Manuel José Arce, el cronista poeta de la ciudad de Guatemala

La popularidad de Arce se debió principalmente a sus crónicas en el desaparecido diario El Gráfico, muy esperadas y comentadas porque con su pensamiento se identificaban los chapines. 

Méndez Vides

abril 13, 2025 - Actualizado abril 12, 2025

Manuel José Arce (1935-1985) fue poeta, teatrista y articulista de opinión en diarios impresos, géneros difíciles hoy en día, cuando se han estrechado cada vez más porque las oportunidades son escasas, porque el teatro está medio enterrado y ya no hay variedad de diarios impresos como antes, vencidos por la ventaja digital.  La popularidad de Arce se debió principalmente a sus crónicas en el desaparecido diario El Gráfico, muy esperadas y comentadas porque con su pensamiento se identificaban los chapines.   Y era poeta apasionado, intenso, diestro, tipo el charro Jorge Negrete, y brilló en nuestra aldea, donde experimentó sus quince minutos de fama en casa antes de partir a Francia.

Con el poemario Los episodios del vagón de carga, Manuel José ganó en 1969 el premio de los juegos florales de Quetzaltenango (donde años antes también venció en la categoría de teatro).    El libro se publicó en 1970 en la Editorial Universitaria de la Universidad de San Carlos, en la ya clásica colección Últimos, en una edición memorable que hoy es muy apreciada.  Cuentan que a la premiación llegó vestido irónico como los caballeros románticos, con capa, bastón y sombrero.

Fue un continuador de los Antipoemas de Nicanor Parra (1914-2018), que iniciaron la ruta a mediado de los años cincuenta y se popularizaron internacionalmente.   Los de Arce adoptaron el subtítulo de anti-pop-emas, de los cuales sobresalieron Sangre en el paraíso, que inicia con el memorable: “TOTAL, no pasa nada: / me desangro”, y que más adelante contenía las siguientes líneas: “Si me dan ganas de patear mi sombra, / de asesinar mi espejo, / fusilar por la espalda mi saco y mi sillón privado, / en realidad no está pasando nada”, y también sobresale Un cráneo en la sombra, cuyo primer verso hacía la pregunta clave: “¿DÓNDE poner ahora la cabeza?”, porque analiza teorías y posibilidades, para cerrar con una romántica evocación: “Si no es entre tus manos, si no es en tu regazo, / si no es sobre la almohada, a lado de la tuya / ¿dónde poner, entonces, la cabeza?”.

Nuestro poeta salió del país huyendo en la violencia, en los años del conflicto armado interno, y fue a buscar en Francia la seguridad y el ámbito fértil para las letras, pero terminó haciendo de todo para sobrevivir, manualidades y albañilería, hasta que la muerte lo alcanzó.   Fuera no tuvo tiempo de brillar como aquí, donde han pasado ya muchos años pero aún se le recuerda y admira.

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