Christo, el parlamento alemán y Gaza

Hoy sería pertinente y necesario recubrir de nuevo, el mayor tiempo posible, este edificio para indicar su nueva desaparición como institución encargada de pronunciarse y legislar en favor de los derechos humanos y los principios democráticos consagrados en la Constitución del país, y, que están siendo violados flagrantemente por el Estado de Israel.

Camilo García Giraldo

mayo 25, 2025 - Actualizado mayo 24, 2025

En el año 1995 el artista norteamericano de origen búlgaro Christo (1935-2020) recubrió o empaquetó el edificio del parlamento alemán, el Reichtag, para formar una obra de arte que duró pocas horas, efímera, como fueron todas sus obras artísticas. El acto de recubrir este edificio que le exigió un largo tiempo de preparación tuvo doble significado que vale la pena mencionar. Por una parte, el de ocultarlo a la mirada de todos, el de hacerlo invisible. Al hacer esto Christo nos indicó que la democracia parlamentaria en el país fue suprimida o dejó de existir durante los nefastos años en los que los nazis gobernaron el país.

Desaparición de su existencia que comenzó con el incendió del edificio del parlamento ocurrido en febrero de 1933, un mes después que Hitler se convirtiera en canciller de la república de Weimer. Fue atribuido a un joven comunista que había sido detenido, y, que confesó bajo tortura, ser el autor. Sin embargo, en los juicios de Nuremberg un general del ejército alemán Franz Halder acusó al jerarca nazi Hermann Göring de haberlo provocado al declarar que “En un almuerzo con ocasión del cumpleaños del Führer en 1943, las personas alrededor del Führer dirigieron la conversación hacia el incendio del Reichstag y su valor artístico. Escuché con mis propios oídos como Göring irrumpió en la conversación y gritó: el único que realmente sabe sobre el edificio del Reichstag soy yo, porque yo le prendí fuego. Y, diciendo esto, dio una palmada”.

Aunque Göring después lo negó, fue un hecho decisivo que permitió justificar políticamente a los nazis a partir de ese momento las progresivas y drásticas restricciones a las libertadas públicas y al funcionamiento libre de la democracia parlamentaria que aún no se había consolidado en el país. Así, un mes después, en marzo, Hitler obtuvo autorización del presidente de la República Paul von Hindenburg de usar y aplicar la llamada “Ley habilitante” que le permitía dictar y aprobar todo tipo de leyes sin necesidad de intervención del parlamento. Ley en principio establecida para que el gobierno pudiera afrontar una situación excepcional en un tiempo limitado fue convertida por Hitler en la norma regular de su actuar político que lo llevó a convertirse en poco tiempo en dictador y forjar en orden estatal sin parlamento hasta que este orden desapareció a consecuencia de la derrota que su ejército sufrió a manos de la Unión Soviética y de los países aliados en la segunda guerra mundial. Durante esos 12 años el parlamento alemán, el Reichstag, dejó de existir como órgano del poder político del país; de ahí que el incendió que sufrió su sede física, el edificio donde se reunía, fue la antesala que anticipó y anunció esa desaparición, esa muerte institucional que los nazis le provocaron.

Pero, por otro lado, este acto artístico realizado por Christo nos indica que los alemanes después de haber recuperado el orden democrático tienen el gran deber histórico de proteger la existencia de ese edificio para que los parlamentarios de todos los partidos elegidos libremente por el pueblo se puedan reunir a legislar, a debatir y aprobar las leyes que necesita la sociedad para que pueda funcionar y resolver sus problemas. La lección principal que dejó para los alemanes y, en general, para todos los ciudadanos del mundo, la atroz dictadura de Hitler es la obligación primordial e inalienable que tienen de preservar y proteger el orden democrático, que el parlamento simboliza, para que desaparezca el riesgo o la grave posibilidad de que alguien con el apoyo de grupos políticos y sociales se tome la dirección del Estado y vuelva a suprimirlo, tal como lo hizo Hitler, en 1933.

Sin embargo, hoy, lamentablemente los partidos políticos más grandes e importantes que lo han gobernado desde la segunda guerra mundial, y, que tienen una amplia y mayoritaria representación en el parlamento, como el conservador, el socialdemócrata, el partido verde y el liberal, han apoyado y protegido incondicionalmente el genocidio bárbaro que está perpetrando el Estado sionista de Israel contra la población palestina Gaza.  Este comportamiento político de todos ellos es una vergüenza para el país, y, una grave afrenta contra los principios democráticos, contra el derecho internacional, y el derecho internacional humanitario que dicen defender. Y no vale para nada justificarlo en las actuales circunstancias, sosteniendo que la defensa y la protección de los judíos es una cuestión nacional de principios, como siempre lo han sostenido desde que terminó la segunda guerra mundial, debido al holocausto que sufrieron a manos de los nazis, porque los descendientes de ese holocausto que dirigen el Estado de Israel, con el psicópata de  Benjamín Netanyahu a la cabeza, están ocasionado otro holocausto similar contra la población palestina de Gaza. 

Esta conducta de los parlamentarios alemanes es también, una manera de “quemar” de nuevo el edificio donde se reúnen, debaten y legislan sobre todos los asuntos del país. O, mejor, un modo de hacerlo desaparecer una vez más como un órgano democrático en tanto sus miembros guardan un inmenso silencio cómplice frente a este bárbara y sistemática masacre de la población palestina que está llevando a cabo desde hace casi 3 años el Estado de Israel

Por eso, hoy sería pertinente y necesario recubrir de nuevo, el mayor tiempo posible, este edificio para indicar su nueva desaparición como institución encargada de pronunciarse y legislar en favor de los derechos humanos y los principios democráticos consagrados en la Constitución del país, y, que están siendo violados flagrantemente por el Estado de Israel. Sus miembros al no hablar, al no decir ni una sola palabra de crítica o de condena política y moral de las acciones israelís contra el pueblo palestino de Gaza, están perpetrando la desaparición como una institución auténticamente democrática. Por eso, el velo que debería recubrirlo, en realidad ya lo está recubriendo. Y, solo se levantará el día que esos parlamentarios, por lo menos una gran parte de ellos, decidan hablar y pronunciarse enérgicamente contra este genocidio en curso que toda la humanidad decente está presenciando, indignada y adolorida, en vivo y en directo.

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