Recién se había trasladado la Librería del Fondo de Cultura de Económica a la 11 calle, entre 6 y 7 avenida, de la zona 1 de la ciudad de Guatemala, cuando con el escritor Haroldo Requena la visitamos. Sabía que en ese mismo lugar existía una sucursal de librería Piedra Santa. Pensé que la habían cerrado. En el fondo de esa librería una señora, alemana, tuvo “El rincón de Tasso”; un restaurante con ese nombre, como un homenaje al recordado Tasso Hadjidoduo.
Mi sorprendí porque la mencionada librería continúa en dicho lugar. Cada negocio con su propio espacio. Pude ojear entre los anaqueles de ambas algunos ejemplares de sus catálogos de libros, pero lo más valioso fue la plática que tuvimos con Cesar Medina, gerente en Guatemala de la empresa que, con personalidad jurídica propia, como sociedad anónima, es la sucursal de la editorial mexicana. Ese día Cesar me obsequió el libro “Historia de la Casa. Fondo de Cultura Económica (1934-1996)”, escrito por Víctor Diaz Arciniega.
Medina es actualmente Presidente de la Asociación Gremial de Editores de Guatemala, organizadora de la FILGUA y de ferias departamentales de libros. En un texto publicado en este mismo medio expliqué del porque una entidad que lleva el nombre de “Gremial” legalmente es una asociación.
De la lectura de ese libro, muy bien documentado, que incluye citas tomadas de otros textos, entre estos artículos de medios periodísticos, y entrevistas a muchos de los protagonistas, me enteré del origen de esa editorial estatal, que en sus inicios pareció un híbrido entre pública y privada, con presencia, años después, con ocho filiales, en distintos países del mundo. Una de ellas en Guatemala. Tuve el gusto de conocer la sede de Colombia, hace 11 años, ubicada en el centro histórico de Bogotá, muy cerca de la biblioteca Luis Ángel Arango, — una de las más importantes de esa ciudad—, y del museo dedicado a Botero. La librería del Fondo forma parte del Centro Cultural Gabriel García Marquez, que el gobierno de México construyó en 2008, con un diseño del reconocido arquitecto Rogelio Salmona, como parte de la red de centros culturales que tiene en distintos países del mundo. Uno de ellos en Guatemala, en donde también se encuentra la embajada de ese país, cuyo arquitecto fue el famoso Teodoro González, con quien compartí en una cena que se realizó en la casa de los embajadores de México en Guatemala, cuando se inició el edificio, un ícono de la arquitectura en nuestra capital. En el caso del de Bogotá, la construcción indicada forma parte de un sector del Centro Histórico de esa ciudad dedicado a centros culturales. Es un edificio hermoso de tres niveles, con cafetería y salones para galerías y auditorios. Yo llegué a Colombia para participar en una de las reuniones de CERLALC, representando al Ministerio de Cultura y Deportes, como lo hice en otras ocasiones de los años que llevamos del siglo 21.
Me enteré también, en el libro de Diaz Arciniega, como por equivocación el nombre de “Fondo Económico” se tomó de una partida de un presupuesto que decía “fondo económico”. Por desconocimiento de un funcionario, que no entendió, se convirtió en su nombre comercial, cuya vocación inicial fue la de publicar textos de economía. Más adelante se fueron creando colecciones para otras áreas. La aventura no estuvo exenta de frustraciones, de aprender y corrige, de pérdidas económicas, de apoyos de entidades del Estado, de particulares y de empresas comerciales, en las que la audacia y la confianza, de su Junta de Gobierno y de sus directores, jugaron un papel de primera línea. Fue crucial en la toma de sus decisiones la intervención en algunas épocas de los ministros de Hacienda y de presidentes de la República, pero el papel protagónico lo tuvieron, entre muchos más, personalidades como Daniel Cosio Villegas, Jesús Silva- Herzog, destacado economista, y Alejandro Orfila, argentino. La sustitución de este último en su administración dio origen a la editorial Siglo XXI, tan importante para la literatura hispanoamericana.
Según el autor del libro, el nacimiento del Fondo de Cultura Económica se remonta a 1921 “cuando un grupo de jóvenes inquietos, emprendedores, se echaron a cuestas la organización de un Primer Congreso internacional de Estudiantes, que gracias a su éxito decidieron reunir en una sola federación a todos los estudiantes de todos los países de nuestra América”. Contaron con el apoyo del presidente Álvaro Obregón y del ministro José Vasconcelos. A partir de ese momento todo fue soñar, buscar apoyos y en un momento crear una editorial. Son 465 páginas las del libro. Contiene muchos datos y memorias.
Concluyo esta parte de la historia comentando que de 1996 a nuestros días hay material para una publicación más que nos narre esos años siguientes hasta la fecha, como la gestión actual del escritor Paco Ignacio Taibo II, a quien conocí personalmente cuando llegó a la Biblioteca Nacional de Guatemala a realizar un generoso donativo de libros para la sala de niños, y de un pequeño escenario. Es parte de la remodelación que realizamos de esa sala, con la directora Ilonka Matute, con el apoyo de la exviceministra del patrimonio cultural, Gladys Palala y de muchas personas más, cuando fui director del Patrimonio Documental y Bibliográfico. Compartimos un almuerzo en el mercado central, con él y con Cesar Medina. Esto sucedió cuando vino a presentar a la FILGUA 2019 la novela “Requiem por Teresa” de Dante Liano.
La llegada del Fondo de Cultura Económica a Guatemala tiene dos etapas. La primera cuando en los años noventa del siglo pasado se organizaron las ferias del libro México-Guatemala, que se realizaron en el edificio de la antigua Facultad de Derecho, hoy MUSAC, y en el Palacio Nacional. Eventos que fueron una bocanada de aire fresco por la cantidad de editoriales que llegaron de México, entre ellas “el Fondo”, por la participación de editoriales guatemaltecas, y también por la presencia de escritores mexicanos, conferencias y mesas redondas. Era una necesidad sentida la realización de ferias de libro. De ahí el éxito de la FILGUA.
La segunda cuando los personeros del “Fondo” decidieron crear una sucursal en Guatemala. Fui testigo de la llegada de la persona a quien se le encomendó ese trabajo, de las reuniones sociales que mantuvimos con él, de quien por más esfuerzos de memoria que hago no recuerdo su nombre, así como de la compra y remodelación de la casa que fue su primera sede, situada en la 7ª. avenida de la zona 9. Recuerdo la llegada del presidente Zedillo y de un contingente de escritores mexicanos que le acompañaron para la inauguración. Tuve en esa ocasión una larga conversación con Sergio Pitol. Con otros intercambiamos saludos. A algunos ya los conocía personalmente.
A partir de ese momento esa sede fue para muchas personas, –yo me incluyo entre estas–, un punto de encuentro y un lugar para realizar eventos de literatura. Esa época terminó cuando a uno de los gerentes que llegó posteriormente cerró el bar- restaurante que se encontraba en un segundo nivel, construido a propósito, e inhabilitó el Salón Maya, que fue un excelente auditorio para los actos. Antes de la entrada, en una pared, había una galería con fotos de rostros de escritores guatemaltecos. Tuve el honor de haber sido incluido.
Posteriormente con la llegada de Cesar Medina se comenzó a usar de nuevo dicho salón. Es importante mencionar que el Fondo ha sido también una editorial para autores guatemaltecos. Se me incluyó, en el 2002, en uno de los libros que se publicaron en ediciones bilingües, español-kaqchikel, en un tiraje de 500 ejemplares. La obra es la “Antología de Cuento. Lema Tzijonem”. Colección Intercultural Luis Cardoza y Aragón. Coedición: Fondo de Cultura Económica de Guatemala, Comunidad de Escritores de Guatemala y Helvetas de Guatemala. La coordinadora del proyecto fue Sagrario Castellanos. Se incluyeron dos narraciones de mi libro “Cuentos, fábulas y anti-fábulas”..
Para conocer más de esa extraordinaria editorial y librería, recomiendo el texto, ameno y explicativo, que el fallecido Mario Roberto Morales publicó en el año 2022, en una de las ediciones de “elAcordeón”, suplemento cultural de elPeriodico, con ocasión del centenario de creación de El Fondo de Cultura Económica. Se puede leer en las colecciones de ese diario, ya desaparecido, en la Hemeroteca Nacional de Guatemala.
En lo personal me alegra que la Librería del Fondo en Guatemala se encuentre en el Centro Histórico, cerca de otras librerías, editoriales y bibliotecas como la Nacional, Centro Cultural de España, Editorial Cultura, Librería y editorial Catafixia, La Teca, Editorial y librería Piedra Santa, Tipografía Nacional, entre otras. Con estos negocios la zona 1 continúa siendo un centro importante para la cultura, en lo histórico, y para diversas manifestaciones, artísticas y tradicionales, así como las que encuentran en sus museos, centros culturales municipales y del Ministerio de Cultura y Deportes, y por supuesto es uno de lugares más importantes del país para las tradiciones de la Semana Santa, entre estas las gastronómicas, artesanales y cortejos procesionales.
Larga vida al Fondo de Cultura Económica en Guatemala. Su sede debe ser visitada, no solo por los valiosos libros que se pueden adquirir sino también por los eventos culturales, relacionados con literatura que se celebran constantemente.
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