegio San José de los Infantes, fundado en 1781, se estableció en la Nueva Guatemala de la Asunción por decisión del IV arzobispo de Guatemala, Cayetano Francos y Monroy, con el objetivo fundamental de formar niños en las ciencias, las artes y la teología, pero también para servir a la Catedral Metropolitana, tanto en el coro como siendo acólitos. De ahí que el origen del Colegio de Infantes sea eminentemente catedralicio. Como bien lo indica la historiadora Gloria Martínez en su artículo titulado Gloria Martínez “El Colegio de Infantes del Coro de la Santa Iglesia de Cuenca” (1974), los colegios catedralicios en Europa tienen un origen medieval y eran denominadas escuelas catedralicias o episcopales, organizándose en torno a las bibliotecas de los obispados y catedrales para ser una base de formación de presbíteros del clero secular.

Fue en el contexto del denominado renacimiento carolingio que se instituyeron los cimientos para que estas escuelas, originadas en las escuelas o scholas romanas de carácter municipal que se adhirieron a la administración eclesiástica cristiana luego del decaimiento total del Imperio Romano de Occidente, adoptasen las normativas de la Escuela Palatina de Aquisgrán (cuyo fundador fue Carlomagno), y a partir de ellas –siendo el ejemplo mejor el de la Palatina de Aquisgrán- se reorganizase la estructura de la educación medieval, incidiendo inclusive en la Reforma Gregoriana. Se le denomina así a la reforma eclesiástica del siglo XI puesta en práctica por el papa Gregorio VII, quien gobernó la Iglesia de 1073 a 1085.  Podría decirse que las escuelas catedralicias tienen en este contexto su punto de partida como tales, alcanzando después su plenitud.

Como ejemplos de las escuelas catedralicias más importantes debido a su antigüedad y su influencia en la educación medieval y luego renacentista, y que dieron origen a los colegios catedralicios de los siglos XVII y XVIII tanto en España como en los virreinatos y reinos de ultramar, pueden citarse las siguientes:

Francia: París, Reims y Toulouse.

Inglaterra: Oxford.

Sacro Imperio Romano Germánico: Leipzig.

España: Salamanca y Lleida.

Italia: Pisa y Siena.

Estas escuelas catedralicias, transformadas posteriormente en colegios catedralicios y colegios mayores, se convirtieron entre los siglos XIII y XIV en Colegios de Estudios Generales y luego en Universidades.  En el caso de Salamanca, su transformación a universidad fue casi inmediata.

Para el caso del Colegio San José de los Infantes en la Nueva Guatemala de la Asunción, nos interesa la caracterización de los colegios catedralicios en España, debido a que el año de la fundación del colegio fue 1781, en pleno régimen colonial hispano.  El centro de España es la región que permite establecer un marco histórico referencial para caracterizar los colegios catedralicios sobre los cuales está inspirado el Colegio de San José de los Infantes en Guatemala, de acuerdo con los parámetros del arzobispo Cayetano Francos y Monroy.  En ese orden de ideas, nos referiremos especialmente a los reinos de Castilla y León. 

Como apunta el importante trabajo sobre esta temática de la historiadora Susana Guijarro González, titulado “Las escuelas y la formación del clero de las catedrales en las diócesis castellano castellano-leonesas (siglo XI al XV)” (1999), las diócesis de Castilla y León fueron reorganizadas luego del proceso que la corona castellana y aragonesa denominó “reconquista”, porque fue la guerra que al interior de la futura España se le declaró a los árabes, expulsándoles y reduciéndoles con la victoria en Andalucía en 1492.  Si bien es cierto que en el siglo XII las nueve catedrales principales castellano-leonesas fueron reestructuradas para unificar el trabajo de los cabildos y lograr un fortalecimiento del cristianismo que favorecía a las clases feudales de la región, a finales del siglo XV la reestructura eclesiástica marcó la consolidación del poder del catolicismo dentro de una España en formación, siendo los cabildos –con sede natural en las catedrales- las organizaciones administrativas centrales.  Así, los cabildos contaron con sus colegios para formar niños que sirviesen a la Iglesia, por lo que los coros (educación en el canto por medio de schola cantorum, es decir la escuela de canto) y el acolitar fueron los principales medios de servicio que se consideraban para los infantes. De ahí el nombre que para muchas de estas instituciones fue común: Colegios de Infantes.  La importancia que estas escuelas tuvieron en el sistema educativo liderado por la Iglesia en aquel contexto, lo expone Guijarro González, a quien cito de manera literal:

“Sin duda, la constitución de las universidades de Palencia (tempranamente desaparecida), Valladolid y Salamanca, el desarrollo urbano de las ciudades castellanas en los siglos XII y XIII y la secularización de los cabildos catedralicios modificaron el panorama de las escuelas dependientes de las catedrales en los siglos XIV y XV.  Estas escuelas o colegios catedralicios adquirieron una importancia medular en la construcción de la estructura educativa de las diócesis centrales de España.  La consecuencia más inmediata fue la formación universitaria de los miembros más destacados de la jerarquía catedralicia, Pero también la adaptación de la organización de las escuelas catedralicias a las necesidades de las ciudades. Desde mediados del siglo XIV las fuentes catedralicias hablan de maestros, bachilleres que regentaban la denominada Cátedra de gramática y desde el siglo XV de casas, propiedad de los cabildos, utilizadas como escuelas de gramática o estudios de gramática y arrendadas a los maestros. La escuela había dejado, con seguridad, mucho antes las dependencias claustrales de la catedral pero no se había liberado de su tutela. El número de estudiantes iba en aumento y hacía necesaria más de una casa dedicada a las escuelas. Por ello, no es casualidad que las noticias sobre construcción de nuevas casas para escuelas se multipliquen en la segunda mitad del siglo XV. El cabildo de la catedral de León construía casas nuevas para las escuelas en 1478 que estarían en posesión del maestrescuela. En Burgos hacia 1473 se arreglan 7 casas de la gramática donde moraban 280 personas y en Zamora sabemos de la existencia al menos de dos escuelas en el siglo XV.

(…)

El proceso de secularización de los cabildos catedralicios castellanos que culminó, en la mayoría de los casos en el siglo XIII, hizo de la escuela catedralicia una institución urbana en los siglos bajomedievales. El aumento del número de escolares, no exclusivamente beneficiados eclesiásticos, y la organización de un programa escolar en sus fases elemental y media, explica la presencia de más de un docente en un período corto (una o dos décadas) dentro de una misma ciudad o villa. 

(…)

En definitiva, de la singularidad de la escuela catedralicia de los siglos XI al XIII (un magister scholarum, un espacio singular: el recinto catedralicio) se caminó hacia la pluralidad: escuelas de gramática, jerarquía de maestros, variedad de los escolares y amplitud del curriculum escolar. En otras palabras, apertura a las nuevas demandas del mundo urbano.  Desde que el Concilio de Letrán, en el año 1179 proclamó la gratuidad de la enseñanza, la Iglesia católica depositó en los colegios catedralicios la siguiente misión, planteada más bien como necesidad social: la enseñanza de los estudiantes pobres sólo es posible en los colegios catedralicios, sostenidos por la renta y las prebendas eclesiásticas”.

Al leer el acta de fundación del Colegio San José de los Infantes del Coro de los Seises de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana en la Nueva Guatemala de la Asunción, podemos darnos cuenta de que sus bases son estas, solamente que acopladas al contexto de finales del siglo XVIII en el Reino de Guatemala, en la recomposición del poder dentro de la restauración de la capital, pero en otro sitio.

Continuará la III Parte y final en la siguiente columna.

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