Memorias y anécdotas/ De juntas directivas y asesorías

Algunas entidades de cultura de las que he sido miembro de sus juntas directivas o como integrante de consejos asesores.

Max Araujo

mayo 10, 2026 - Actualizado mayo 5, 2026

En mi recuento de memorias y anécdotas, finales de una vida ligada al mundo de la cultura, he tenido el privilegio de pertenecer a distintas juntas directivas, a Consejos y Comisiones, por lo que me referiré a algunas de ellas en este texto, dejando otras, como ADESCA, Instituto Guatemalteco de Cultura Hispánica, Asociación de Amigos de la Unesco en Guatemala, Fundación Guatemalteca para las Letras, Comité Nacional Memoria del Mundo, Consejo Nacional del Libro, para otros textos.

De la Fundación Música y Juventud

Cuando Isabel Ciudad Real retornó de uno de sus viajes a Venezuela me invitó a un desayuno en el restaurante Capistrano, situado en el Bulevar los Proceres.  Me contó de su  intención de replicar el modelo del profesor José Antonio Abreu para Guatemala. Me solicitó mi opinión legal. Le sugerí crear una fundación. Meses después la creó legalmente e inició su trabajo con los llamados “núcleos”, que consistieron en escuelas locales de música. Uno de estos en mi pueblo, San Raymundo, a cargo del profesor Carlos Real. Actualmente este destacado músico es Director de la Escuela de Música que el Ministerio de Cultura y Deportes tiene en la cabecera municipal de San Juan Sacatepéquez.  Para esos grupos se usó para la enseñanza de niños y jóvenes la metodología del profesor venezolano.  Los alumnos llegaron  de distintas procedencias sociales. Cumplieron sus objetivos.  Años después Isabel me convocó para que formara parte de la junta directiva de la Fundación. Estuve en el cargo  tres años, hasta que ella entregó el trabajo de la misma, y algunos instrumentos, a la Municipalidad de Guatemala. Este es el origen de las escuelas de música a cargo de dicha entidad. Se dedicó desde ese momento a la enseñanza en la Universidad del Valle, en la que ocupó un puesto de dirección. Sus estudios los realizó en el Conservatorio Nacional de Música de Guatemala y en entidades del extranjero. Fue pianista, dirigió ocasionalmente la Orquesta Sinfónica Nacional. Fue muy querida por su forma de ser: amable, educada, cariñosa, hija de maestros de música. Emparentada con los Del Carmen, otra familia destacada en el mundo de la música de Guatemala. Su hermana Claudia de Melville, fue Viceministra de Cultura, por tres meses,  cuando la poeta Ana María Rodas fue Ministra de Cultura y Deportes. Posteriormente asumió el cargo  de Directora General de las  Artes en la administración de  José Luis  Chea.

 De CONALFA

Fui miembro de la Junta Directiva esta entidad descentralizada en los años 2016 – 2017, por delegación que me hizo José Luis Chea, Ministro de Cultura y Deportes. Por ley el ministro de Cultura debe ser parte de dicha Junta Directiva, pero puede delegar la representación en un viceministro.

Conocer del trabajo que realiza la misma; creada para alfabetizar a muchas personas,   de quienes integran la Junta Directiva y de quienes laboran en dicha entidad, es reconocer los esfuerzos  para enseñar a leer a muchas personas,  en distintas partes de Guatemala. Pero el trabajo no se queda ahí, a muchos de los beneficiados se les ha acompañado hasta la culminación de sus estudios universitarios.

Entre las personas que recuerdo de dicha Junta Directiva está Jaime Arimany Ruiz; quien ha sido representante vitalicio del sector empresarial. Este personaje merece una biografía y reconocimientos por sus logros. Nuestro país tiene muchas personas como él, que deben ser conocidas. A ellos se deben muchos proyectos, programas y entidades que se dedican al desarrollo social  y de beneficio para personas que lo necesitan.

Del Consejo Asesor de la Asociación Guatemalteca de Casas de la Cultura

No recuerdo el año exacto, años noventa,  en el que se me invitó a ser parte de un Consejo Asesor de la Asociación  Guatemalteca de Casas de la Cultura, cargo que desempeñé con responsabilidad, sobre todo porque tuve como compañeros, entre otros, a Tasso Hadjidoduo, un personaje imprescindible en la cultura guatemalteca,   a  Francisco Sandoval (Franco Sandoval),  escritor reconocido, empresario, gestor cultural,  a  Alberto Orantes Lucas, quien también formó parte   de dicho consejo,  y  compañero de Junta Directiva en ADESCA, posteriormente  presidente de la asociación mencionada,  y a Marco Antonio  Sagastume Gemell, abogado y notario, escritor, gestor cultural y experto en el tema de derechos humanos. Con él compartimos en alguna época como miembros de la Junta Directiva del Instituto Guatemalteco de Cultura Hispánica. Fue Presidente del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala. Puedo afirmar con conocimiento de causa,  que son personas generosas, comprometidas con el desarrollo de Guatemala, entusiastas y capaces.

 Nuestro trabajo fue ad honorem. Emitirnos opinión cuando se nos solicitó. Asistimos en alguna ocasión al encuentro anual de dicha asociación que se celebra en cualquier parte del país.   Realizamos también algunos proyectos con los directivos de la entidad, especialmente con doña Clara de Tunchez, un ser excepcional, presidenta y promotora de la Casa de Cultura de San Lucas Sacatepéquez, uno de ellos la elaboración de un proyecto de ley para el fomento de las casas de la cultura, que se entregó, en su momento, al Congreso de la República.  No prosperó.

Las Casas de la Cultura, más de cien, se encuentran en distintos municipios del país. Subsisten por el entusiasmo de sus miembros y por los apoyos ocasionales que reciben. Realizan en cada lugar actividades culturales, entre estas artísticas y en elección de reinas.  En cada encuentro anual, del que reciben un apoyo económico del Ministerio de Cultura y Deportes para su realización, reciben talleres de formación.

Hacer un listado de personas que son miembros y entusiastas de las casas de cultura locales y de la asociación nacional, sería incompleto, porque dejaría fuera a muchos porque mi memoria es débil, pero recuerdo con mucho cariño a Tereso Marroquin, quien, de San Juan Sacatepéquez, su tierra natal, emigró a la cabecera departamental de Chimaltenango, en donde personas como Sandra Paredes, desarrollaran una gran labor. Tanto él como doña Clara ya fallecieron. Su legado es reconocido.

La Asociación Guatemalteca de Casas de la Cultura, surgió en los años ochenta, así me contaron, por una iniciativa de Ángel Arturo González, un gestor cultural, antigüeño, quien a su muerte dejó un gran trabajo. Fue personero de la Fundación Paiz, de la Dirección de Bellas Artes, entre otros cargos. Él era miembro de la Casa de la Cultura de La Antigua Guatemala, cuando con  Tasso Hadjidoduo y  otras personas, crearon esta entidad, que ha sido un bastión para el desarrollo cultural de Guatemala.

Mi cercanía con dicha entidad también se dio por haber sido uno de los creadores de la Casa de la Cultura del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala, que surgió de una idea que tuvimos en una de nuestra reuniones-almuerzo en el restaurante El Establo, ubicado en el Edificio el Patio, en la zona 4 de la ciudad de Guatemala. Me tocó como notario legalizar los estatutos respectivos. Nombramos como primer presidente a Carlos René García Escobar. Fue con esta casa que tuvimos la iniciativa de crear el Festival del Centro Histórico. Ya lo he contado como fue el proceso en un texto anterior.

Como resultado de mis apoyos a la Asociación Guatemalteca de Casas de la Cultura se me dio un reconocimiento en un acto público, en el Palacio Nacional de la Cultura, en el que se me entregó una  placa con mi nombre. La gestora fue doña Clara de Tunchez. En ese mismo lugar años después se me dio el honor de hacer el cambio de la rosa y me impuso la “Orden de la Paz” por el Ministerio de Cultura y Deportes.

Del Consejo Asesor del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias

Por varios años en la primera década del presente siglo fui miembro de un Consejo Asesor del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias.  Otros de sus miembros fueron María Teresa Martínez, actriz, Rudy Cotton, pintor, Dieter Lehnhoff, músico, Rosa Quiñonez, bailarina, así como otros destacados artistas cuyos nombres no recuerdo en este momento. Nos reuníamos por lo menos dos veces al mes. Nuestras sugerencias generalmente fueron aceptadas por quienes dirigían dicho centro y por las autoridades del Ministerio de Cultura y Deportes.

De la misma forma fui miembro de juntas directivas y de consejos asesores, entre estos el Comité Nacional Memoria del Mundo, Consejo Nacional del Libro, de comités organizadores de eventos y de comisiones internas del Ministerio de Cultura y Deportes.

Uno de los principios de mi vida ha sido la de servir. Legado de mis padres.   Nos trasmitieron a sus hijos valores y principios, y todo lo necesario para llevar una vida digna, entre estas el acceso a una educación escolar apropiada.

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