¡No a las ideologías en estas elecciones de segundo grado!

Mariana Rohrmoser

enero 13, 2026 - Actualizado enero 12, 2026
Mariana Rohrmoser

Este martes 13 de enero de 2026 no es una fecha cualquiera para el gremio de abogados ni para el país. ¡Hoy hay que ir a votar!

Esta no se trata de una elección más ni de un simple ejercicio corporativo. Está en juego algo mucho más profundo: la coherencia ética de nuestra profesión y la responsabilidad histórica que tenemos frente al país.

En esta ocasión estamos llamados a actuar y dejar por un lado las discusiones bizantinas y poco profundas que sólo pretenden dividir y finalmente mantener un sistema corrupto que poco ayuda al progreso y al desarrollo de este país.

Hoy se decidirá qué agremiados por parte del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala – CANG – estarán conformando las comisiones de postulación para elegir Magistrados al Tribunal Supremo Electoral – TSE –

En este sentido y haciendo un llamado a todos los agremiados honestos y honorables de este país, elegir cuál es la mejor planilla y en qué términos, no debiese representar una gran tarea, pues de sobra se sabe qué opción es la que podría llenar los requisitos que se buscan para tremenda responsabilidad.

Votar por la planilla que no está vinculada a esa estructura que ha frenado la transparencia y opera para el crimen organizado es lo lógico y lo más sensato, si es que realmente se está del lado correcto de la historia. Esta sería la planilla número cuatro.

Por ello, hoy se hace un llamado claro y contundente para hacer entender tanto a los abogados y notarios y demás profesionales de las carreras afines que puedan votar y a la ciudadanía en general, que la discusión ideológica en torno a todos estos procesos electorales, a la que se le pretende imputar a determinadas agrupaciones, así como a determinados agremiados que buscan la participación en las comisiones de postulación para el ejercicio transparente y en contra de las estructuras mafiosas que aún pretenden apoderarse del sistema electoral, judicial, investigativo y demás, resulta estéril y con claros fines de desviar la atención a lo verdaderamente esencial, que es: la capacidad, la idoneidad y la honorabilidad de quienes aspiran a representarnos y a incidir en espacios clave para la institucionalidad democrática.

Durante años, las narrativas ideológicas han sido utilizadas como cortinas de humo.

Cuando no existen razones técnicas, trayectorias limpias o credenciales éticas suficientes, se recurre a la ideología para justificar lo injustificable, para solapar verdades incómodas y para comprometer, de forma peligrosa, la independencia de las instituciones.

El gremio jurídico no ha sido ajeno a esta práctica.

Por ello, se invita a observar con detenimiento quiénes respaldan a una planilla y a la otra. Los apoyos no son casuales ni inocentes. Revelan intereses, alianzas y, en muchos casos, una clara intención de perpetuar esquemas que han debilitado la justicia, erosionado la confianza ciudadana y desestabilizado al país.

Es clara la afinidad que existe de parte de muchos integrantes de la planilla contraria a la cuatro, con operadores no idóneos, con jueces cuya independencia ha sido cuestionada y con estructuras vinculadas al Ministerio Público que, en sí, han perdido legitimidad, credibilidad y prestigio.

Hoy el escenario es claro. Existen dos opciones, y aunque ninguna es perfecta, sí hay una diferencia sustancial entre quienes buscan mantener privilegios y narrativas desgastadas y quienes, aún sin prometer soluciones absolutas, sostienen como eje central los principios de honorabilidad, objetividad e independencia.

Pretender seguir evaluando estas elecciones desde trincheras ideológicas es no haber aprendido nada y querer tapar el sol con un dedo. La justicia no puede ni debe responder a banderas políticas, ni mucho menos a afinidades oficiales.

Debe responder a la ley, a la ética y al compromiso con el Estado de Derecho. Eso es lo que debe aclarar nuestra mente y en consecuencia guiar nuestro voto.

Los abogados y profesionales de las carreras afines tenemos una responsabilidad adicional: comprender que las decisiones que tomamos hoy, impactan directamente en la conformación de órganos de trascendental importancia.

Si aspiramos a elecciones generales verdaderamente independientes y a instituciones que no estén capturadas, debemos actuar con sensatez ahora.

Si en la planilla 5 convergen las fuerzas que han contribuido a la desestabilización institucional -operadores del Ministerio Público, jueces y autoridades académicas que han dejado más dudas que certezas- entonces resulta legítimo afirmar que la planilla 4, en el contexto actual, representa la opción que mejor se alinea con las necesidades de transparencia, independencia y mínima coherencia ética que el país exige.

En conclusión, hoy no es momento de apatía ni de neutralidad cómoda. Es momento de votar con conciencia, con criterio y con responsabilidad gremial. Dejar de lado ideologías dañinas y absurdas no es renunciar a convicciones; es honrar la esencia misma del derecho y la función social que juramos defender.

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