Kirk también es Charlie

Rafael Paiz Conde

septiembre 14, 2025 - Actualizado septiembre 13, 2025

Charlie Kirk (1993-2025). Foto: Wikipedia

El 7 de enero del año 2015 en París dos terroristas islámicos perpetraron un atentado a la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo. El saldo fue de 11 periodistas asesinados. El 10 y el 11 de enero, de ese año, millones de personas se agolparon a las calles de las principales ciudades francesas y del mundo para repudiar el salvaje acto.

Sólo en la capital, se calcula que se reunieron para manifestar más de 2 millones de parisinos junto a medio centenar de jefes de Estado. Marcharon en defensa de los valores republicanos y contra la intolerancia. La consigna de ese movimiento fue: “je suis Charlie” (Yo soy Charlie). Ese eslogan se convirtió en sinónimo de repudio a la violencia, defensa de la libertad de expresión y tolerancia.

El atentado evidenció, una vez más, que Occidente seguía fiel a sus principios democráticos. Mismos que, en buena medida, están cimentados en la libre emisión del pensamiento. Sin embargo, también exponía que no existen libertades ni derechos que no estén permanentemente en riesgo. Es por eso, que cada día que no se luche por ellos se pierden un poco. La forma más antigua y común para atacarlos sigue siendo eliminar a quien piensa diferente. 

 De todos los tipos de asesinato es el político el que quizás acarrea las consecuencias más dolorosas. Esto, porque al cegar la vida de una personalidad que trasciende convierte a todos sus simpatizantes en víctimas también. El pasado miércoles 10 de septiembre, los Estados Unidos fue golpeado por un trágico suceso. La muerte violenta de Charlie Kirk. Hecho que aún conmociona profundamente a la nación norteamericana y continuará haciéndolo por mucho tiempo.

Kirk de 31 años fue abatido de un balazo en el cuello. Esto, durante una presentación delante de una nutrida multitud, mientras exponía sus ideas, en una universidad del Estado de Utah. El joven activista se había logrado posicionar como una de las voces más fuertes dentro del conservadurismo de su país. La admiración mutua que lo unía con el presidente Trump, sus posiciones claras en defensa de los valores tradicionales lo habían colocado como una figura protagónica de las redes sociales, en donde era seguido por millones de personas.

Sin embargo, fue precisamente todo lo anterior lo que ocasionó que se granjeara la animosidad, críticas y enemistades de todos aquellos que se identifican con el progresismo. Su estilo franco y directo hacía que sus mensajes se divulgaran rápidamente. Volviéndolo así, una figura destacada en el debate nacional de su país desde hace ya varios años; convirtiéndolo en un referente para sus partidarios.

Las reacciones después de su muerte han sido vehementes. Los principales líderes políticos de su país e incluso del extranjero han repudiado el hecho. Comenzando por el Presidente Trump así como por la mayoría de los dirigentes de los partidos Republicano y Demócrata quienes no han dudado en lamentar su muerte. Sus partidarios culpan a los sectores más radicales de la izquierda violenta de ser los autores del crimen. Sin embargo, aún se esperan los resultados de la investigación para conocer la verdad.  

El viernes por la mañana se anunciaba la captura del presunto asesino. Tyler Robinson, hijo de un veterano de la policía, fue retenido y puesto a disposición de las autoridades por su mismo padre. El presidente Trump anunció la noticia en sus redes sociales. El sospechoso de 22 años aparentemente es una persona que tiene serios trastornos mentales según la Fiscalía. Ya ha sido acusado formalmente y enfrenta cargos que pueden conducirlo a la pena de muerte.

Este asesinato se suma al atentado que sufrió el presidente Donald Trump, el año pasado, durante su campaña. Lo que demuestra que la polarización está llegando a niveles extremos en ese país. Esta situación no se veía desde la terrible década de los sesenta del siglo pasado cuando fueron asesinados por extremistas figuras políticas de la talla de Martin Luther King, Medgar Evers, Malcolm X, Robert Kennedy y su hermano el Presidente de esa nación J.F. Kennedy.

Este flagelo también se refleja en el resto del mundo. En los últimos años quienes abanderan las ideas de derecha, para ser más precisos los que enarbolan los conceptos soberanistas, son quienes más atentados han sufrido. Entre los que destacan Shinzo Abe en Japón, Bolsonaro en Brasil, Villavicencio en Ecuador y hace unas semanas Uribe Turbay en Colombia.  

Independientemente de si se comparten o no las ideas de quienes han padecido esos ataques todos están obligados a unirse para repudiar este tipo de hechos. No puede una persona que cree en los principios republicanos del Estado o en los valores humanistas quedarse callado en este momento y no condenar este asesinato. Peor aún, es intentar con malabares intelectuales o ideológicos justificar a los agresores o culpabilizar a las víctimas.

La libertad de conciencia y la de expresión son dos de los pilares sagrados en los que se funda nuestro orden social. Al igual que en enero del 2015, cuando millones de personas se solidarizaron ante el ataque cobarde hacia Charlie Hebdo, hoy también deben pronunciarse millones con la misma vehemencia para repudiar este acto salvaje. La violencia política no tiene cabida en las sociedades democráticas. Combatirla es uno de los puntos de encuentro en el que todos los espectros ideológicos, en estos álgidos momentos, pueden confluir. Charlie Kirk, ahora un mártir de la libertad, seguramente también dijo en su momento “Je suis Charlie”.

Nueva Guatemala de la Asunción, 14 de septiembre del 2025

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