“Nuestro maestro fue cobanero y participaba en todas las cofradías de Cobán… Allá, todavía se dan muchas manifestaciones culturales, y aún más en la época en la que él creció. Nos cuentan que era gran bailarín de vals, que las muchachas hacían fila para bailar con él”. Estos son parte de los recuerdos que Ana Sofía Girón guarda de Zoel Arturo Valdés Molina (1937-2012), fundador del Grupo de Proyección Folklórica Zoel Valdés, que ella dirige en la actualidad.
Luego del fallecimiento de Valdés, en 2012, su legado de arte, investigación y conocimiento en torno a las danzas guatemaltecas ha seguido dando frutos, a través de ese grupo que formó en 1977.
Un maestro inspirado
La vocación artística de Zoel Valdés tuvo diversas vertientes. Además de apasionarse por las danzas propias del país, también era artista de la plástica. Desde muy joven, en su Cobán natal, elaboraba títeres y hacía pinturas en cabezas de alfileres.
En la capital se graduó como maestro y cursó estudios en la Escuela Nacional de Artes Plásticas Rafael Rodríguez Padilla y por algún tiempo impartió cursos de artes plásticas en distintos establecimientos. Además de publicar libros acerca de esta materia que se utilizaban como textos en escuelas e institutos.
Fue cuando asumió la dirección de la Escuela Educación Estética cuando se percató de la necesidad de educar a los maestros en lo que en aquellos tiempos llamaban teoría del folclor, “porque aquí en la capital estamos desorientados al respecto”, admite Girón.
Señala que el maestro comenzó a organizar cursos en distintos espacios y establecimientos. Entonces, se percató de que las enseñanzas quedaban más claras si los que recibían la instrucción tenían una muestra visual de lo que se hablaba. Con eso en mente y la pasión que despertaron en él las danzas tradicionales del país, emprendió viajes a diversas poblaciones del país para investigar los orígenes y evolución de las danzas junto a Édgar Martínez, quien se convirtió en cofundador del grupo que formaron para poner en movimiento los frutos de sus investigaciones.
Su labor como folclorista le ganó mucho prestigio dentro de la comunidad educativa y artística. Además, en 1983, el gobierno de Guatemala reconoció su labor docente con el Premio Francisco Marroquín.
Resguardo, práctica y respeto
Girón destaca que Valdés fue uno de los investigadores del origen y evolución del Paabanc y otras danzas emblemáticas. Gracias a la observación de las prácticas culturales en las comunidades que visitó se dio cuenta que los pasos de las danzas no tienen relación con el ballet y decidió guardar la investigación del Paabanc con los pasos orgánicos para ser interpretado por su grupo, ya que otras agrupaciones lo trabajaron de distinta manera.
Desde el inicio buscó a personas que fueran capaces de seguir los pasos orgánicos con la música propia de la tradición. En una entrevista realizada por Heidy Sandoval Ruiz, el también coreógrafo Héctor Leal, quien fue integrante de la agrupación, señalaba que el maestro Valdés era sumamente exigente con los ejecutantes de los bailes, porque buscaba excelencia y respeto al momento de representar a la cultura de las comunidades.
El grupo Zoel Valdés se diferencia de instituciones artísticas como los ballets folclóricos que existen en algunas instituciones del Estado y municipalidades, porque estas últimas son más académicas. “A nosotros no se nos considera bailarines sino bailadores, porque no trabajamos con la técnica del balé, a pesar de que hemos recibido cursos para movimientos específicos, desconocemos la técnica porque no la usamos”, asegura la directora. Sin embargo, acota, que la agrupación cuenta con el respeto de integrantes de estas otras instituciones artísticas que entienden el sentido de su trabajo. Además, señala que el grupo siempre ha recibido buenos comentarios, incluso de integrantes de las comunidades de donde provienen los bailes.
Fieles a la instrucción de su maestro, en la agrupación los bailes se aprenden a través de la observación y la práctica. “El maestro decía que todo lo teníamos que aprender oralmente, como se hacía en las comunidades. No había libros, no había cuadernos. Uno veía el paso, y agarraba el ritmo, tal como se aprende en las comunidades de manera orgánica», detalla.
“No somos portadores del hecho folclórico, a ellos les guardamos mucho respeto, pero somos proyección”. Explica que los grupos que en las comunidades representan el hecho folclórico original lo hacen “en espacios cerrados, en fechas definidas”. En cambio, la agrupación creada por Valdés tiene la capacidad de mostrar estas manifestaciones en diversos escenarios, tanto a nivel nacional como internacional y durante cualquier fecha. Señala también que, en sus representaciones, se ha disminuido, en gran medida el componente religioso para poder presentarse en distintos espacios.
Indica la directora que desean que el público esté consciente que ellos son intérpretes e investigadores, pero nunca han querido usurpar el espacio como portadores de las tradiciones. Señala que quienes deseen conocer o investigar el hecho folclórico, deben investigar en las fuentes directas que son los portadores de este que se encuentran en las comunidades, tal y como lo han hecho ellos. Añade que, precisamente, para evitar confusiones, tomaron la decisión de no compartir videos de su trabajo escénico para que este no sea copiado ni tomado como referencia.
Girón indica que todas las representaciones que hacen se basan en la investigación realizada por Valdés, pero que están atentos a los cambios que se van dando. “Seguimos investigando si las danzas que nosotros tenemos siguen su camino… si ya pasaron de folclor vivo a folclor muerto», expone.
Para proteger legalmente a la agrupación después de la muerte del maestro Valdés, se formó la Asociación Proyección e Investigación Zoel Valdés. La directora cuenta que, al fallecer el maestro, el grupo se quedó con su colección de trajes. Sin embargo, esta se vio mermada porque algunos de los exintegrantes tomaban piezas y ya no las devolvían. De esa cuenta, han debido invertir, muchas veces, con dinero de sus propios bolsillos para adquirir más piezas de vestuario y/o utilería. Además, con el tiempo han ido adquiriendo elementos específicos para ser cada vez más precisos en sus interpretaciones.
Cambios inevitables
El estar atentos a las transformaciones sociales que se dan en las comunidades originarias de las danzas que ejecutan hace que los integrantes del grupo estén conscientes de las influencias que afectan la continuidad de esas prácticas culturales. Lo que hace aún más relevante el trabajo del conjunto para contribuir a la preservación.
“Guatemala va rápida con la evolución. Las comunidades tienen todo el derecho de cambiar, aunque nos duela”, afirma Girón. Las transformaciones son variadas. Sin embargo, asegura, que el grupo siempre intenta mantenerse fiel a los hallazgos que se hicieron a mediados del siglo XX, para preservar las tradiciones en los aspectos más relevantes. “Tratamos de no caer en la evolución para mostrar lo original que se encontró en aquel momento, pero sí nos actualizamos. A donde vamos, seguimos investigando. ver cómo van cambiando el tejido, los zapatos o cómo ejecutan algún paso”, expresa la directora.
En cuanto a cambios culturales más profundos y el riesgo que estos significan para la autoncepción de las poblaciones, Girón señala: “creo que hemos perdido identidad y yo acuso formalmente a las municipalidades de no ver el valor de la cultura que tiene cada pueblo”, expone. “Las municipalidades, a diferencia que, en otros tiempos, ya no están dando dinero para desfiles, trajes u otro tipo de apoyo”, puntualiza.
Además, indica que el avance de las iglesias evangélicas en las regiones rurales ha significado también el cambio en cuanto a dejar atrás el sincretismo religioso que en otras épocas identificó la relación entre lo católico y las creencias autóctonas. Explica que ha habido también cambios en la mentalidad de los sacerdotes católicos que ya no quieren que lleguen bailarines a celebrar a los patronos de las poblaciones.
Refiere que el cambio en las creencias influye también en la pérdida de referentes culturales. Esto, según la directora se ve reflejado en los nombres que se utilizaban, por ejemplo, en los negocios locales. “Antes una tienda se llamaba San Judas Tadeo y ahora se llama Ebenezer, por ejemplo”, anota. “Se ha perdido la música, las fechas que antes eran importantes y los rituales… La muchachada, al verse sin identidad, lo que ha optado es por imitar patrones coreanos o mexicanos, porque no encuentran mucho de qué sentirse orgullosos», expone.
Señala también la falta de escuelas de enseñanza de la marimba, de piteros o tamboreros. “Quienes tocan ahora son personas mayores que están a punto de ya no tener a quien transmitir sus conocimientos”, destaca. Además, refiere que también ha disminuido el trabajo artesanal de elaboración de elementos como los sombreros, lo que hace más difícil encontrar este tipo de piezas en el mercado.
La pandemia, las sedes y las nuevas perspectivas
En Guatemala, la subsistencia de un grupo de proyección cultural depende, sobre todo, de la perseverancia de sus integrantes, ya que, al no contar con apoyos institucionales, sus miembros tienen otros trabajos. Incluso, según señala la directora, hasta hace cerca de un año, su espacio de ensayos y bodegas se encontraba en el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, gracias a gestiones realizadas por el maestro Valdés. Sin embargo, afirma que la mayor parte de quienes han sido directores de este complejo cultural que pertenece al Ministerio de Cultura y Deportes, quisieron expulsarlos y el año pasado, cuando el teatro fue cerrado debido al cambio de celdas eléctricas, se notificó a la agrupación que debía salir del mismo y que, luego no podía volver.
Afirma que el grupo espera solventar esta situación. Sin embargo, este que fue un reto, también les ha brindado impulso. En la actualidad los integrantes trabajan sus ensayos y presentaciones desde el centro cultural La Casona (3 Calle 3-59, zona 1).





Antes de la pandemia, la mayor parte de presentaciones de la agrupación se realizaba en iglesias, escuelas y espacios culturales. Sin embargo, Girón señala que después de la llegada de las crisis generadas por el coronavirus, se dio un cambio importante en la mentalidad de quienes antes estaban dispuestos a invertir en cultura. “Nos quedamos con la idea de que no hay dinero para cuestiones culturales, porque hay otras prioridades. Nuestros propios bailarines empezaron a decir ‘no puedo asistir porque no quiero perder mi trabajo porque está muy difícil la situación’.”, expone.
Con el tiempo se abrió otra posibilidad. “La Antigua Guatemala se volvió sede de las bodas destino que vienen buscando representaciones auténticas de la cultura y esto nos está poniendo en el mapa”, comenta la directora.
Además, también en la Antigua Guatemala se realizan otras actividades para las que se les ha contratado, porque como indica la directora, Antigua sigue moviéndose a nivel internacional y “ahí sí necesitan ver a Guatemala bailar”. El repertorio que se maneja en este tipo de eventos es, en su mayoría, morerías y ritmos alegres. Sin embargo, la agrupación que tiene un repertorio de 32 danzas diversas y cuyo objetivo es dar a conocer la variedad que existe en el país, busca otras vertientes para cumplir con su misión formativa que se impuso desde su creación.
En favor del rescate
Una de las grandes apuestas que el grupo ha hecho es en favor de retomar su camino didáctico. De esa cuenta, el sábado 19 de julio presentó la primera edición de su ciclo de conversatorios Cultura en movimiento, en el que trató el tema de Las mengalas, que según explica Girón surgieron en el siglo XVIII en el área central del país y tienen gran importancia ya que fueron parte de los procesos de mestizaje que comenzaba en esos tiempos. La idea de este ciclo es, según indican las integrantes del grupo, exponer la historia de las distintas danzas que tienen en sus repertorios, sus contextos sociales y propiciar el intercambio cultural.

Apertura e intercambio
Uno de sus más grandes proyectos, que se inició hace diez años es el Festival Internacional de Proyección Folklórica . “Nos dimos cuenta de que en América se empezaban a realizar los festivales de folclor y en Ecuador tuve la suerte de conocer a bailarín mexicano que me dijo: ‘Sofy, ¿y si llegas a México?’, y me sorprendió darme cuenta de que gente más joven y con menos experiencia que yo se estaba animando a hacer un festival”, indica. Ese año, el grupo viajó a México y al volver ya estaba tomada la decisión de organizar un festival en el que se le abrieran las puertas a grupos de danzas folclóricas de diversos países.
Como explica Ana Sofía, en las ocho ediciones anteriores han venido grupos y solistas de distintos países, sobre todo del área centroamericana. Este año, durante el festival, que celebrará su novena edición del jueves 31 de julio al 4 de agosto, en La Antigua Guatemala y del 6 al 9 de agosto en la capital, se presentarán delegaciones de Argentina, Perú, Colombia, Costa Rica y México. «Será un espectáculo muy bonito, cada uno de ellos trae distintos números para compartir con el público los diferentes días. Abre Guatemala y cierra Guatemala», detalla.
El 31 se celebrará la inauguración en Hotel Porta de Antigua. El sábado y el domingo, 2 y 3 de agosto, se presentarán en el Parque Central de la Antigua. Posteriormente se realizarán funciones en distintos establecimientos educativos, entre ellos el INVAL. Posteriormente, las delegaciones visitarán Chuwa Nima’ab’aj (Mixco Viejo). En la capital se presentarán en el Instituto Normal Central y en la Escuela Nacional de Educación Física.
Magda Matías, una de las integrantes de la agrupación, señala que el espectáculo se ha pensado para durar aproximadamente una hora con 45 minutos. Sin embargo, en algunos establecimientos educativos, tomando en cuenta la edad de los estudiantes se adapta a menos tiempo.
Entre los logros obtenidos durante las ediciones anteriores se cuentan el haberse presentado en 23 centros educativos, 10 centros culturales, además de haber realizado 21 presentaciones en el Parque Central de la Antigua Guatemala. También han actuado en seis museos, cinco instituciones religiosas y siete hoteles. Han realizado visitas a Alta Verapaz y Sololá.

Los grupos invitados de otros países sirven como marco para mostrar las danzas propias de Guatemala. “La gente se emociona porque ve cómo baila México o Colombia, pero siempre se pregunta ‘¿cómo baila Guatemala?’ y es muy bonito ver su reacción”. Sobre todo, es emocionante para los artistas, cuando jóvenes provenientes de las comunidades donde se practican estos bailes aprueban con su aplauso y comentarios el trabajo que ellos realizan.
El festival se realiza, cada año, en el marco del aniversario de la agrupación que se conmemora el 15 de julio.
Las redes sociales en las que puede encontrarse más información de Grupo de Proyección Folklórica, del festival y de sus diversas actividades son:
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