Primero de Mayo: Día Internacional de los Trabajadores y Trabajadoras

Sylvia Castellanos-Flynn

abril 25, 2025 - Actualizado abril 24, 2025
Sylvia Castellanos-Flynn

Mientras que la Primera Revolución Industrial, que tuvo lugar en el siglo XVIII, favoreció política y económicamente al sector de inversión de capital burgués en Europa, la Segunda Revolución Industrial, en el siglo XIX, lo hizo con el sistema financiero capitalista de los Estados Unidos, lo cual permitió la acumulación de riqueza en pocas manos, así como el fortalecimiento de los sectores bancario, comercial e industrial. Dichas revoluciones establecieron duras condiciones de trabajo para los obreros y campesinos pobres. Estos eran sometidos a largas jornadas laborales por salarios de hambre, con el fin de garantizar la alta demanda de bienes industriales.

En este escenario de explotación y precariedad, surgió el movimiento obrero en los Estados Unidos, el cual logró organizar enérgicas protestas contra los abusos a la clase trabajadora. Destaca la huelga organizada el primero de mayo de 1886 en Chicago: más de 200,000 personas se manifestaron para exigir la jornada laboral de 8 horas (una demanda significativa cuando la rutina laboral era de 12 a 16 horas diarias). Las protestas se prolongaron varios días, alcanzando su punto álgido el cuatro de mayo, cuando tuvo lugar la revuelta de Haymarket, ocasión en la cual se arrojó una bomba. La policía reprimió las protestas, dejando un saldo de muchos muertos y heridos. El subsiguiente proceso judicial, que culminó con el ahorcamiento de cuatro obreros, un suicidio y tres condenados a prisión, fue cuestionado en 1893 por el entonces gobernador de Illinois, John Peter Altgeld, quien otorgó el perdón absoluto a los sentenciados. Las víctimas de este proceso han pasado a la historia como los Mártires de Chicago.

La lucha de Chicago ha dejado muchas lecciones para los movimientos sociales. Puede destacarse, en esta dirección, el carácter orgánico de las luchas sociales. Cabe recordar que muchos de los que participaron en dichas protestas eran inmigrantes y descendientes de inmigrantes, un buen número de ellos alemanes. Este dato pone de relieve, por un lado, las diversas contribuciones que suelen traer los migrantes a las sociedades que los reciben. Por otro lado, subraya que las luchas sociales se enriquecen cuando se articulan los grupos oprimidos: la lucha social no debe ser excluyente, sino que debe convocar a quienes aspiran a una sociedad más justa. Como era de esperar, la gesta de los trabajadores de Chicago trajo consigo el incremento del rechazo hacia los migrantes de ese entonces.

Asimismo, esta conmemoración subraya una lección que nunca debe olvidarse: la humanización del trabajo en el sistema capitalista nunca ha sido el resultado de la generosidad del poder económico, sino el fruto de la lucha por acceder a condiciones de vida dignas. El primero de mayo recalca la importancia de participar en los movimientos sociales que buscan un porvenir digno e inclusivo. Estos movimientos se nutren de la memoria de aquellos que ofrendaron su vida por la justicia social. Honrar la memoria de los mártires de la gesta de Chicago exige mencionar sus nombres: George Engel, Samuel Fielden, Louis Lingg, Adolf Fischer, Albert Parsons, August Spies, Michael Schwab y Oscar Neebe.

Fue la Segunda Internacional la que, en 1889, estableció el Primero de Mayo como el Día Internacional del Trabajador. Paradójicamente, esta fecha no se celebra como tal en los Estados Unidos; allí, el Día del Trabajo se conmemora el primer lunes de septiembre. La razón es que el presidente Grover Cleveland no quería reconocer la relevancia del socialismo en la lucha por la dignidad de las trabajadoras y los trabajadores norteamericanos. En efecto, fueron pensadores como Karl Marx y Friedrich Engels quienes organizaron el verdadero movimiento de los obreros. Este hecho muestra que la memoria tiene un significado político. Las efemérides marcan un punto de inflexión en la historia de una sociedad y enfatizan las tareas pendientes y continuas de la respectiva colectividad.

La actual precarización del trabajo en todo el mundo debe recordarnos que la lucha por la dignidad de esta actividad es una lucha constante. Es indispensable reconocer que el trabajo digno es un derecho que va desapareciendo en el mundo contemporáneo, como lo demuestra la flexibilización del empleo en una economía que busca descansar en la automatización de las tareas que reproducen la sociedad humana. No es posible tolerar el atropello de los derechos laborales que supone la uberización del trabajo; no puede aceptarse que los trabajadores migrantes sean condenados a una vida laboral sin las garantías fundamentales. El reconocimiento y la concientización de la sociedad son indispensables. Por lo tanto, conmemorar el Día Internacional de las Trabajadoras y los Trabajadores debe convertirse en un ejercicio de reflexión sobre los rostros de la injusticia en un mundo que experimenta regresiones en el reconocimiento de la dignidad humana.

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