Contra el frío de Minneapolis, el calor comunitario

Gente común y corriente empezó a entrenarse como “observadores legales”, a organizar patrullas ciudadanas para acompañar a casa a decenas de niños y niñas al regresar de la escuela y a recaudar fondos para los negocios y las familias afectadas.

Paulina Santizo Murúa*

abril 5, 2026 - Actualizado abril 4, 2026

En enero de 2026, los restaurantes de la calle popularmente conocida como Eat Street, un corredor de 17 cuadras que concentra más de 30 negocios locales y espacios culinarios étnicos, comenzaron a cerrar sus puertas. Sus trabajadores dejaron de llegar. En cuestión de días, los ciudadanos de las Twin Cities de Minneapolis y Saint Paul empezaron a activar redes comunitarias de apoyo para llevar víveres a aquellos que dejaron de salir de sus casas. No era la primera vez que la sociedad minnesotana se veía obligada a organizarse. En 2020, a pocas calles de allí, el asesinato de George Floyd había desatado una de las mayores crisis sociales en la historia reciente del país.

Más allá de sus crudos inviernos y su legado como el epicentro de la industria molinera de los siglos XIX y XX, Minnesota es hoy conocida por sus políticas sociales altamente progresistas. Programas como Free School Meals for Kids, que ofrece desayuno y almuerzo gratuitos a todos los estudiantes desde kínder hasta el grado 12 y la eliminación del impuesto sobre las ventas de alimentos y ropa (considerados necesidades básicas) han destacado a esta estrella del norte tradicionalmente azul (i.e., demócrata) en medio de un Midwest rojo (i.e., republicano). A pesar de esto, o tal vez a raíz de ello, Minnesota se ha visto en el centro de las noticias internacionales.

Incidentes de violencia política como el asesinato de la legisladora estatal Melissa Hortman, expresidenta de la Cámara de Representantes, y el tiroteo en la escuela católica de Annunciation, sacudieron al estado 2025. Comenzó el 2026 y de un día a otro esta pequeña esquina del norte se encontraba en todos los noticieros. Un escándalo de fraude a fines de diciembre de 2025, compartido por un YouTuber con conexiones a la administración actual, abrió la caja de pandora e intensificó la presión por parte del gobierno federal.

Según las acusaciones del gobierno, miles de dólares recibidos por medio de programas sociales para la niñez habrían sido desviados por organizaciones somalíes en Minnesota y canalizados para financiar grupos terroristas en el extranjero.

Así fue como, en una ciudad con una de las mayores poblaciones de inmigrantes legales de Somalia (muchos reasentados a finales de los años 90 tras huir de la guerra civil en su país), el gobierno federal lanzó la Operación “Metro Surge” y desplegó alrededor de 3,000 agentes migratorios de ICE , superando en número al departamento de policía de Minneapolis y Saint Paul combinados. Un esfuerzo monumental para un estado en donde los inmigrantes indocumentados representan menos del 2% de la población.

La Operación “Metro Surge” rápidamente fue complementada por la Operación PARRIS (Re-verificación de Refugiados Post-Admisión y Fortalecimiento de la Integridad), la cual “reexaminaría miles de casos de refugiados mediante nuevas verificaciones de antecedentes y la verificación intensiva de solicitudes de refugio”.  Esta operación, enfocándose en las más de 5,000 personas admitidas ya legalmente como refugiadas en Minnesota pero que aún no han recibido el estatus de residente permanente, tenía como objetivo realizar verificaciones de antecedentes, nuevas entrevistas, revisiones de méritos de solicitudes de refugio y remitir casos a ICE.

Gente común y corriente empezó a entrenarse como “observadores legales”, a organizar patrullas ciudadanas para acompañar a casa a decenas de niños y niñas al regresar de la escuela y a recaudar fondos para los negocios y las familias afectadas. Pronto el silbato se convirtió en símbolo de resistencia, siendo utilizado como una forma de respuesta rápida para proteger a las comunidades inmigrantes o advertir a los vecinos de la presencia de agentes migratorios en el área. Cientos de negocios locales empezaron a colgar rótulos de “ICE OUT” en sus vitrinas y a recibir donaciones comunitarias para armar despensas y entregarlas a quienes, como los trabajadores de Eat Street, habían dejado de salir.

Foto: Ellen Schmidt/MinnPost/CatchLight Local/Report for America
Foto: AP/ Ryan Murphy

Esta tensión y las acciones de ambas operaciones comenzaron sintiéndose especialmente dirigidas a la comunidad migrante. Aquellos que contaban con ciudadanía estadounidense se sentían protegidos y en una situación privilegiada para ayudar a sus vecinos vulnerables.

Todo cambió con el asesinato de Renée Good y Alex Pretti.

Foto: Nicole Neri/Minnesota Reformer

Ambos asesinados en las calles de Minneapolis a plena luz del día. Ambos eran ciudadanos estadounidenses, hoy símbolos en la defensa de los migrantes en Estados Unidos. Ambos víctimas de la violencia en medio de operativos migratorios. Ya no eran los inmigrantes indocumentados los únicos vulnerables; ahora podía ser cualquier persona. Este triste suceso desató una cadena de protestas masivas en todo el país, pero especialmente en las ciudades gemelas. Así, el 23 de enero, más de 700 negocios cerraron, uniéndose a un paro general y a una protesta en Minneapolis que congregó a más de 50,000 personas en temperaturas de hasta -35 grados centígrados.

La alta presión ciudadana y las negociaciones del gobernador demócrata Tim Waltz,quien fue el candidato a vicepresidente de Kamala Harris en las últimas elecciones, junto a los alcaldes locales, lograron desescalar la presencia federal en el estado. Sin embargo, se estima que la ciudad de Minneapolis sufrió un impacto económico de al menos $203.1 millones de dólares.

Este miedo ha tenido un chilling effect (efecto paralizador) en la comunidad internacional de las ciudades gemelas, sin importar el estatus migratorio o la nacionalidad. Lo que comenzó con un miedo a las autoridades federales, ahora permeó a autolimitarse en otras libertades y derechos, incluyendo la libertad académica, de prensa y expresión. Como estudiante guatemalteca, la tensión y el miedo todavía se  respira en cada esquina. Los y las profesores comenzaron sus clases este semestre discutiendo sobre el protocolo que se llevaría a cabo en caso que agentes de migratorios entrasen al salón.

El campus de la Universidad de Minnesota – Twin Cities, por donde se mueven más de 50,000 estudiantes todos los días, incluyéndome a mí, cerró sus puertas y echó llave a sus edificios. Todas las facultades, bibliotecas y salones de clases otorgaron acceso únicamente a quienes tenían carnet universitario. Ahora, camino en los pasillos de la universidad donde hay colgados carteles que especifican que es un espacio privado, es decir, no cualquier persona puede entrar. Las organizaciones estudiantiles comenzaron a realizar sesiones informativas de know your rights (conoce sus derechos) y a organizar entrenamientos, dirigidos a estudiantes internacionales, personas indocumentadas y ciudadanos estadounidenses, sobre qué hacer en caso de un encuentro con agentes migratorios.

Este duradero efecto  de las redes locales de apoyo mutuo me han demostrado, que aunque el invierno dure seis meses en Minnesota, la comunidad es tan fuerte que no deja que cale el frío, ni el hielo.

Foto: Zaydee Sanchez/NPR

*Paulina Santizo Murúa es una guatemalteca que estudia una maestría en la Universidad de Minnesota, con una beca Fulbright.

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