Adolfo Méndez Vides, Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 2025: «Yo no escribo para convencer de nada a nadie»

Carlos López*

enero 21, 2026 - Actualizado enero 21, 2026

Adolfo Méndez Vides, Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 2025. Foto: María Inés Méndez-Vides Schlesinger

Poeta, novelista, cuentista, periodista, ensayista, pertenece a la generación de escritores de la diáspora que optó por salir de Guatemala en los años 80 debido a la escalada de violencia durante los años álgidos del conflicto armado interno. Residió en Nueva York y Nuevo México, y anduvo viajando y trabajando en México, Londres, Caracas, Río de Janeiro y Centroamérica, dedicado a diversos oficios (desde encuestador hasta creativo de publicidad). Retornó a Guatemala en 1985. Sus primeros libros publicados en edición de autor fueron de poemas; al primero lo bautizó con un nombre muy guatemalteco, Casaca.

Durante quince años consecutivos estuvo nominado al Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias, reconocimiento muy merecido que por fin le llegó en las postrimerías de 2025.

Antes había sido distinguido con los siguientes palmarés: el Premio Latinoamericano de Novela Nueva Nicaragua, en 1986, con Las catacumbas (el jurado compuesto por Osvaldo Soriano, Nélida Piñón y Augusto Monterroso en el acta de dictaminación asentó que la novela «se distingue por su originalidad, por su sólida estructura y por la belleza de su estilo. Méndez Vides tiende una mirada irónica y compasiva sobre sus personajes, sumergidos en la marginalidad de la miseria»), y el Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo, en 1997, con Las murallas (jurado: Mario Monteforte Toledo, Carlos Montemayor, Rubén Nájera; Monteforte dijo sobre esta novela que «enriquece el temario, el contenido y el estilo de la narrativa en Guatemala con la credibilidad que da la madurez en el oficio y la sagrada maña de un buen narrador. […] El desarrollo de las narraciones de Méndez Vides es fluido, espontáneo y extenso, como los movimientos sinfónicos de Malher. A menudo se nota cuándo las ideas se saltan las murallas y vuelan hacia donde les da la gana. El lenguaje es muy contemporáneo, seco y preciso; definitivamente, Méndez Vides no es un escritor barroco y además posee la conciencia de diferenciar el lenguaje de la prosa del de la poesía, algo importante y aspiración justa de tanta buena narrativa actual»). Por el libro Cuerpos árboles le otorgaron en Guatemala, en 2020, el Premio 15 de Septiembre y, por Diccionario, el Premio Juegos Florales de Quetzaltenango, en 1994 (jurado: Alfonso Chasse, Guillermo Fernández, Sebastián Vaquerano). La Editorial Cultura creó en su honor la colección de poesía Méndez Vides. Además, en 2001, la Municipalidad de Antigua Guatemala lo distinguió con la Orden Rafael Landívar, máxima condecoración que otorga dicha institución; en 1994 recibió la Orden de Honor de la Legión de Santiago de los Caballeros. Durante 25 años ha publicado alrededor de 2,500 artículos en El Periódico, La Hora, eP Investiga y en diversas revistas. Del escritor laureado con el máximo premio literario de Guatemala son las siguientes respuestas.

¿Qué representa para vos el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias?

Es el reconocimiento que Guatemala brinda a los autores que han dedicado la vida a la literatura, y dejado algún legado, para exponerlos y gratificarlos.  Es una práctica común en los países de habla española, como España, Chile o Costa Rica. En Guatemala es relativamente reciente, recuerdo que el primero en recibirlo fue Luis Alfredo Arango y después se eligió a nuestras figuras destacadas del siglo XX, como Carlos Solórzano o Mario Monteforte Toledo, y después han seguido con los contemporáneos distinguidos…. Significa el reconocimiento del país a sus autores en vida, por lo que han escrito.

¿Y para la literatura guatemalteca?

Para la literatura nacional no creo que añada nada, porque la obra surge antes, con independencia del reconocimiento al autor. El beneficio es para los escritores, porque se dignifica el esfuerzo voluntario, y se confirma estatalmente su existencia.

¿Qué sigue después de este reconocimiento que llegó después de 15 años de habértelo negado de manera sistemática?

Yo continúo escribiendo como siempre. Agradecido con las instituciones, editoriales, librerías y amigos que me propusieron. Si tu país te reconoce es grato, motivo de alegría, pero ese no es el propósito de la creación literaria. 

¿Es la fama una de tus metas?

Eso es un asunto incierto. Uno espera que los lectores encuentren sorpresas en lo que escribimos, que les interese, que se suceda el entendimiento y la trascendencia, y entonces el número de lectores aumentará. Si lo inventado gusta, habrá interesados.  Leer nuestros libros no es obligación o no debiera. Se trata de impactar y esperar la reacción.  

¿Alguna vez escribiste con la mira puesta en obtener premios con tu trabajo?

No, en los concursos que he ganado ha sido porque cuando se anunció el mismo yo ya tenía la obra terminada y probé suerte. Los premios significan un ingreso económico, la publicación y algún alcance, porque las ediciones tienden a ser más numerosas, como cuando gané el Premio Latinoamericano de Novela Nueva Nicaragua con Las catacumbas, porque se publicaron diez mil ejemplares, cuando por lo general los tirajes son más moderados.

Tu trabajo abarca todos los géneros literarios, excepto teatro, ¿dónde te sentís más a gusto?

Al principio también probé el teatro, escribí dos obras que se montaron: Horas amargas pensando en el Yangtzé y Sic. Fue una experiencia grata entonces, la alegría de compartir en grupo, salimos de gira por el interior del país. Pero más adelante opté por la narrativa, y me dediqué a escribir cuentos y novelas. Eso es lo que hoy prefiero y a lo que más tiempo dedico. Pero no estoy cerrado a ninguna ocurrencia que pudiera surgir.

¿Creés que la literatura sirve para algo?

Así como servir, por utilidad como las herramientas, no. Yo no escribo para convencer de nada a nadie, sólo exploro los linderos de la condición humana. Aunque si alguien toma uno de mis libros y al leer siente algo, pues habrá servido para sentirse vivo, y eso podría ser considerado utilidad. Pero, aceptémoslo, la gente puede continuar su vida sin leernos. La literatura es tremenda, para algunas personas aporta algo y es innecesaria para el resto. Basta con tener un lector entusiasta para que uno sienta que valió la pena la ilusión.

¿Existe la literatura comprometida, la tuya encaja dentro de esta etiqueta?

No. Yo no moralizo ni pretendo poseer alguna verdad, y mucho menos utilizar vanidosamente la creación para dirigir a la humanidad, ni retratar la realidad, que por sí misma se impone. A mí me seduce la idea de explorar la condición humana, en cuanto tiene de universal y fuera de los límites del tiempo y espacio. Escarbo en la vida, en cuanto tiene de prodigiosa y absurda la aventura humana.  

Tus pares consideran que tu narrativa es original, polisémica, totalizadora, magistral, anticanónica. ¿Qué se siente tener este reconocimiento?

No he escuchado tales cosas. De lo que me enorgullezco es que he recibido ayuda espontánea de autores importantes, como Augusto Monterroso o Mario Monteforte Toledo, quienes, sin que yo se los pidiera, me impulsaron y aseguraron se me publicara en México, uno de cuento y otro de novela. Pero como me dijo Monterroso al recibir el primer ejemplar impreso de mi libro de cuentos: «Yo ya hice lo que pude, lo demás es tu suerte, puede que suceda algo o no». Han sido buenos espaldarazos, porque creyeron en mí o encontraron en mis libros algo que los animó a ser generosos. Lo demás es incontrolable.

¿Cómo ves el panorama literario de América Latina?

En un gran momento, hay muchos escritores nuevos en Latinoamérica, están explorando nuevas rutas. El camino resulta inagotable.

En tu caso, ¿lo mejor está por venir?

Eso espero. Ya está en edición un nuevo libro que vendrá a Guatemala a mediados de año, y trabajo en la segunda versión de una novela voluminosa. En la literatura no existe el dicho del futbol de que la acción cuenta hasta el último segundo, porque lo nuestro puede suceder aun después de nuestro tiempo.

El Diario de Centroamérica publica hoy el Acuerdo Ministerial 39-2026 en el que se anuncia el Premio Nacional de Literatura a Adolfo Méndez Vides.

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*Carlos Humberto López Barrios (San Marcos, 1954) obtuvo el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias en 2012. Es fundador y director de la editorial Praxis que opera desde México. Miembro de la Academia Guatemalteca de la Lengua.

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