Manuel Galich, su compromiso y su teatro

El teatro contemporáneo de Guatemala tuvo en el dramaturgo, que nació el 30 de noviembre de 1913, una voz comprometida. Su fecunda producción retrató de manera creativa y metafórica manipulaciones, despojos y corrupción, entre otros muchos males del país.

Ana Lucía Mendizábal

noviembre 30, 2025 - Actualizado noviembre 29, 2025

Manuel Galich (1913-1984)

Cada 30 de noviembre se recuerda el natalicio del dramaturgo, político y diplomático guatemalteco Manuel Galich, uno de los pilares del teatro contemporáneo del país, que nació precisamente en esa fecha en 1913, en Guatemala y fue creador de importantes piezas escénicas como Los conspiradores (1930), Los necios (1934), El señor Gucub Caquix (1939), El canciller Cadejo (1940), De lo vivo a lo pintado (1943), La historia a escena (1949), El tren amarillo​ (1950) Mi hijo el bachiller y El pescado indigesto (1953).

Su inclinación hacia el teatro se desveló cuando era solo un niño. Empezó a ser actor desde los once años, como un integrante de radioteatro en la radio oficial TGW. Ya como estudiante de Magisterio en el Instituto Normal Central para Varones, de donde se graduó como Maestro de Educación Primaria Urbana en 1932, escribió sus primeras obras.

Más adelante, esa vocación docente también se retrató sobre las tablas, ya que escribió obras para niños como Entremés de los cinco pescaditos, Puedelootodo vencido, Ropa de teatro y El oso colmenero, contenidas en el ejemplar Teatrinos, editado recientemente por Piedrasanta. En la contraportada de este ejemplar, la editora Irene Piedrasanta manifiesta: “Galich escribió para niños, niñas y adolescentes con una intención política; y en sus obras comunica mensajes a favor del trabajo, la alegría, la solidaridad y en contra de la ambición, el orgullo, la injusticia y el lucro…”

Político, diplomático y exiliado

Si bien, su vocación histriónica y literaria lo habían puesto en la ruta del teatro desde temprana edad, fue la realidad de las dictaduras de Guatemala, las que orientaron su quehacer como dramaturgo hacia piezas teatrales de denuncia contra la pobreza y la injusticia, que matizaba con costumbres cotidianas propias de los guatemaltecos y lenguaje popular, lo que no era común en los años 1930.

Esta nueva forma de poner realidades sobre el escenario hizo que muchos críticos de arte y literatura se refirieron a él como “padre o pionero del teatro nacional”. Así lo hizo Luis Cardoza y Aragón, quien, en una crítica, señaló: “De su generación, Galich fue relevante. Nunca se rindió y evolucionó radicalmente al paso de los años”. Francisco Albizúrez Palma escribió acerca del dramaturgo: “Galich, con sus primeras obras de sabor costumbrista, se nos aparece como el pionero en la evolución del teatro guatemalteco”.

El tiempo y las experiencias lo llevaron a realizar piezas más confrontativas, en las que dejó ver su clara posición. Esto lo puso en la mira del gobierno de Jorge Ubico y su obra fue censurada.

El político, el diplomático y el exiliado

Galich fue uno de los 311 ciudadanos que firmaron una carta exigiéndole la renuncia a Ubico tras la supresión de las garantías constitucionales. La reacción del dictador fue de rabia, pero terminó dejando el cargo, después de la muerte de la maestra María Chinchilla en unas protestas el 25 de junio de 1944.

Si durante la dictadura de Ubico, Galich había experimentado represión, con la llegada de la llamada Primavera Democrática, el educador y dramaturgo encontró otra faceta: la de político y funcionario. En primer lugar, se convirtió en diputado y presidente del Congreso de la República y presidente de la Junta Electoral. En 1945 asumió como Ministro de Educación e impulsó reformas que buscaban la mejora de la educación y la cultura del país.

Auspició la educación extraescolar, el departamento de alfabetización, el Instituto de Antropología e Historia, la Escuela Normal Rural en “La Alameda”, Chimaltenango, el Instituto Normal Centroamérica (INCA) y la construcción de más escuelas de primaria y secundaria en todo el país. Promovió la educación bilingüe (español-idiomas mayas). También apoyó la creación de la Facultad de Humanidades en la Universidad de San Carlos y la reapertura de la Universidad Popular.

En 1947 fue Magistrado del Tribunal Supremo Electoral. En 1948 se graduó como abogado en la USAC.

Ese período, entre 1944 y 1954 fue sumamente productivo para Galich. Fue entonces cuando presentó obras como De lo vivo a lo pintado (1943), La historia a escena (1949), El tren amarillo​ (1950) Mi hijo el bachiller y El pescado indigesto (1953).

Sus acciones como funcionario no se limitaban al ámbito nacional, ya que, durante el gobierno de Arévalo, cumplió misiones diplomáticas en diferentes países, entre ellos, Cuba. Al llegar el gobierno de Jacobo Árbenz Guzmán, Galich fue nombrado como Ministro de Relaciones Exteriores. En la cuarta reunión de ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de Estados Americanos dejó clara su posición antiimperialista. En ese encuentro se discutió si se debía o no enviar tropas para la guerra en Corea, y aunque la OEA aceptó, Galich se pronunció en contra de esa decisión y abogó por la libertad de decisión de cada nación.

En 1951 le propuso al presidente Árbenz la creación de la Organización de Estados Centroamericanos y en 1952 renunció como ministro, pero emprendió misiones diplomáticas como embajador, primero en Uruguay y luego en Argentina. En 1953, escribió La mugre, en la que ya advertía acerca de los peligros de una posible contrarrevolución.

Al momento del derrocamiento de Árbenz, Galich se quedó viviendo en Argentina como exiliado y permaneció ahí hasta 1962 cuando decidió trasladarse en La Habana, en donde comenzó una etapa intelectual más enfocada en la investigación y la docencia. Primero, llegó a trabajar en La Casa de las Américas.

Un docente singular

En el estudio Manuel Galich bajo el manto del Alma Máter, la investigadora Maisleidys Concepción Pérez refiere que Galich tuvo una presencia notable como catedrático en la Universidad de La Habana desde su llegada a Cuba en 1962, hasta su muerte en 1984.

Después de su paso por La Casa de las Américas, el escritor fue invitado por Roberto Fernández Retamar, a la Universidad de La Habana como profesor de Artes y Letras. Su erudición en temas históricos, literarios y sociales fueron solo algunos de los atributos que lo convirtieron en una notable figura en las aulas universitarias. “Sus alumnos reconocían en él su dinamismo y autenticidad”, afirma Pérez en su escrito.

“Su nivel cultural era admirado por todos, desde los estudiantes hasta los profesores más consagrados, ya que tenía un enfoque general de la historia y de la cultura que sabía transmitir muy bien. Sus compañeros de trabajo lo veían como una persona airosa, con un tono irónico, como un hombre para dialogar, comprometido, que planteaba sus ideas y no temía posicionarse políticamente”, anota la investigadora.

Sala Manuel Galich, en la Universidad Popular. Foto: UP

Una figura vigente

Además de que sus obras continúan siendo parte del repertorio de varios grupos teatrales, Manuel Galich es recordado tanto por quienes lo conocieron personalmente, como por quienes acuden a la sala de teatro de la Universidad Popular que lleva su nombre. También en Cuba, en la Casa de las Américas hay una Sala Manuel Galich. Recientemente se llevaron a escena las piezas Mi hijo el bachiller, en la Cámara de Industria y El tren amarillo, en el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias.

Tags:

Todos los derechos reservados © eP Investiga 2024

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?