Memorias y anécdotas: Orígenes de los festivales del Centro Histórico y del Pinol de San Raymundo

Los festivales de cultura son una muestra que la cultura es un motor del desarrollo integral, porque dinamizan la economía local.

Max Araujo

octubre 5, 2025 - Actualizado octubre 4, 2025

Los conciertos, como este realizado en el Cerrito del Carmen el año pasado, forman parte del Festival del Centro Histórico. Foto: FCH

Dos son los festivales culturales, que se mantienen hasta hoy,  que se realizan con mucho éxito,  de los que me siento satisfecho por haber colaborado en su creación por la importancia que han tenido en los lugares donde se desarrollan. Uno es el Festival del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala, el otro el del Pinol en San  Raymundo, Departamento de Guatemala, que es el municipio  de mi origen. Nací en La Ciénaga, una de sus aldeas;  actualmente es parte de las afueras de la ciudad capital. Cuatro kilómetros la separan de Ciudad Quetzal.

Del Festival del Centro Histórico

En febrero del año 1998 fui invitado para participar en uno de los Congresos de Literatura Centroamericana “CILCA”. No recuerdo si el evento fue en San José de Costa Rica o en Panamá. El caso es que en el avión que abordamos, de una línea aérea mexicana, que hizo escala en el aeropuerto La Aurora, me encontré con un diario en el que se incluía el programa del Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México. Le dije a Humberto Ak’abal, compañero de viaje, que el programa me serviría. Lo guardé  entre los libros que llevaba. A mi retorno  convoqué  a Tasso Hadjidoduo a un desayuno en el restaurante La Tertulia, situado en la avenida Reforma, zona 10. Ese era el lugar en el que ocasionalmente nos reunimos miembros del Comité de Letras del Patronato de Bellas Artes. Tasso lo presidía.

En esa reunión le propuse la creación de un Festival para el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala, y le enseñé el programa del Festival de la Ciudad de México.  A Tasso le gustó la idea y quedamos en reunirnos posteriormente. A mí se me olvidó, pero a fines de abril de ese año recibí una llamada telefónica de nuestro personaje, quien me preguntó qué había pasado con la idea del festival. Apenado le dije que me diera un día, en la sede de la Alianza Francesa, situada en la cuarta avenida de la zona uno, para convocar a personas e instituciones.  Me dio un día viernes, al atardecer. Como consecuencia de esa decisión elaboré una convocatoria, que personalmente fui a dejar a diversas instituciones. Previamente obtuve la firma de Hugo Fidel Sacor, en ese entonces Presidente de la Casa de la Cultura del Centro Histórico.  Fue esta  entidad  la que convocó.

El día y hora señalados, a pesar de una lluvia fuerte, llegó un grupo significativo de personas, algunas de ellas representando a instituciones, entre ellas Gladys Barrios por la Universidad de San Carlos, José Luis Menéndez por la municipalidad de Guatemala (a él lo invitó personalmente Tasso), Vilma Brol de Sosa por el INGUAT, y algunos jóvenes que posteriormente organizaron en el Centro Cultural Metropolitano el Festival Azul.  

La mesa de información la presidimos con Tasso y Hugo Fidel. A mi tocó explicar en qué consistiría el festival, quienes podrían participar, como participarían, y otros aspectos relacionados con preguntas que  nos hicieron. Mi propuesta fue aceptada y su forma de organización es la que todavía se mantiene. Un comité organizador interinstitucional, y cada entidad propone sus actividades, las organiza y destina los recursos necesarios.  Cuando tuvimos el consentimiento de los presentes, propuse a Tasso como Presidente del Festival, el aceptó y lo elegimos.

En fechas posteriores tuvimos reuniones de organización del primer festival en el apartamento de Tasso, que se realizó en el mes de agosto de 1998, por ser el mes de la fiesta patronal de la ciudad de Guatemala.  Sesiones que regularmente se hacían por las noches. Entre los asistentes recuerdo a José Luis Menéndez, a Vilma de Sosa y a Gladys Barrios. Creo que también llegó Beatriz Quevedo, de Casa Mima. La vivienda indicada se encuentra en el hoy “Callejón Tasso”, bautizada así en honor de ese personaje. Está ubicado en la décima calle, entre 6a. y 7a. avenidas de la zona 1.

 Sin el entusiasmo, capacidad y carisma, de Tasso Hajdidoduo, el festival no habría sido posible. Durante varias ediciones fue su presidente. Años después pasó a  Presidente Honorario; cargo que tuvo hasta su muerte.

Entre algunos de mis objetos personales tengo el diploma que me dio el Comité organizador del Festival del Centro Histórico, cuando lo presidió Byron Rabbe, por haber tenido la iniciativa para su realización, pero quien debe ser recordado como creador e impulsor del festival es Tasso Hadjidodu; un ser humano extraordinario, a quien la cultura guatemalteca le debe mucho. El Ministerio de Cultura y Deportes pasó a formar parte de las instituciones que organizan el festival cuando fue Ministra la licenciada Otilia Lux de Cotí. Yo se lo propuse. Era su asesor.

 Del Festival del Pinol en San Raymundo

Un día del año 2016 la chef Euda Morales me comentó que quería conocer cómo se elaboraba el plato del Pinol en San Raymundo. Ella colaboró con quienes solicitaron que fuera declarado Patrimonio Cltural Inmaterial de Guatemala. La declaratoria se hizo en el mes de septiembre del 2015.

Se me ocurrió entonces organizar una reunión en San Antonio el Cipresito; fundo rural que nuestro papá nos heredó, ubicado en la aldea Concepción el Ciprés, del municipio indicado. Invitamos a Euda, al maestro de música Carlos Real y a don Pedro Casillas, historiador, entre otras personas. Estos dos últimos viven en la cabecera municipal de San Raymundo. Carmen, mi hermana, le pidió a Clara Curup, su comadre, que hiciera un pinol, al estilo de como se hace en las casas rurales del sector. Clara y sus dos hijas hicieron un fogón en el patio trasero de la casa patronal y procedió, en una mesa, a preparar las especias y las gallinas. Una gran olla de barro se puso sobre el fuego. Varias piedras le sirvieron de soporte. Euda estuvo todo el tiempo observando.

El pinol, como sopa, es una comida muy importante en la región. Es prehispánica, identitaria-, elaborada a base de una harina de maíz- y ceremonial. Se consume en ocasiones importantes: Velatorios, cumpleaños, casamientos, siembra y cosecha del maíz, y para las fiestas patronales de algunos municipios de la región cakchiquel del Departamento de Guatemala y de baja Verapaz. La Carne puede ser de chompipe, gallina  y res. Se acompaña con arroz y con tortillas de maíz recién hechas, cocinadas en comal. El arroz fue incorporado después de la colonización española.

En el Festival del Pinol se celebra la riqueza culinaria y cultural que se expresa en el platillo cuya elaboración y procesos son declarados Patrimonio Cultural Intangible de Guatemala. Foto: MCD

En una de las pláticas, que tuvimos de sobremesa en la ocasión indicada, coincidimos en la importancia de crear un festival gastronómico con el pinol como plato importante, y que al mismo tiempo se presentaran eventos artísticos, de grupos locales y foráneos. En ese año ocupé el cargo de Viceministro de Cultura, por lo que ofrecí solicitar el apoyo del Ministro, José Luis Chea y de la Directora de las Artes, Claudia de Melville. Por su parte el maestro Ciudad Real ofreció hablar con el alcalde y encargarse el de la organización. Planificamos que de realizarse el festival sería en septiembre, antes de las fiestas de independencia, por cumplirse un año de la declaratoria.

El festival fue aprobado por las autoridades del Ministerio de Cultura y Deportes, de la alcaldía municipal respectiva. Se organizó a un grupo de vecinos. Lo coordinó el maestro Carlos Real. Cuando se realizó se presentaron varios grupos artísticos oficiales del ministerio y se agregaron juegos lúdicos por parte del Viceministerio del Deportes y la Recreación. Fue un éxito. En esa primera oportunidad se celebró en un domingo. En las ediciones posteriores, en las que ya no participó el MICUDE, se inicia un viernes por la noche,  y termina un domingo al atardecer. Ha sido un éxito. El evento genera un gran movimiento económico que dinamiza la economía local.

Los festivales de cultura son una muestra que la cultura es un motor del desarrollo integral, porque dinamizan la economía local. Surgen emprendimientos culturales que se convierten en empresas e industrias culturales. Hay estudios que lo avalan.

En mi caso son huellas que he dejado en mi caminar.

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