La filosofía moderna como traducción

En memoria de Jürgen Habermas (1929- marzo 2026)

Camilo García Giraldo

abril 5, 2026 - Actualizado marzo 31, 2026

Jürgen Habermas ha sostenido y mostrado con su obra teórica-filosófica, y, apoyándose en la hermenéutica filosófica de Hans Georg Gadamer, que la razón de ser o la función principal de la filosofía en los tiempos modernos, en los tiempos de la muerte de la metafísica, es la de traducir el lenguaje especializado y técnico de las ciencias sociales y humanas, al lenguaje habitual y natural, que emplean en sus actos de habla cotidiana el resto de los seres humanos; es decir, convertir los términos, las palabras y expresiones de esos lenguajes teórico-científicos especializados e ininteligibles para el común de los demás hombres, en términos y expresiones propias del lenguaje diario que usan, para que así los puedan comprender y asimilar. Al ocurrir esto, los hombres quedan, entonces, ilustrados por este saber científico. Hecho, que les permite comenzar a remover o criticar las certezas pre-reflexivas y los prejuicios en los que hasta ese momento habían creído o considerado válidos, es decir, verdaderos o correctos. Pero, además, al aprender el significado de estas nociones y conceptos científicos quedan mucho mejor preparados para comprenderse a sí mismos en el mundo, es decir, para comprender los rasgos, las formas y las condiciones de sus vidas en el mundo socio-cultural e histórico que habitan.

La filosofía, al proponerse realizar esta tarea, se da o atribuye a sí misma una nueva función válida y necesaria para el enriquecimiento de la vida cultural del conjunto de los seres humanos modernos. Y, sustituye, además, su vieja y tradicional función de carácter metafísico de buscar y determinar los fundamentos universales de todo lo existente. Los filósofos modernos, para él, ya no tienen la tarea de buscar los fundamentos generales del mundo y de la existencia de los hombres. Se les presenta una tarea más “modesta”, pero, igualmente muy importante, al de contribuir a ampliar y profundizar el horizonte mental cultural de los seres humanos con los conocimientos científicos de sí mismos. Conocimientos científicos con los que podrán ver y comprender mejor lo que son, y, las formas del ser del mundo socio-cultural de sus vidas.

Pero, además, la filosofía moderna no solo se tiene, en mi opinión, que dar la tarea de traducir el lenguaje de las ciencias humanas al que usan natural y comúnmente todos los hombres, sino también, la de “traducir”, o mejor, interpretar textos literarios y poéticos, y obras de arte, para mostrar o poner de relieve el sentido profundo que tienen; es decir, tiene no solo que traducir a un lenguaje discursivo comprensible por todos el lenguaje narrativo, simbólico o metafórico de esos textos literarios y obras de arte, sino también, presentar y exponer en ese discurso el contenido o sentido que encierran. Esta labor de interpretación de las obras literarias y de arte complementa y enriquece, entonces, la de la traducción de las teorías y discursos científicos sobre los seres humanos en la medida de que estas obras literarias y artísticas logran revelar el sentido o los diversos y múltiples sentidos interiores y profundos de la existencia de los hombres en el mundo. Y, al hacerlo así, le ofrecen a la filosofía un “material” rico, prolijo y valioso para traducir e interpretar. 

Ahora bien, el papel de la filosofía en la modernidad no se puede limitar a este porque sería subordinarla indebidamente a las ciencias humanas, y al arte y la literatura; es decir, sería convertirla en un apéndice de ellas. Por eso, es necesario que dé un paso más, el de preguntar por las nuevas formas de ser del mundo moderno socio-cultural, y de los seres humanos que lo habitan, apoyándose precisamente en esos conceptos de las ciencias humanas y sociales, y en el contenido de esas obras culturales. Y, tratar a continuación, de responder estas preguntas, describiendo estas formas de ser, y, proponiendo explicaciones o interpretaciones a las mismas. Pues, los filósofos modernos siguen siendo tales porque no han perdido la función que define la filosofía desde sus orígenes en la antigua Grecia, la de indagar o examinar por las diversas formas del ser de los hombres y del mundo socio-cultural e histórico en el que viven. En la medida que hagan este examen esencial, que respondan, así sea de una manera incompleta y limitada, a estas preguntas, lograran ampliar y enriquecer el saber existente sobre ese mundo.

Y, como estos exámenes y respuestas las exponen usando los términos y expresiones del lenguaje cotidiano de los destinarios de estas, debido a que ya han aprendido a usarlas correctamente, al traducir el lenguaje especializado de las nociones y conceptos científicos a este lenguaje cotidiano, logran hacerlas plenamente accesibles y comprensibles para todos los que los escuchan sus palabras o lean sus textos.   

De tal modo, que, al ocurrir esto, se abre el camino para que las nociones y conceptos especializados de las ciencias humanas y sociales, y el contenido esencial de las grandes obras de la cultura puedan ser comprendidos por todos los que tienen acceso a estos discursos filosóficos. Y, logran así enriquecer y ensanchar sus espíritus. Pero, sobre todo, examinar a la luz de estos conocimientos sus propias existencias, y las formas y características del mundo histórico y socio-cultural en que están situadas, tal como lo hacen los filósofos profesionales y especializados en la modernidad.

Esto lo reconoció Habermas en una de las últimas entrevistas que publicó antes de su muerte al decir que “La filosofía realiza de manera reflexiva la comprensión de los individuos y del mundo que viven, del mundo de sus vidas”. Pues, si bien es una forma de conocimiento que han elaborado los seres humanos a lo largo de la historia, se diferencia de las ciencias humanas y sociales, en que precisamente reflexiona a partir de los conceptos de estas ciencias para comprender la existencia de los hombres y de su mundo. 

Sócrates pidió, hace casi veinticuatro siglos, a los seres humanos que se conocieran a sí mismos, porque para él, una vida sin examen, no vale la pena ser vivida. Petición filosófica esencial y original, que hoy pueden realizarla el común de los seres humanos mucho mejor y con mayores posibilidades de acierto, en la medida que accedan y aprendan, gracias a las traducciones e interpretaciones hechas por los filósofos, los conocimientos científicos fundamentales alcanzados, y el contenido esencial de las grandes obras culturales que hablan sobre sí mismos y del mundo que los rodea. En este sentido, entonces, la filosofía se convierte en una gran maestra ilustrada que enseña a los seres humanos el contenido de la ciencias humanas y sociales con el lenguaje comprensible que usan en sus vidas cotidianas para que con su ayuda puedan pensar sobre las grandes cuestiones de sus existencias y del mundo.

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